
A diferencia de la práctica popular de la meditación mediante aplicaciones móviles y ejercicios breves para calmar la mente, Matthew Sacchet, líder del grupo de investigadores de Harvard, aclara que esta modalidad representa solo el inicio de un recorrido mucho más extenso.
Estas palabras, que podrían solo ser eso, revelan que la meditación avanzada va mucho más allá de la reducción del estrés y la atención plena básica, ofreciendo una perspectiva diferente sobre el bienestar duradero y los estados de conciencia.
“Ha habido mucha investigación sobre mindfulness, generalmente definida como prestar atención de manera intencional y sin juzgar al momento presente, y cómo puede aplicarse para reducir el estrés y síntomas psicológicos como la ansiedad. Mucho menos se ha investigado lo que llamamos meditación avanzada, que implica un dominio más profundo y sostenido de la práctica, incluyendo estados mentales alterados y transformaciones de la experiencia consciente y las formas de ser”, explicó Sacchet. El equipo de Harvard busca entender hasta dónde puede llegar la meditación, más allá del mindfulness habitual.
Cambios cerebrales y experiencia emocional en meditadores avanzados

El estudio, realizado junto a instituciones como Massachusetts General Hospital, University of Arizona, Sorbonne University y el MIT, analizó literatura científica relativa a meditadores con al menos 1.500 horas acumuladas de práctica intensiva. Los resultados evidencian que la meditación a largo plazo modifica el procesamiento de sensaciones y emociones, impactando la experiencia cotidiana.
Estos cambios se asocian a diferentes sistemas cerebrales: la red de saliencia, la red de modo por defecto y la red afectiva, que incluye la amígdala —estructura central en la gestión del miedo, la ansiedad y la agresión.
Uno de los hallazgos más relevantes es que los expertos en meditación avanzada no recurren principalmente al control cognitivo “de arriba hacia abajo”, como se suponía. En su lugar, muestran una gestión cerebral más automática orientada a la información sensorial, lo que sugiere una respuesta emocional más intuitiva y eficiente.
Sacchet puntualizó: “La meditación avanzada es real en el sentido de que estas experiencias se corresponden de manera significativa con mediciones cerebrales, y son distintas de lo que se observa en personas bajo anestesia, dormidas o bajo el efecto de psicodélicos”, según reportó New Scientist.
Estados extremos y puntos finales meditativos

El análisis de la meditación avanzada ha permitido observar estados mentales extremos y los “puntos finales meditativos”. Entre estos destacan prácticas como la “absorción concentrativa avanzada”, que abarca desde el éxtasis hasta la ecuanimidad.
Durante estos estados, los investigadores identificaron un desplazamiento de la actividad cerebral desde las regiones frontales hacia las posteriores, coincidiendo con descripciones de los practicantes sobre una menor intervención del control voluntario y una percepción directa.
Estos estados alterados han arrojado luz sobre la naturaleza de la conciencia. Estudios de neuroimagen muestran que la noción del “yo” puede ser mucho más flexible de lo esperado. Un fenómeno destacado, el “cese de la conciencia”, se describe como un evento breve e intenso donde desaparece toda experiencia consciente.
Algunas tradiciones resaltan la ausencia de emociones negativas o la incapacidad de estas de provocar sufrimiento, y otras exploran la no-dualidad, donde se disuelve la distinción entre el “yo” y el “otro”.

Desafíos científicos y futuro de la meditación avanzada
Sacchet reconoce las dificultades para encontrar personas capaces de acceder de manera confiable a estos estados en entornos de laboratorio. El equipo dedica tiempo a preparar a los participantes antes de las sesiones de neuroimagen para minimizar imprevistos y asegurar la calidad de los datos.
Además, la naturaleza subjetiva de estas experiencias plantea desafíos metodológicos, aunque confían en la coherencia entre las declaraciones de los practicantes y los datos cerebrales obtenidos.
Uno de los objetivos a largo plazo del grupo de Harvard es democratizar el acceso a la meditación avanzada, facilitando los conceptos centrales y explorando vías para que más personas los adopten.
Esto podría lograrse mediante instrucciones verbales precisas o, en el futuro, con tecnologías de neuromodulación dirigidas a zonas cerebrales específicas. Sin embargo, el uso de neurotecnología plantea interrogantes éticos y técnicos aún por resolver, advirtió el equipo.
Profundizar en la comprensión de estos estados podría marcar un avance relevante para la ciencia y la humanidad, al abrir nuevas rutas para el bienestar y el conocimiento de la mente.
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