
Una investigación científica reciente reveló que los cambios en la actividad neuronal del cerebelo explican el aumento de caídas en adultos mayores.
Investigadores de la Universidad McGill de Canadá identificaron que la disminución en la actividad de las neuronas de Purkinje del cerebelo afecta directamente la coordinación motora y eleva el riesgo de caídas en la vejez.
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El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), podría favorecer la prevencióny la prolongación de la autonomía funcional en la tercera edad.
Las neuronas de Purkinje son claves para el equilibrio
El equipo liderado por el especialista en neurociencias Eviatar Fields y la profesora Alanna Watt, encontró que las neuronas o células de Purkinje desempeñan un papel esencial en el ajuste preciso de los movimientos: procesan señales sensoriales y del propio cuerpo, y envían “instrucciones correctivas” que optimizan la coordinación y el equilibrio.
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El estudio observó una notable disminución en la frecuencia de actividad de estas neuronas con el envejecimiento, lo que, según los investigadores, deriva en dificultades para caminar, mantener el equilibrio y responder a cambios en el entorno.
“Al demostrar que los cambios en las neuronas de Purkinje están vinculados causalmente a las alteraciones en la marcha, la coordinación motora y el equilibrio, nuestro trabajo ofrece nuevas vías para terapias que pueden prevenir o retrasar el envejecimiento motor”, dijo el investigador Fields.
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El estudio sobre la función motora

El equipo de la Universidad McGill evaluó ratones en distintas etapas de vida, desde adultos jóvenes hasta mayores, para comparar su coordinación motora. Los animales de mayor edad obtuvieron peores resultados en pruebas como cruzar una viga elevada y permanecer sobre una barra giratoria, reflejando un deterioro similar al que se observa en humanos.
Para precisar la relación, los investigadores midieron la actividad eléctrica de las neuronas de Purkinje y hallaron frecuencias de disparo significativamente más bajas en los ejemplares de mayor edad.
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Al utilizar una herramienta genética para modificar la actividad neuronal, redujeron la excitabilidad de estas células en ratones jóvenes y observaron que abandonaban antes la barra giratoria que sus pares no intervenidos. En contraste, al incrementar la actividad de las neuronas de Purkinje en ratones mayores, lograron que permanecieran más tiempo en la prueba, con una mejoría en la coordinación.
Estos resultados se replicaron en otro experimento, en el que los ratones fueron entrenados para tirar de una cuerda de un metro en busca de una recompensa. Los animales mayores cometieron más errores; sin embargo, al aumentar la actividad neuronal, cometieron considerablemente menos fallos, destacó el estudio.
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Cómo estos hallazgos pueden ayudar a prevenir caídas

La profesora Alanna Watt señaló que estos nuevos conocimientos contribuyen a comprender tanto el envejecimiento biológico como los trastornos neurodegenerativos, incluido el Alzheimer, donde se observan disrupciones similares.
Para los autores, un mejor entendimiento de la función del cerebelo podría facilitar el desarrollo de intervenciones médicas o conductuales orientadas a mantener la destreza motora y reducir el riesgo de lesiones graves por caídas.
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El estudio también plantea como prioridad avanzar en terapias que restauren o mantengan la actividad óptima de las neuronas implicadas en el control del movimiento.
Recomendaciones para reducir el riesgo de caídas
De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), las caídas representan una amenaza seria que compromete la autonomía y calidad de vida de las personas mayores de 65 años.
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Entre las estrategias de prevención de caídas, la CDC aconseja fomentar actividades que mejoren el equilibrio y la fuerza muscular, revisar periódicamente la visión y adaptar el hogar para eliminar riesgos, como alfombras sueltas o baja iluminación.
La profesora Watt de la Universidad McGill señaló que “a medida que disminuye la coordinación, las caídas se vuelven más frecuentes, con consecuencias potencialmente severas para la calidad de vida”. Por este motivo, tanto la prevención como la investigación permanente resultan esenciales para acompañar un envejecimiento saludable.
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