
Un reciente estudio publicado en The Journal of Pediatrics analizó si la exposición acumulada a la impulsividad de madres y padres a lo largo de la infancia está asociada con una mayor aceleración de la edad epigenética a lo largo de la adolescencia.
La edad epigenética es como una “edad biológica” interna que no siempre coincide con los años que marca el DNI.
La investigación reveló que la impulsividad materna durante la primera infancia tiene un impacto directo en el envejecimiento epigenético acelerado de los adolescentes, mientras que la impulsividad paterna no muestra la misma asociación.
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El análisis estuvo basado en datos del Future of Families and Child Wellbeing Study, un estudio de cohorte de nacimiento basado en la población (1998-2000) de casi 5.000 familias, en 20 ciudades importantes de EEUU y se centró en la relación entre el comportamiento parental y los cambios biológicos en los hijos.
¿Qué es la epigenética?

El término epigenética deriva del griego epi, que significa sobre o “el genoma”, explicó el Instituto Nacional del Envejecimiento de Estados Unidos (NIA en inglés). “Esta área de investigación estudia cómo nuestros comportamientos y el entorno pueden causar cambios que afectan el funcionamiento de nuestros genes. Los genes están compuestos de una sustancia química llamada ADN“, señaló la entidad.
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Y sumó: “Diversos factores de estilo de vida y comportamiento, como la dieta, el sueño, el ejercicio, el tabaquismo y el consumo de alcohol, también pueden afectar la composición y la ubicación de los grupos químicos que se unen a nuestro ADN. Factores ambientales como el estrés y los traumas, o incluso los vecindarios o los códigos postales, también pueden influir".
La epigenética también puede marcar con precisión el tiempo cronológico en comparación con el tiempo biológico, afirmó el instituto. “Nuestra edad cronológica se basa en nuestra fecha de nacimiento, pero la edad biológica se refiere a la edad real que parecen tener nuestras células, tejidos y sistemas orgánicos, según la bioquímica. Nuestro epigenoma se ve afectado por nuestro entorno y las experiencias a lo largo del tiempo, de forma similar a cómo los anillos en el interior de un árbol nos indican su edad y señalan dónde ha sufrido daños o estrés“, señaló la NIA.
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De ahí el interés de los investigadores por estudiar la impulsividad parental a lo largo de la infancia y su impacto en la epigenética infantil. “Numerosos científicos investigan cómo usar la epigenética para sanar el cuerpo. Otros buscan determinar cómo las cicatrices físicas o emocionales del entorno o de la infancia, junto con nuestro estilo de vida y hábitos, pueden afectar nuestra edad biológica y nuestros resultados a medida que envejecemos”, afirmó la NIA.
El impacto de la impulsividad de los padres

El equipo de investigación del estudio publicado en The Journal of Pediatrics recopiló datos autoinformados sobre la impulsividad de madres y padres cuando los niños tenían entre uno y cinco años, y se analizaron muestras de saliva de los jóvenes a los nueve y quince años para medir la edad epigenética mediante tres relojes moleculares: PhenoAge, GrimAge y DunedinPACE.
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Los resultados mostraron una diferencia clara entre el impacto materno y paterno, según los investigadores. “La impulsividad materna durante la primera infancia, pero no la impulsividad paterna, se asoció significativamente con un mayor cambio residualizado en el factor latente de la edad epigenética acelerada a los 15 años”, señaló el estudio.
Además, la impulsividad materna se relacionó con un aumento en el envejecimiento acelerado al analizar cada reloj epigenético por separado: “La impulsividad materna también se asoció con un mayor cambio residualizado en el envejecimiento acelerado utilizando los relojes individuales”, según los autores.
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El artículo concluyó que “la impulsividad materna puede constituir un factor de estrés ambiental correlacionado con un envejecimiento epigenético más acelerado durante la adolescencia”. Los investigadores advirtieron que estas variaciones deben analizarse en el contexto de factores sociales y ecológicos más amplios, ya que “el comportamiento parental puede reflejar adaptaciones a los contextos en los que viven tanto padres como hijos”, dijeron los autores.
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