
La retina y otras estructuras oculares se perfilan como el siguiente gran campo de batalla en la lucha contra el Alzheimer, aportando vías prometedoras para la detección precoz y no invasiva de la enfermedad.
La posibilidad de diagnosticar dicha enfermedad antes del deterioro cerebral irreversible adquiere nueva relevancia con avances recientes en biomarcadores oculares, capaces de detectar alteraciones sutiles años antes de la aparición de los síntomas, según investigaciones citadas por el repositorio biomédico estadounidense PMC y el medio europeo Euronews.
El deterioro de las capas de células ganglionares en la retina de pacientes con Alzheimer alcanza un 36,4 %, según análisis histopatológicos recogidos por PMC. Al mismo tiempo, Euronews informa sobre estudios del Houston Methodist Hospital, donde el equipo liderado por Stephen Wong demostró que los cambios en regiones periféricas de la retina pueden señalar fases muy tempranas de la enfermedad.
El Alzheimer, responsable del 60–70 % de las demencias, suele diagnosticarse de manera tardía, dado que los métodos actuales —como la tomografía por emisión de positrones (PET) o los análisis de líquido cefalorraquídeo— son costosos, invasivos y de acceso limitado. Estas dificultades han impulsado la búsqueda de alternativas más asequibles y sensibles.

La investigación reciente pone el foco en marcadores presentes en el ojo, como el depósito de amiloide-beta (Aβ) y la alteración de células gliales —en particular, las células de Müller—, que muestran cambios antes de que el daño cerebral se haga irreversible.
La relación entre el ojo y el sistema nervioso central es directa: la retina comparte origen embrionario, características anatómicas y respuesta inmunológica con el cerebro. Estudios citados por PMC y Euronews han identificado depósitos de Aβ y formación de ovillos neurofibrilares (NFT) en las capas retinianas de pacientes con Alzheimer.
En ese sentido, no solo se detectan niveles elevados de Aβ en el área media periférica de la retina, sino que estas acumulaciones pueden aparecer hasta 20 años antes del inicio sintomático de la demencia.
El avance de la imagenología retiniana y los biomarcadores en el diagnóstico temprano
El desarrollo de técnicas de imagen como la tomografía de coherencia óptica (OCT) y su variante angiográfica (OCTA) permite actualmente una visualización detallada y no invasiva de la retina y su microvasculatura.
PMC destaca que pacientes con Alzheimer presentan adelgazamiento de la capa de fibras nerviosas retinianas y del complejo ganglionar, además de reducciones notables en el volumen macular y en el espesor coroideo, todas ellas detectables mediante OCT.
Un meta-análisis en 2017 evaluando 25 estudios encontró una reducción estadísticamente significativa del espesor retiniano y macular en quienes padecen deterioro cognitivo leve o Alzheimer.
La angiografía OCTA ha revelado indicadores clave como el ensanchamiento de la zona avascular foveal y la disminución de la densidad y el flujo capilar retiniano, correlacionados con la presencia de placas amiloides.
En fases preclínicas, estas alteraciones microvasculares y de espesor retiniano se observan en pacientes con riesgos genéticos como portadores del alelo APOE ε4.
Sin embargo, la obtención de imágenes precisas puede complicarse en estadios avanzados de la enfermedad o en presencia de otras patologías oculares frecuentes en la vejez, como la degeneración macular o el glaucoma, lo que exige protocolos cuidadosos y estudios controlados.
Además de la retina, otros componentes del ojo contienen biomarcadores potenciales. El humor vítreo, analizado mediante punciones invasivas, ha mostrado la presencia de Aβ40, Aβ42 y proteína tau en concentraciones asociadas con peores resultados en pruebas cognitivas.
Por su parte, el humor acuoso contiene Aβ en niveles comparables al líquido cefalorraquídeo, mientras que en el cristalino se ha documentado la agregación de proteínas amiloides, vinculadas a la formación de cataratas específicas de Alzheimer y a patologías como el síndrome de Down, donde el gen APP se encuentra sobrerregulado.
En el caso de la córnea, la microscopia confocal demuestra una reducción progresiva y correlacionada con el deterioro cognitivo en la densidad y longitud de las fibras nerviosas corneales, así como su sensibilidad disminuida. La presencia de APP y enzimas relacionadas con el metabolismo de Aβ ya ha sido observada en fibroblastos y epitelio corneal.
El análisis de lágrimas emerge como una alternativa accesible y no invasiva. Estudios han encontrado aumento del flujo lagrimal, duplicación de la concentración proteica y presencia de marcadores clásicos como lisozima, lipocalina 1, lacritina y dermcidina.

Un panel combinado de estas cuatro proteínas alcanzó una sensibilidad del 81 % y especificidad del 77 % para distinguir Alzheimer, según cita PMC. Además, el factor de iniciación de elongación 4E (eIF4E) y ciertos microARN específicos solo se detectan en pacientes con la enfermedad.
No obstante, también existen limitaciones. Tanto el muestreo de humor vítreo y acuoso como las intervenciones sobre cristalino son invasivas y conllevan riesgos, reservándose para procedimientos terapéuticos previstos por otras patologías oculares.
El análisis de lágrimas, aunque sencillo, puede requerir varias extracciones en adultos mayores por la cantidad limitada de fluido y la reducción de proteínas tras los procesos de preparación, por lo que aún se consideran necesarios ensayos de mayor tamaño para estandarizar su uso.
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