
Las personas con la enfermedad de Párkinson experimentan dificultades para disfrutar olores agradables, a pesar de reconocer su intensidad igual que quienes no tienen la enfermedad. Un reciente informe de New Scientist indica que este hallazgo podría facilitar un diagnóstico temprano y no invasivo del párkinson, históricamente complejo y prolongado.
El párkinson puede afectar el sentido del olfato varios años antes del inicio de los síntomas motores, como los temblores. La incapacidad de disfrutar aromas placenteros aparece en una fase inicial y podría distinguir casos en riesgo, allanando el camino hacia estrategias de prevención y alerta médica más efectivas.
El equipo dirigido por Noam Sobel del Weizmann Institute of Science en Rehovot, Israel, analizó a 94 personas: 33 diagnosticadas con párkinson, 33 sanas y 28 con pérdida de olfato no relacionada con la enfermedad. Los participantes realizaron pruebas estándar y también un test innovador llamado “huella perceptual olfativa” desarrollado por el grupo israelí.
Un nuevo método para diferenciar la pérdida de olfato
La “huella perceptual olfativa” consiste en probar tres frascos. Uno contenía citral, con olor a limón; el segundo, compuestos aromáticos de fuerte olor fecal; el tercero estaba vacío. Los participantes calificaron la intensidad y el agrado de cada olor, permitiendo distinguir si la pérdida olfativa estaba vinculada o no al párkinson.

Las pruebas tradicionales identificaron el deterioro del sentido del olfato, pero solo la huella perceptual logró diferenciar a quienes tenían o no párkinson, a pesar de presentar pérdida olfativa, con una precisión del 88 %. El porcentaje aumentó a 94 % al ajustar los grupos por edad y sexo.
El grupo con párkinson detectó el aroma cítrico igual que el grupo sano y con mayor intensidad que quienes tenían una pérdida de olfato no relacionada. Sin embargo, ambos grupos con pérdida olfativa valoraron menos el agrado del limón en comparación con las personas sanas.
Además, las personas con párkinson olfatearon casi un 2 % más de tiempo el olor desagradable que el limón, mientras que los otros grupos redujeron ese tiempo en un 11-12 %. Este patrón no se apreciaba en el resto de participantes.
Aplicaciones en el diagnóstico del párkinson
Este hallazgo introduce una herramienta simple y útil para distinguir la pérdida de olfato debida al envejecimiento de la asociada al párkinson, según analizó New Scientist. Tradicionalmente, la disminución de la sensibilidad olfativa era un indicador temprano, pero no diferenciaba el origen del problema.

La incorporación de la “huella perceptual olfativa”, destaca New Scientist, supone un avance respecto a los cuestionarios clásicos: identificar la reducción en el disfrute de aromas agradables podría señalar el párkinson antes de que surjan los síntomas motores.
De acuerdo con Sobel y su equipo, en el párkinson el sistema olfativo en la nariz percibe los olores normalmente, pero el cerebro procesa los estímulos de modo alterado. Cambios en regiones cerebrales como el núcleo olfatorio anterior —donde se anticipa un deterioro en la enfermedad— explicarían la disminución del placer ante aromas agradables.
Desafíos y futuro de la investigación olfativa en párkinson
Especialistas consultados por New Scientist resaltan la relevancia de distinguir clínicamente la pérdida de olfato. Michał Pieniak, de la Smell & Taste Clinic en Dresde, Alemania, indica que de cada diez personas que buscan ayuda por pérdida de olfato sin causa aparente, alrededor de una desarrollará párkinson.
“Todo lo que acerque a identificar el riesgo personal sería muy útil”, remarca Pieniak, citado por New Scientist. Este enfoque podría impactar en la prevención y el seguimiento precoz de la enfermedad.

Sin embargo, Charles Greer, de la Yale School of Medicine en Estados Unidos, advierte que el método debe validarse en grupos más amplios y durante un periodo prolongado. El deterioro del sentido del olfato puede anteceder en muchos años a los síntomas motores del párkinson. “Puede llevar tiempo validar este enfoque”, señala Greer en declaraciones recogidas por New Scientist.
Por tanto, el tamaño reducido de la muestra y la falta de seguimiento a largo plazo son considerados desafíos clave para futuras investigaciones. Los resultados deberán confirmarse en ensayos clínicos más extensos y diversos.
Cómo el párkinson cambia la percepción del mundo
Más allá de los datos objetivos, la investigación sugiere que el párkinson transforma la relación sensorial de las personas con su entorno. Quienes padecen la enfermedad experimentan los aromas cotidianos de manera distinta, lo que incide en la calidad de vida y la percepción del bienestar.
El estudio difundido por New Scientist plantea que el sentido del olfato altera los recuerdos y el confort diario de los pacientes. Comprender estos primeros cambios puede representar la oportunidad de mejorar la atención y el pronóstico en quienes afrontan esta enfermedad neurodegenerativa.
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