
La metástasis —el proceso mediante el cual las células cancerosas se diseminan desde el tumor original hacia otros órganos— es la principal causa de muerte en pacientes con cáncer. Comprender cómo estas células logran sobrevivir en el organismo es uno de los mayores desafíos de la investigación oncológica.
Ahora, un equipo del Instituto Oncológico Dana-Farber, en colaboración con otros centros de investigación, identificó un mecanismo que permite a ciertas células del cáncer de mama escapar del sistema inmunológico.
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El hallazgo, difundido por la American Association for Cancer Research y publicado en la revista Nature, revela que estas células activan una vía hormonal que las protege cuando abandonan el tumor primario, lo que podría abrir nuevas oportunidades para frenar la metástasis.

El estudio se centró en el cáncer de mama triple negativo, una de las formas más agresivas de la enfermedad. En este tipo de tumores, las células cancerosas carecen de tres receptores hormonales comunes que suelen utilizarse como blanco terapéutico, lo que limita las opciones de tratamiento.
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Las células que inician la metástasis
Cuando un tumor comienza a expandirse, algunas células pueden desprenderse y viajar por el torrente sanguíneo o el sistema linfático. Estas células tumorales diseminadas pueden instalarse en órganos como el pulmón, el hígado o el cerebro.
Este proceso puede compararse con semillas que se dispersan desde una planta. La mayoría no logra sobrevivir, pero unas pocas encuentran el ambiente adecuado para crecer y formar nuevos tumores.
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Según explicó el equipo dirigido por la investigadora Judith Agudo, del Dana-Farber Cancer Institute, estas células tumorales diseminadas son las responsables de iniciar el proceso metastásico cuando logran adaptarse a otros tejidos.

Pero antes de formar tumores secundarios deben superar un obstáculo crucial: el sistema inmunológico.
Cómo las células tumorales logran evadir al sistema inmune
El sistema inmunológico cuenta con células especializadas capaces de detectar y destruir células anormales, incluidas las cancerosas. Entre ellas se encuentran las células T CD8+ y las llamadas células asesinas naturales (NK).
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Estas actúan como una especie de patrulla biológica que recorre el organismo buscando células dañadas o peligrosas para eliminarlas.
El nuevo estudio reveló que algunas células tumorales desarrollan una estrategia para escapar de esa vigilancia.

Los científicos utilizaron técnicas avanzadas de secuenciación genética y un sistema de etiquetado fluorescente que permite rastrear células tumorales dentro del organismo. Gracias a esta metodología pudieron observar cómo reaccionaban frente al ataque del sistema inmune.
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El descubrimiento clave fue que estas células activan el receptor de glucocorticoides, una proteína que responde a hormonas asociadas al estrés.
Cuando este receptor se activa, las células cancerosas reducen la actividad de una molécula llamada Fas, que normalmente funciona como una señal que permite al sistema inmunológico desencadenar la muerte celular.
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En otras palabras, esa señal actúa como una especie de “botón” que permite al organismo eliminar células peligrosas. Al bloquearla, las células tumorales se vuelven mucho más difíciles de destruir.
“Descubrimos un mecanismo novedoso de evasión inmune que funciona específicamente en células tumorales diseminadas”, señaló el equipo del Dana-Farber.
El vínculo con las hormonas del estrés

Los glucocorticoides son hormonas que el organismo produce de forma natural, especialmente en situaciones de estrés. Estas sustancias regulan múltiples funciones del cuerpo, incluida la respuesta del sistema inmunológico.
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Cuando una persona atraviesa situaciones de estrés prolongado, el cuerpo libera mayores cantidades de estas hormonas. Los investigadores señalan que ese aumento puede activar con mayor intensidad el receptor de glucocorticoides en las células tumorales.
Es decir, el estrés puede aumentar las señales hormonales que ayudan a algunas células cancerosas a resistir el ataque de las defensas del organismo. Como consecuencia, se produciría el fenómeno de la metástasis.
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“Si un paciente presenta niveles altos de glucocorticoides, eso incrementa la actividad del receptor y podría aumentar el número de células metastásicas”, señaló Agudo.
El análisis de muestras de pacientes mostró además que una mayor actividad de este receptor se asocia con mayor probabilidad de desarrollar metástasis y con peores resultados clínicos.
Un posible nuevo objetivo terapéutico

El equipo también evaluó si bloquear este mecanismo podía revertir la evasión inmunológica. Para ello utilizaron mifepristona, un medicamento aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA)que actúa como inhibidor del receptor de glucocorticoides.
En modelos experimentales con ratones, el fármaco permitió que el sistema inmunológico reconociera y eliminara con mayor eficacia las células tumorales diseminadas.
Cuando la mifepristona se combinó con inmunoterapia —en particular con inhibidores del punto de control inmunitario anti-PD1, un tipo de tratamiento que ayuda al sistema inmune a identificar y atacar tumores— los investigadores observaron una reducción significativa de las metástasis y un aumento en la supervivencia de los animales.
Estos resultados sugieren que bloquear la vía del receptor de glucocorticoides podría convertirse en una estrategia prometedora para atacar las células responsables de la diseminación del cáncer.
Hacia tratamientos más personalizados

Actualmente se están realizando ensayos clínicos para evaluar el uso de mifepristona en pacientes con cáncer de mama triple negativo. Algunos estudios analizan su utilización sola o combinada con otros fármacos, como la enzalutamida, en comparación con tratamientos tradicionales de quimioterapia.
El objetivo es determinar si esta estrategia puede reducir la probabilidad de recaída metastásica.
Los investigadores también exploran el desarrollo de biomarcadores, es decir, indicadores biológicos que permitan identificar qué pacientes presentan mayor actividad de este receptor y podrían beneficiarse más de estas terapias.
Un cambio de enfoque en la lucha contra la metástasis
Tradicionalmente, muchos tratamientos contra el cáncer se concentraron en destruir el tumor primario. Sin embargo, este estudio dirige la atención hacia las células que logran escapar del tejido original y permanecer ocultas en el organismo durante largos períodos.
Eliminar estas células tempranas podría ayudar a impedir que la enfermedad se propague hacia otros órganos.
Aunque todavía se necesitan más estudios para confirmar estos resultados en pacientes, el hallazgo aporta una nueva pieza para comprender cómo se inicia la metástasis. Entender de qué manera las células cancerosas logran evadir las defensas del organismo podría abrir el camino hacia terapias capaces de detener la enfermedad antes de que se disemine.
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