
El hígado graso es una condición cada vez más frecuente, caracterizada por la acumulación de grasa en las células hepáticas y, en muchos casos, por la ausencia de síntomas evidentes. Según especialistas de la Cleveland Clinic, la detección temprana y cambios en el estilo de vida son clave para prevenir complicaciones graves.
Aproximadamente el 75% de las personas con sobrepeso y el 90% de quienes padecen obesidad grave pueden desarrollar hígado graso, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH). La mayoría de quienes tienen esta enfermedad desconocen su diagnóstico, ya que los síntomas suelen aparecer en fases avanzadas.
¿Qué es el hígado graso y cuáles son sus causas principales?

El hígado graso, conocido médicamente como esteatosis hepática, es una condición en la que se acumula grasa en las células del hígado. Puede tener origen alcohólico o no alcohólico, siendo este último el más común actualmente, especialmente vinculado a la obesidad, la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico.
Así lo explicó la licenciada Natalia Antar, nutricionista del Hospital Británico y de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (LALCEC) en una nota a Infobae.
Factores como el consumo excesivo de alcohol, la diabetes tipo 2, la hipertensión, anormalidades lipídicas y ciertos medicamentos también elevan el riesgo de desarrollar esta enfermedad. El cambio de nombre a “enfermedad hepática esteatótica” busca reflejar mejor los factores causales y evitar estigmatizaciones, según la Cleveland Clinic.
Ante la consulta de Infobae, Marianela Aguirre Ackermann, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición, señaló que mejorar la calidad de la alimentación con alimentos vegetales y limitando los azúcares añadidos y productos altamente procesados, es clave para la salud hepática. Además, destacó que una reducción moderada de peso puede disminuir la grasa acumulada en el hígado y mejorar la inflamación.
Cuáles son los síntomas del hígado graso

La mayoría de los casos de hígado graso son asintomáticos. Cuando se manifiestan síntomas, estos pueden ser muy inespecíficos: fatiga extrema, malestar o plenitud en la parte superior derecha del abdomen, debilidad y, en etapas avanzadas, náuseas, pérdida de apetito, pérdida de peso, coloración amarillenta de la piel o los ojos (ictericia), hinchazón abdominal y en las piernas, y confusión.
“La mayoría de las personas que podrían estar desarrollando cirrosis ni siquiera lo saben”, afirmó Rohit Loomba, jefe de gastroenterología y hepatología del hospital UC San D en declaraciones a The New York Times. En la misma línea, señaló que “hay muchísima gente con enfermedad hepática, y la mayoría no lo sabe”.
Es importante conocer la enfermedad para que las personas puedan hacerse la prueba con sus médicos”, señaló el doctor Matt Cave, hepatólogo de la Universidad de Louisville en el NIH.
Cómo se diagnostica el hígado graso y cuáles son sus complicaciones

La detección suele realizarse mediante análisis de sangre que revelan niveles elevados de enzimas hepáticas, estudios por imágenes como ecografía o tomografía computarizada, y, en casos específicos, biopsia.
La enfermedad puede progresar a estadios más graves: hepatitis, fibrosis, cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer de hígado.
“En la mayoría de las personas, la enfermedad del hígado graso no causa síntomas. En casos más avanzados, a veces se observan dolor o plenitud abdominal, náuseas, pérdida de apetito y de peso, debilidad, ictericia, hinchazón y cansancio extremo”, detallaron expertos de la Cleveland Clinic.
Qué alimentos hay que evitar si se tiene hígado graso

El tratamiento del hígado graso se basa en cambios en el estilo de vida y, especialmente, en la alimentación. Existen algunos alimentos que, según los especialistas, deben evitarse para prevenir el avance de la enfermedad:
- Alimentos ultraprocesados: Un consumo elevado de comida rápida y productos industrializados está asociado a mayor riesgo de hígado graso, especialmente en personas con diabetes tipo 2 u obesidad.
- Grasas saturadas y trans: “Los embutidos, fiambres, productos de panadería industrial y comidas rápidas promueven inflamación y disfunción hepática”, señaló Antar.
- Azúcares simples y fructosa: Presentes en refrescos, bebidas deportivas, té endulzado, jugos y snacks. El jarabe de maíz de alta fructosa es especialmente perjudicial. Desde la Universidad de Harvard recomendaron “leer atentamente las etiquetas para conocer los azúcares añadidos, como el jarabe de maíz, la dextrosa, la miel y el agave”.
- Alcohol: “Incluso en pequeñas cantidades puede agravar la enfermedad hepática, aunque el hígado graso no alcohólico no se origine por su consumo”, advirtió Antar. Según la Universidad de Harvard, “simplemente, no se sabe qué cantidad de alcohol es segura para quienes padecen enfermedad del hígado graso; incluso el consumo social de alcohol puede ser excesivo”.
- Harinas refinadas y exceso de carbohidratos simples: “Los panes blancos, galletitas, pastas no integrales elevan la glucemia e insulina, favoreciendo la acumulación de grasa en el hígado”, explicó la nutricionista.
Qué dieta recomiendan los especialistas para el hígado graso

La alimentación es un pilar fundamental en el tratamiento del hígado graso asociado a disfunción metabólica.
“Mejorar la calidad de la alimentación, priorizando verduras, frutas, legumbres, granos integrales, pescado, aceite de oliva y reduciendo azúcares añadidos, bebidas azucaradas y productos altamente procesados, es clave para la salud hepática”, destacó Aguirre Ackermann consultada por Infobae.
La evidencia científica respalda la dieta mediterránea y el consumo de alimentos frescos y naturales como medida preventiva y terapéutica. Se recomienda priorizar:
- Vegetales, frutas enteras, legumbres y cereales integrales
- Frutos secos y semillas
- Aceite de oliva virgen extra como principal fuente de grasa
- Pescados grasos (salmón, sardinas, caballa) ricos en omega 3
- Reducción de carnes rojas, productos ultraprocesados y azúcares añadidos
“El tratamiento más efectivo contra el hígado graso es un cambio en el estilo de vida”, sostienen desde el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH). “La evidencia apoya fuertemente un plan de estilo mediterráneo, adaptado a la cultura local”, indicó la licenciada Antar.
Cuando existe sobrepeso u obesidad, incluso una reducción moderada de peso (alrededor del 5–10%) puede disminuir la grasa acumulada en el hígado y mejorar la inflamación hepática”, agregó Aguirre Ackermann.
¿Qué bebidas y alimentos pueden incluirse o limitarse?

La inclusión de ciertos alimentos y bebidas puede formar parte de una dieta saludable para el hígado graso:
- Huevo: Puede consumirse a diario. “El mito de que el huevo daña el hígado proviene de décadas pasadas y no tiene respaldo actual. El huevo es rico en colina, un nutriente esencial para el metabolismo de las grasas hepáticas y puede incluso tener un rol protector”, afirmó Antar.
- Café: “El consumo regular de 2 tazas al día se asocia con menor fibrosis hepática y menor progresión del daño hepático en personas con hígado graso”, señaló la nutricionista.
- Té verde y mate: Sus polifenoles tienen efecto antioxidante y hepatoprotector. El mate, sin azúcar y en cantidades moderadas, no está contraindicado salvo que existan problemas digestivos o de sueño.
Qué opciones de tratamiento existen más allá de la alimentación

Además de la alimentación, los tratamientos actuales que logran pérdida de peso también pueden mejorar la esteatosis hepática. “Esto incluye fármacos para el tratamiento de la obesidad y la cirugía bariátrica. En ensayos clínicos recientes, como el estudio ESSENCE con semaglutida, se observó una resolución de la esteatohepatitis sin empeoramiento de la fibrosis en aproximadamente 63% de los pacientes tratados, frente a cerca del 34% con placebo”, detalló Aguirre Ackermann.
“En el caso de la cirugía bariátrica, distintos estudios mostraron que la reducción de peso sostenida puede producir mejoría significativa de la grasa hepática e incluso resolución de la esteatohepatitis en una proporción elevada de pacientes, reflejando el fuerte vínculo entre obesidad, metabolismo y salud del hígado”, señaló la experta.
“En ese sentido, hoy el hígado graso se entiende dentro del abordaje integral de la enfermedad metabólica, donde la alimentación es central, pero pueden sumarse otras herramientas terapéuticas cuando están indicadas”, concluyó la médica nutricionista.
Recomendaciones finales de prevención y consulta médica

Los especialistas coinciden en que mantener un peso saludable, realizar actividad física regular y controlar afecciones asociadas como la diabetes tipo 2 son medidas fundamentales para prevenir y tratar el hígado graso. Además, se recomienda la consulta periódica con un profesional de la salud ante cualquier síntoma o duda.
“Considere la enfermedad hepática esteatósica como una señal de alerta que puede ayudarle a tomar medidas para evitar una afección hepática mortal como la cirrosis o el cáncer de hígado”, concluyeron desde la Cleveland Clinic.
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