
Un avance tecnológico sin precedentes en el mapeo ultra-preciso de tejidos humanos, conocido como multiómica espacial, está transformando la medicina de precisión y abriendo nuevas vías para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades antes consideradas incurables.
Esta innovación ha permitido, por primera vez, tratar con éxito la necrolisis epidérmica tóxica (TEN), una reacción inmunológica devastadora que hasta ahora carecía de terapias efectivas, según reporta New Scientist.
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El caso que marcó un punto de inflexión ocurrió en el Hospital Universitario de Basilea (Suiza), donde el dermatólogo Thierry Nordmann atendió a un paciente con TEN, una condición en la que la piel se desprende de manera abrupta y dolorosa tras una reacción adversa a medicamentos comunes. A pesar de los esfuerzos médicos convencionales, el paciente falleció, como sucede en aproximadamente un tercio de los casos.
“La razón era que nadie entendía realmente lo que estaba ocurriendo. Cada quien lo trata de manera diferente”, explicó Nordmann a New Scientist. Este desenlace motivó al experto a buscar respuestas en el interior de los tejidos afectados, enfrentándose a la complejidad de una enfermedad que puede afectar a cualquier persona y que deja a los sobrevivientes con secuelas físicas y un temor persistente a los medicamentos.
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Cómo funciona la multiómica espacial

La clave para desentrañar el misterio de la TEN y otras enfermedades graves reside en la multiómica espacial, una tecnología que permite analizar tejidos a nivel molecular y espacial, identificando células y mecanismos patológicos antes invisibles.
A diferencia de los métodos tradicionales, que homogeneizan muestras y pierden información sobre la ubicación y función de cada célula, la multiómica espacial combina técnicas de genómica, transcriptómica y proteómica con imágenes de alta resolución. Esto posibilita la creación de mapas tridimensionales de órganos y tejidos, donde se pueden observar las diferencias entre células sanas y enfermas en su contexto original.
El desarrollo de estas herramientas ha sido impulsado por equipos como el de Andreas Mund en la Universidad de Copenhague, quien junto a su grupo describió en 2022 la técnica de proteómica visual profunda.
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Este método inicia con una biopsia, seguida de un análisis digital detallado mediante microscopía avanzada e inteligencia artificial, que permite identificar y aislar células anómalas. Posteriormente, cada célula se analiza individualmente mediante espectrometría de masas, logrando una precisión capaz de detectar diferencias minúsculas en la composición proteica. “Utilizamos lo último y lo mejor del mercado”, afirmó Mund a New Scientist. El resultado es un perfil molecular exhaustivo que revela patrones de disfunción antes ocultos.

La aplicación de la multiómica espacial ya ha generado avances en el estudio del cáncer. En un trabajo reciente, el equipo de Mund analizó más de 8.000 proteínas en células de pacientes con cáncer de páncreas y donantes sanos, identificando señales tempranas de desarrollo tumoral, incluso en células que parecían normales bajo el microscopio.
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Estos hallazgos abren la puerta a la detección precoz mediante biomarcadores y al desarrollo de terapias dirigidas. Por su parte, Ernst Lengyel y su equipo en la Universidad de Chicago emplearon transcriptómica espacial para identificar mecanismos de evasión inmunológica en el cáncer de ovario, lo que permitió diseñar un inhibidor enzimático que, en modelos murinos, redujo el crecimiento tumoral al restaurar la respuesta inmune.
Primeros resultados en humanos
El caso de la TEN representa uno de los logros más notables de esta tecnología. Nordmann, en colaboración con Chao Ji de la Universidad Médica de Fujian, utilizó la proteómica espacial para descubrir que en los pacientes con TEN, la vía molecular del interferón estaba sobreactivada, desencadenando la destrucción de la piel sin que existiera una infección viral.
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El análisis reveló que la señalización JAK/STAT era la responsable de esta respuesta inmune descontrolada. Dado que ya existen fármacos que bloquean esta vía, empleados en otras enfermedades inflamatorias, el equipo decidió probarlos en un ensayo clínico.

En 2023, se llevó a cabo el primer ensayo en humanos, en el que 7 pacientes con TEN recibieron el tratamiento experimental: 30 días después, todos seguían con vida y sin efectos secundarios. Uno de los participantes, que había perdido el 35% de su piel, logró regenerarla casi por completo en apenas 16 días.
El tratamiento detuvo la muerte celular y promovió la recuperación cutánea en todos los casos. Aunque el estudio no fue controlado, ya que no se consideró ético administrar un placebo a pacientes en estado crítico, los resultados representan un avance sin precedentes. Nordmann expresó a New Scientist su convicción de que “en dos o tres años, este será el tratamiento estándar para esta enfermedad”.
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El impacto de la multiómica espacial se extiende más allá de la TEN. Instituciones como la Mayo Clinic han creado núcleos especializados para aplicar estas técnicas en el estudio de enfermedades cardiovasculares y autoinmunes, con la esperanza de identificar nuevas dianas terapéuticas y mejorar la prevención.
Frank Sinicrope, responsable del núcleo de multiómica espacial en la Mayo Clinic, se muestra optimista respecto a su potencial para abordar tumores sólidos y otras patologías complejas. No obstante, el alto costo y la sofisticación técnica de estas herramientas limitan por ahora su uso generalizado.
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