
En un experimento pionero, un equipo internacional de investigadores demostró que los bonobos, también llamados chimpancés pigmeos, pueden imaginar objetos y situaciones inexistentes, una capacidad hasta ahora atribuida exclusivamente a los humanos.
El estudio, publicado en la revista Science y coordinado por Christopher Krupenye, científico cognitivo de la Universidad Johns Hopkins, junto a Amalia Bastos, de la Universidad de St. Andrews, desafía los límites tradicionales entre la cognición humana y animal.
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El protagonista del experimento fue Kanzi, un bonobo macho residente en la Iniciativa Simio de Des Moines, Iowa, conocido en la comunidad científica por su comprensión del inglés hablado.
Los investigadores adaptaron pruebas clásicas de la psicología infantil —históricamente aplicadas solo a niños— para evaluar una capacidad poco explorada en animales. En el experimento central, el bonobo observó cómo un investigador simulaba “verter” jugo en dos vasos y luego transferir el contenido de uno a una jarra vacía.
Al preguntarle cuál de los vasos conservaba el jugo imaginario, eligió correctamente con una frecuencia superior al azar. Para los científicos, este resultado es clave: demuestra que puede sostener representaciones mentales de situaciones ficticias, una habilidad asociada al pensamiento simbólico.
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Cómo se demostró la imaginación en los bonobos
El equipo amplió la investigación con dos pruebas adicionales para descartar explicaciones alternativas. En una de ellas, Kanzi debía diferenciar entre un vaso con jugo real y otro con jugo imaginario, seleccionando sistemáticamente el real cuando se le preguntaba.
En la tercera prueba, los investigadores reemplazaron el jugo por uvas imaginarias, que se “trasladaban” entre cuencos. En más de la mitad de los ensayos, Kanzi identificó correctamente la ubicación de las uvas imaginarias, un resultado que, según la revista Science, refuerza la hipótesis de que los bonobos pueden manejar conceptos abstractos y distinguir entre lo real y lo simulado.
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Los métodos empleados fueron rigurosos y buscaron emular experimentos de juego simbólico aplicados a niños pequeños, adaptando los protocolos para evitar el uso de pistas inadvertidas o recompensas que pudieran sesgar la interpretación.

El artículo de The New York Times destaca que los investigadores tuvieron especial cuidado en diseñar los escenarios de modo que el animal no pudiera guiarse por señales externas, sino solo por inferencias mentales.
Joseph Feldblum, antropólogo evolutivo de la Universidad de Duke consultado por The New York Times, valoró los hallazgos como “pruebas claras de la imaginación animal”, señalando que el estudio revela “distintas capas” de procesamiento mental en los simios.
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Para Feldblum, la clave está en el diseño experimental, que permite descartar explicaciones basadas en el azar o en el aprendizaje instrumental simple.
Reacciones internacionales y el debate sobre la cognición animal
La publicación de los resultados fue seguida de reacciones en medios internacionales y entre la comunidad científica. La revista Science subraya que este es el primer experimento controlado que demuestra la capacidad de juego imaginario en simios, un hito en la investigación comparada.
El portal británico Science Media Centre destacó que “la investigación de Kanzi aporta una de las evidencias más sólidas hasta la fecha de representaciones secundarias fuera del ser humano”, una característica que se creía exclusiva del Homo sapiens.
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Martin Surbeck, primatólogo de la Universidad de Harvard que no participó en el estudio, recordó que ya había observado comportamientos similares en bonobos salvajes del Congo, como hembras jóvenes que simulaban cargar un bebé usando un palo. Sin embargo, matiza que este tipo de observaciones, por sí solas, no permiten concluir la existencia de imaginación, y que el valor de este trabajo reside en su control experimental y en la replicabilidad de los resultados.
Miquel Llorente, primatólogo colaborador en investigaciones europeas, sostuvo en Science Media Centre que sería relevante replicar el experimento con otros ejemplares, para determinar si la habilidad es común entre los bonobos o una característica sobresaliente de Kanzi, quien ha sido sujeto de numerosos estudios a lo largo de su vida.
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Implicancias evolutivas y nuevas fronteras en la mente animal
El estudio abre una pregunta clave sobre uno de los rasgos más distintivos de la mente: ¿de dónde surge la imaginación? Lejos de ser exclusiva de los humanos, la capacidad de simular situaciones en la mente podría tener raíces mucho más antiguas.
Según la revista Science, esta habilidad podría remontarse al antepasado común de humanos y bonobos, que vivió hace entre seis y nueve millones de años, lo que redefine el origen evolutivo del pensamiento simbólico.
Los autores sostienen que sus hallazgos desafían la visión tradicional de que solo los humanos pueden anticipar o imaginar situaciones ficticias, y sugieren que la imaginación podría ser una herencia evolutiva compartida entre varias especies de grandes simios.
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Actualmente, los bonobos son una especie en peligro de extinción, limitada a la República Democrática del Congo. Los expertos coinciden en que estos hallazgos refuerzan el valor de su conservación, no solo por su cercanía genética con el ser humano, sino también por la complejidad de sus capacidades cognitivas.
Así, los resultados obtenidos por el equipo de Krupenye y Bastos redefinen las fronteras de la cognición animal y abren nuevas líneas de investigación sobre la mente de los grandes simios, sus antepasados y el origen mismo del pensamiento imaginativo.
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