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Magui Bravi en “Lo de Pampita”: “No imagino cómo es volver a enamorarme”

La actriz y bailarina habló sobre su separación de Octavio Cattaneo, los desafíos de la maternidad y qué aprendizajes de su propia crianza busca transmitirle a su hijo Galileo

Lo De Pampita Magui Bravi
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Magui Bravi empezó a bailar a los cuatro años, cuando la danza clásica se convirtió en una de las primeras grandes pasiones de su vida. Sin embargo, una etapa marcada por problemas de salud la llevó a alejarse de la disciplina durante un tiempo. Más adelante, trabajó como azafata mientras estudiaba Filosofía, hasta que decidió probar suerte en Soñando por bailar 2, el reality que terminó ganando y que cambió por completo el rumbo de su carrera. Después llegó Bailando por un sueño, una experiencia que significó el cierre de una etapa como bailarina y le abrió las puertas de la televisión y el espectáculo.

Con el tiempo, Bravi decidió ir detrás de un sueño que tenía desde hacía años: convertirse en actriz. Desde 2016 se enfocó en el cine y comenzó a construir, de manera gradual, una carrera que ya suma más de 25 películas, varias de ellas vinculadas al género de terror y fantástico. En paralelo, también comenzó a producir sus propios proyectos y asumió el desafío de ponerse delante y detrás de cámara.

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En su vida personal, durante esos años también atravesó una historia de amor de largo recorrido con el arquitecto Octavio Cattaneo, a quien conoció cuando tenía 17 años. Decidieron divorciarse después de 15 años de relación.

En 2024 nació Galileo, su hijo con Cattaneo. Atravesó un embarazo de riesgo, una cesárea de emergencia y una depresión posparto que la llevó a pedir ayuda profesional y a replantearse muchas de las expectativas que tenía sobre ser madre. Hoy, con Galileo como centro de su rutina, Bravi intenta disfrutar de esa etapa sin perder su identidad profesional: sigue actuando, produciendo y construyendo una carrera que comenzó con la danza y que, después de varios cambios de rumbo, encontró en el cine el lugar donde quiere quedarse.

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Dos mujeres posan de espaldas. La mujer de la izquierda lleva vestido negro, boina negra y anillos. La mujer de la derecha lleva vestido borgoña sin espalda y anillo dorado
"Es muy difícil porque pensamos muy distinto en la educación de Galito, pero tratamos de ponernos de acuerdo. No me imagino cómo es volver a enamorarme. Me tengo que fascinar", dice sobre su reciente separación de Octavio Cattaneo

Acá, los momentos más destacados de la charla:

<b>“Hoy en día el amor más profundo que siento es mi hijo. Y de hecho nunca sentí un amor tan grande por ninguna de mis parejas” </b>

—Si me preguntás si fue el amor de tu vida, no lo sé, pero es el padre de mi hijo. Y yo siempre supe que él iba a ser el padre de mi hijo..., conmigo o sin mí. Dieciséis años juntos, ¡mucho! Por eso siempre que tuvimos como cositas, seguí. Seguimos, ¿no cierto? Siempre que se sigue es de a dos, pero yo lo veía como un buen papá.

—¿Cómo evolucionaron como personas?

—Él me conoció siendo azafata, con lo cual ya hubo un cambio drástico en mi vida al cien por ciento. La paternidad también nos hizo crecer mucho como personas. No sé cómo se hace. ¡Qué sé yo, es una vida entera juntos! ¡Es mucho tiempo! Yo siempre dije que a mí me gusta hacer equipo en la pareja. “¿Qué te gusta? ¿Qué me gusta? ¡Vamos para adelante y somos los dos contra el mundo!“. Es muy importante como respetar al otro y su espacio. Y hoy en día yo siento que igual seguimos siendo un equipo en dos canchas diferentes.

—Y todo lo que les espera por delante, además...

—Es muy difícil porque pensamos muy distinto en la educación de Galito, pero tratamos siempre de ponernos de acuerdo. No me imagino cómo es volver a enamorarme. Me tengo que fascinar. Hoy en día el amor más profundo que siento es mi hijo. Y de hecho nunca sentí un amor tan grande por ninguna de mis parejas. La pareja no es incondicional y me encantaría volver a enamorarme. Me encantaría, sí. A mí me gusta estar en pareja. Para mí, qué sé yo, la exclusividad es un privilegio.

—Bueno, pero ahora te encontraste en otro lugar para crecer también, ¿no?

—Bueno, también tengo que estar un poco sola (ríe) ¿no? Mis amigas me decían bueno, ¡che, pará, pará! Y de repente encontrarme tomando un mate y desayunando a la mañana sola es como, bueno, elijo, me puedo leer un libro tranquila y es como “hola, acá estoy yo también”. Está bueno volver a Magui. Ni la Magui mamá ni la Magui que estuvo en pareja toda la vida, volver a mí, sola.

<b>“Mamá instaló sus sueños en mí”</b>

—Mi mamá instaló sus sueños en mí. Yo bailé porque ella quería ser bailarina y no pudo. Y sí, era superexigente. Súper, superexigente. Por eso yo también siempre fui medio nerd también. No podía llegar con un nueve a casa en ninguna materia. Y con el ballet, si no tenía el papel protagónico, no iba a verme.

—Buscaba la perfección...

—Sí, pero también se lo agradecí porque eso hizo que yo sea como muy insistente con las cosas que quiero. Ya no busco la perfección, eso lo buscaba mucho con el clásico, pero sí busco objetivos. Siempre voy por más y siempre quiero esto. Bueno, ¡vamos a por ello como sea!

—¿Y cuándo hubo conciliación con esa mamá que te tocó? Porque uno no elige en la familia que nace.

—Yo creo que le perdoné todo cuando yo fui mamá, que me di cuenta de las cosas que hizo por mí, que solo las puede hacer una madre viviendo los primeros años de mi hijo. Mi hijo tiene dos años y medio y yo viví una maternidad que hay cosas que decía: “Guau, esto hizo mi mamá por mí”. Yo le perdoné todo porque yo hago lo que puedo. Como me perdono a mí misma si no está todo perfecto como mamá; para mí fue muy importante decir: “Che, mi vieja hizo todas estas cosas por mí. Y yo soy quien soy gracias a ella también”. Nada, le perdoné todo. Y a veces decís: “Ay, esto lo estoy haciendo igual que mi mamá, esto lo estoy repitiendo, aunque no me guste, me salió del alma”. Y yo busco un poquito a ver en qué es bueno este chico (risas) Yo soy muy competitiva, muy exigente. Entonces, no sé, le he dado una pelota a ver si...

—¿Si hay talento?

—Si hay algo ahí, qué sé yo. De repente lo veo y le gusta mucho la música. Y el papá es músico también, o sea, es arquitecto, pero estudió música en el conservatorio y tiene un amor por la música. Yo dije: “Ay, bueno, quizás va por ahí”.

—Ahí, buscando.

—Yo creo que tiene que ver con mis raíces.

<b>“La depresión posparto es algo que te pasa no solo químicamente, sino mentalmente: no podía parar de llorar”</b>

—La depresión posparto es algo que te pasa no solo químicamente, sino mentalmente. Yo no podía parar de llorar. Lloraba él, lloraba yo. Y era: ¿cómo puede ser si esto es lo más lindo que me pasó en la vida? ¿Cómo puede estar pasándome esto? Me asusté mucho porque esa personita dependía de mí. Y si mamá no está bien, ¿cómo hacemos para que el bebé esté bien? Filmé una peli estando así y era muy fácil llorar. Todas las veces que quería el director. Caía la lágrima cuando tenía que caer, que no es siempre fácil. En esa época sí era para lo único que sirvió mucho eso. Y después para sanar. Siempre veía las maternidades perfectas.

—Las de Instagram.

—Las de Instagram. Y yo dije: “Pero yo no estoy ahí. No me está pasando esto. No tengo una sonrisa en la cara, ¿qué está pasando?”. Y ahí dije: “Bueno, esto tengo que tratarlo”. Está bueno pedir ayuda.

—Importante para aceptar...

—...lo que está pasando.

—Reconocerla si se puede, a veces no la podés reconocer.

—Hablar, sobre todo hablar. ¡Poder hablar! Es tan terrible pensar que uno está en el momento más importante de su vida, que tenés que sostener un bebé y que es tan chiquito y que estás viviendo eso.

<b>“A mi viejo le costó un montón cuando le dije que dejaba de volar e iba a intentarlo todo en la tele”</b>

Dos mujeres, una con boina negra y vestido negro con tachas, otra con vestido bordó, sentadas en un sofá beige con cojines y manta de lana
"Si bien a mi viejo le costó que dejara de volar para saltar a tele,una noche me dijo: '¿Sabes qué? Si son tus sueños, ¡vamos a por todo!'”, cuenta

—No quería estar en el Bailando para hacerme famosa, yo quería que me vieran bailar y para mí cuando Marcelo decía: “Música, vamos”, era como “ahora sí”. Fue la apuesta más grande que hice en mi vida. Yo tenía una vida armada y yo no entendía cómo una chica de La Plata podía pasar a estar en la tele. Yo soy muy unida con mi viejo y él es como, no sé, siempre fue un poco también padre y madre a la vez, sobre todo en mi adolescencia. Le costó un montón cuando le dije que dejaba de volar e iba a intentarlo todo en la tele. Le costó mucho y me dijo: “No, vos ya tenés como un futuro asegurado. Qué miedo, ¿qué es lo que vas a hacer en la tele? Que es todo tan raro”. Me acuerdo mucho que una noche me dijo: “¿Sabes qué? Si son tus sueños, ¡vamos a por todo!”. O sea, no podía volver a ser azafata porque no me iban a aceptar en la empresa porque había aparecido en la televisión. Entonces era a todo o nada.

—¿Cuándo dijiste: “Guau, soy famosa”?

—No, cuando salí. De repente había un montón de gente en la puerta de lo que era ese reality y ¡yo no entendía por qué querían sacarse una foto conmigo!

—Después estás en el supermercado y se acerca alguien a hablarte como que es tu amigo íntimo.

—Sí, “¿para qué te peleaste ayer con Moria. ¿Por qué? ¿Con qué necesidad? No lo hagas más, te queda horrible. ¿Para qué?“. ”No te peleés más". Ay, yo trataba de explicarle: “Te juro que a mí tampoco me gusta,” Sí, es muy terrible. Ahí es cuando te das cuenta que pueden opinar de tu vida.

—Después también tiene sus beneficios...

—Sí, está buenísimo, no me molesta para nada. Salgo a la calle sin maquillaje, me saco fotos, no tengo un tema con eso.

—¡Hay que aprovechar!

—Sí, porque dura poco también.

<b>“Yo no sabía que dolía tanto la cesárea, ni tampoco sabía que era tan difícil dar la teta”</b>

—Yo no sabía que dolía tanto la cesárea, ni tampoco sabía que era tan difícil dar la teta. Y lo cuento también porque me hubiese servido que alguien me diga: “te va a doler”. O bueno, si no podés dar la teta también está bien.

—Para quitarle como la importancia...

—Cien por ciento.

—Pero si tu cuerpo, por lo que sea, no puede, por eso no sos menos madre.

—¡Exacto, exacto! Sí, me hubiese encantado que me lo digan de una para no estar muchos meses luchando con eso y no poder disfrutar al cien por ciento de mi bebé.

—Yo le reclamé a mis amigas las que tuvieron cesárea, les dije: ¡¿por qué no me lo avisaste?!

—Exactamente, exactamente. ¿Cómo es que a las seis horas te vienen a levantar? Se tiene que acomodar todo.

—¡Tenés que caminar!

—¡Tenés que caminar! ¡Dios mío, ¿qué es ese dolor?! ¡No, no, no!

—Yo les decía mucho “el bulto que te queda”. Yo me sentía un pibe.

—Claro, porque te queda como una pancita...

—“Yo tengo un bultito ahí ¡y el jean me queda mal!“.

—Sí, le mandaba fotos a la obstetra.

—Y tardé un tiempo hasta que el bulto se fue.

—Sí, me pasó igual.

—Bueno, y nosotras también que trabajamos con el cuerpo, el tema de la cicatriz.

—La última película que estoy estrenando ahora tengo un desnudo total. No era un tema hasta que tenía una cicatriz. Entonces, yo tuve que hablar con todo el equipo. Vayan desde donde tenga que ir, pero tengo una cicatriz de la cesárea. No quiero que se vea, no quiero que tengan que borrar, no me quiero sentir incómoda. Busquemos el mejor ángulo. Nunca fue un tema, pero en ese momento, en el set, dije: “Pará, hay algo que no les dije”.

<b>“¡Es increible ser azafata!"</b>

Dos mujeres posan, una con boina negra y vestido negro con tachas, la otra con vestido burdeos de espalda descubierta. Fondo de cortinas claras y sofá
"Sí, como azafata encontré una pareja... haciéndolo en el baño. Yo no era la jefa de vuelo, pero tuve que avisar, es parte del trabajo. '¡Che, hay dos en el baño!'", recuerda

—Dicen que el avión es donde más se despide adrenalina. Es algo químico que sucede en vuelo...

—¿No te dio miedo ser azafata?

—No. Nada.

—En Chile el avión se mueve mucho.

—Chile, sí, miedo mortal. ¡Vimos volar un bebé desde los brazos de su mamá al asiento de atrás! ¡Todo el avión puso cara de terror! No pasó nada porque la persona que estaba atrás lo agarró. Pero el avión es más seguro que un auto. O sea, está comprobado. Pero háganme caso, llévense bien con la azafata.

—Es la que te va a salvar.

—Sí, es la que te va a subir a la balsa o no, es la que la sabe armar.

—Contame algún secreto, algo que hagan las azafatas. Total, no sos más azafata, no les debés nada.

—Y... yo no tomaría café en el avión.... Porque esas jarras... nunca las lavan.

—¿Tienen sarro?

—Nunca voy a pedir café, imaginate.

—¿No tomás más café?

—No, pedite un té. La del té suele ser un poquito más... benévola.

—¡Ay, no me digas eso!

—Es terrible porque uno sueña con subir al avión y pedirte un cafecito. Y el baño no es un lugar cómodo. Viste que está la fantasía del baño del avión.

—¿Encontraste algún pasajero teniendo sexo en el...?

—Sí, sí, una pareja.

—¡¿En serio?!

—Yo no era la jefa de vuelo, con lo cual no los saqué, pero tuve que avisar. Es parte del trabajo. “Che, hay dos en el baño”. Porque puede ser peligroso también. Uno nunca sabe si están fumando o que están haciendo...

—O sea, no está permitido ir de a dos al baño.

—No está permitido.

Disfrutá la entrevista completa en el video.

Fotos: Adrián Escandar

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