
La aparición del barigüí, conocido como mosca negra o jején, alteró la rutina de quienes viven cerca de ríos y arroyos en la provincia de Buenos Aires.
En los últimos días, habitantes de localidades ribereñas reportaron un aumento de la presencia de este insecto, aunque fuentes oficiales no calificaron la situación como una invasión. El fenómeno se vincula con el ascenso de las temperaturas y las lluvias, que favorecen condiciones óptimas para la reproducción de la especie.
El barigüí no pica como los mosquitos, sino que muerde la piel y deja heridas dolorosas. Su actividad se intensifica durante los meses cálidos, cuando las lluvias y la crecida de los ríos favorecen su propagación.
Qué es el barigüí y cómo se reproduce
El barigüí, como es conocido en el litoral y la provincia de Buenos Aires, recibe diferentes nombres según la región: en Mendoza, paquitas; en Brasil, borrachudos; en el resto del mundo, black flies (moscas negras).
Según el explicó a Infobae Juan José García, doctor en Ciencias Naturales por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el barigüí pertenece a la familia de los simúlidos y presenta un ciclo de vida compuesto por cuatro fases: huevo, larva, pupa y adulto.
“Son insectos que tienen dos alas. El huevo da lugar a las larvas, que pasan por varios estadios hasta transformarse en pupas. De las pupas nacen los adultos, machos y hembras, que copulan en enjambres”, explicó García, quien es investigador científico jubilado tanto de la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires (CICPBA) como del Centro de Estudios Parasitología y de Vectores (CEPAVE- UNLP-CONICET).

La reproducción de estos insectos depende de la presencia de agua corriente y limpia, razón por la cual su presencia es más marcada cerca de ríos y arroyos. Las larvas y pupas se adhieren a piedras o vegetación sumergida en cauces de agua.
En la provincia de Buenos Aires y la Mesopotamia, los barigüís abundan en la vegetación de las orillas, mientras que en la cordillera prefieren adherirse a las piedras.
García detalló que “en Argentina existen 71 especies. Donde haya arroyos o cuerpos de agua con corriente y limpios, puede haber simúlidos”.
La proliferación del barigüí aumenta durante las inundaciones, cuando los campos se llenan de agua y los canales creados por los productores rurales facilitan la cría de estos insectos.
El municipio de Junín informó que los operarios de las áreas de Zoonosis y Ambiente realizan muestreos y aplicaciones para combatir las zonas de reproducción. Según Cecilia Laffaye, subsecretaria de Ambiente del municipio, el huevo puede permanecer latente durante años y, al retornar el nivel de agua y oxigenarse, inicia el ciclo, lo que obliga a intensificar las tareas de control.
Por qué muerde y qué efectos tiene en el organismo
El barigüí se diferencia de otros insectos hematófagos por la forma en que alimenta. García explicó que “a diferencia de los mosquitos, cuyo aparato bucal penetra un vaso sanguíneo, el barigüí corta la piel con una estructura similar a una sierra. Así produce un flujo de sangre que absorbe con otra estructura tipo esponjosa”.
La mordedura puede producir reacciones alérgicas de diversa intensidad. “El organismo sufre una reacción alérgica. Depende de cuán alérgico sea el individuo a esa mordedura y serán las consecuencias”, señaló el experto.

Generalmente, la zona se inflama como tras una picadura de mosquito, aunque en algunos casos, las personas pueden requerir atención médica por cuadros severos. Las hembras necesitan sangre para completar su ciclo reproductivo. Esta característica las distingue de los machos, que no muerden a personas o animales.
La herida abierta que deja el barigüí puede convertirse en una puerta de entrada para bacterias presentes en la piel o bajo las uñas, especialmente si la persona se rasca de manera reiterada. Esta situación favorece el desarrollo de infecciones, que pueden agravar las molestias y requerir tratamiento médico.
El riesgo de complicaciones aumenta en quienes presentan una reacción alérgica intensa o en niños, por la tendencia a rascarse con mayor frecuencia. Mantener la herida limpia y evitar el rascado resultan medidas fundamentales para prevenir infecciones.
Es un insecto diurno, con mayor actividad en las primeras horas de la mañana y al final de la tarde. Entre las recomendaciones para aliviar los síntomas se encuentra la aplicación de frío local y el uso de productos para las picaduras.
García advirtió que “en la Argentina no representan un peligro grave para la salud pública, aunque en localidades del norte como Orán y Tartagal se hallaron algunos nemátodos (parásitos) transmitidos por estos insectos, sin registro de problemáticas graves”.
Para reducir el riesgo de mordeduras, resulta útil utilizar ropa clara y de mangas largas, evitar actividades cerca de ríos y arroyos en momentos de mayor actividad del insecto, y aplicar repelentes adecuados en la piel expuesta, aunque estos últimos no son tan eficientes como lo son contra los mosquitos. Mantenerse alejado de la vegetación ribereña y revisar los lugares de recreación al aire libre ayuda a disminuir las posibilidades de contacto con el barigüí.
Condiciones ambientales y expansión del barigüí

El ciclo de vida del barigüí depende de la calidad y movimiento del agua. Según el testimonio de García, “los estados inmaduros viven en agua corriente, no en agua estancada. Las larvas requieren oxígeno disuelto y materia orgánica en suspensión, que filtran y consumen”.
Por eso, la presencia de estos insectos en áreas urbanas como CABA y el conurbano resulta poco frecuente y, según el especialista, no existen registros claros ni identificaciones entomológicas que lo confirmen.
La abundancia del barigüí está estrechamente ligada a factores climáticos. El municipio de Junín destacó que las temperaturas elevadas y el retorno del agua a los cauces naturales favorecen la eclosión de huevos y el crecimiento de la población. El monitoreo y las aplicaciones de productos para atacar las larvas son más intensos desde fines de agosto y durante la primavera, ajustándose al ciclo vital del insecto.
En años de sequía, la presencia del barigüí disminuye. García recordó que “los años de sequía del Río Salado no se registraron comentarios sobre el barigüí. Cuando las lluvias regresaron, la población de Simulium chaquense creció de manera importante, afectando la calidad de vida, la industria y el turismo de la región”.
Las autoridades locales mantienen acciones permanentes de monitoreo y control. El municipio de Junín enfatizó que las tareas de prevención y combate contra el barigüí no se detienen durante el año. El objetivo es reducir el impacto de futuras proliferaciones y proteger tanto a la población como a la economía de la región.
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