Las respuestas inmediatas de la inteligencia artificial ponen en duda la tolerancia a la frustración en la infancia

Una conversación en Good Inside planteó que la ausencia de espera y de fricción en intercambios con asistentes digitales puede debilitar destrezas esenciales para la vida real, desde la paciencia hasta el manejo de emociones

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Ilustración de témpera que muestra a un niño de cabello oscuro sentado en el suelo, mirando y sosteniendo un oso de peluche con ojos brillantes y un símbolo de altavoz en el pecho.
El podcast Good Inside analiza el impacto de la inteligencia artificial en la crianza y el desarrollo emocional infantil (Imagen Ilustrativa Infobae)

El podcast Good Inside, conducido por la psicóloga Becky Kennedy, convocó a la periodista Joanna Stern para analizar el impacto de la inteligencia artificial en la crianza y el desarrollo emocional infantil, y compartió su experiencia tras un año usando IA en su hogar, señalando preocupaciones sobre los cambios en los vínculos y la gestión emocional de los niños.

La presencia de chatbots y dispositivos inteligentes genera dudas respecto a su influencia en habilidades como la espera y la tolerancia a la frustración. Kennedy y Stern advirtieron que el acceso a respuestas inmediatas de la IA podría dificultar el aprendizaje de destrezas esenciales para la vida real.

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La IA en la vida diaria y en la infancia

En el episodio, Kennedy preguntó por la penetración de la IA en ámbitos familiares y en los juguetes infantiles. “La inteligencia artificial está en todas partes. Está en nuestros teléfonos. Nuestros hijos podrían estar usándola para hacer sus tareas. Está en el altavoz de la cocina, y quizá incluso ayudó a resolver una discusión entre hermanos sobre un insecto exótico”, enfatizó la conductora.

Una mujer de cabello oscuro y camisa rosa está sentada, hablando frente a un micrófono con un logo amarillo en un estudio con fondo verde
La introducción de dispositivos inteligentes en juguetes transforma las experiencias de conversación y personalización para los niños (YouTube: Good Inside)

Stern compartió su experiencia: “Los fabricantes ahora han puesto chatbots que nunca dejan de responder dentro de los juguetes, incluso en peluches, así que los niños pueden conversar con ellos de forma permanente”. Explicó que al encender el dispositivo y conectarlo a la nube a través del teléfono, el niño simplemente dialoga y el juguete responde siempre.

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La personalización, según Stern, llega al extremo de que “puedes introducir el nombre de tu hijo en la app, así que es muy personalizado. El peluche dice: ‘Hola, Alex. ¿Cómo fue tu tarde?’”. Estas funciones, aunque parecen amables, plantean nuevas preguntas en la crianza.

Kennedy cuestionó si resulta saludable que los menores tengan a disposición un interlocutor —sea persona, objeto o algoritmo— en todo momento para ser escuchados y validados. “Creo que me alegraría saber que mi hijo busca desahogo, pero a la vez me entristecería si esa conversación no ocurre con un humano, sino con la IA”, respondió Stern.

Un niño sentado en el suelo mira y señala un oso de peluche con pantalla facial de IA, sentado en un sillón. Juguetes visibles en el fondo de la habitación.
La disponibilidad de respuestas inmediatas de la inteligencia artificial podría afectar el aprendizaje de la paciencia y la tolerancia a la frustración (Imagen Ilustrativa Infobae)

Fricción, desarrollo emocional y chatbots de compañía

En el diálogo, Stern planteó la importancia de la fricción en las relaciones reales y señaló: “Debajo de este chatbot de inteligencia artificial generativa hay un modelo que solo dice lo que piensa que quieres oír. No hay fricción. Solo charla”.

Kennedy profundizó en este punto y explicó: “Lo que realmente queda registrado en el cuerpo de un niño mientras su cerebro madura no es el resultado sino el proceso. ¿Cuánta fricción hubo? ¿Cuánto debió esperar por la respuesta de su interlocutor?”.

Stern también lamentó la idea de ver a su hijo conversando con una máquina: “Pienso que me entristecería escucharlo hacer eso con una IA. Esas charlas son para tener con una persona”.

Ambas coincidieron en que los adultos enfrentan la tecnología desde la experiencia, mientras que los niños crecen bajo nuevas condiciones. “Nosotros tenemos la capacidad cognitiva de haberlo vivido. Pasamos 40 años aprendiendo a manejar esas cosas. Soy clara: no estoy en contra de usar la IA con los niños. Debemos enseñarles a ser humanos, no robots”, afirmó Stern.

Dos mujeres sentadas en sillones de terciopelo verde conversan frente a micrófonos en un estudio. Se ve una mesa, una lata de café y estantes al fondo
La validación constante por parte de la IA puede fomentar el narcisismo y obstaculizar la construcción de confianza en los niños (YouTube: Good Inside)

Respecto a tecnologías previas, subrayó una diferencia: “Ahora la tecnología ‘piensa’ por nosotros e incluso transmite emociones, cambiando la profundidad del aprendizaje y la creatividad”.

En Good Inside se alertó sobre el peligro de eliminar toda fricción. “La tecnología siempre ha reducido la fricción de la vida y la ha hecho más cómoda. Pero ahora, la ausencia total de fricción podría dejar a los niños poco preparados para un mundo imperfecto”, coincidieron.

Kennedy advirtió sobre la validación constante de los chatbots: “Lo importante para los niños no es que todas sus ideas sean aprobadas sin reservas. Eso construye narcisismo, no confianza”.

“Me preocupa que mis hijos terminen en relaciones así. No a los chatbots de compañía. Punto final. No deberían programarse para sonar tan humanos ni mantener diálogos tan personales con la infancia”, enfatizó Stern.

Peluche robot con IA
La psicóloga Becky Kennedy y la periodista Joanna Stern coinciden en la importancia de preservar la interacción humana frente al avance de la IA en la crianza

Cómo regular la IA en la crianza

En la parte final del podcast, Joanna Stern afirmó: “Si pudiera crear una ley mañana para las compañías tecnológicas o las escuelas, sería: no a los chatbots de compañía. Punto final”.

Becky Kennedy coincidió en que lo central debe ser “proteger la experiencia emocional genuina de los niños y evitar que la IA reemplace la interacción humana en la crianza”.

“Me inquieta el ritmo de los cambios. Incluso el editor de mi libro tuvo que frenarme; quería seguir actualizándolo porque la IA avanza cada día”, agregó Stern.

A pesar de las preocupaciones, Stern señaló: “Empieza a haber una reacción social al avance de estas tecnologías. Esa crítica, aunque a veces sea extrema, es necesaria porque nos obliga a pensar cómo acogemos la IA en nuestras vidas”. Y reconoció que el debate público es un paso para decidir el lugar que debe ocupar la inteligencia artificial en la vida cotidiana.

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