
Alice Charton, una maestra jubilada de 87 años que vive en las afueras de París, perdió la capacidad de leer y reconocer rostros durante años debido a la degeneración macular asociada a la edad, una enfermedad que afecta a unos 200 millones de personas y no tiene cura.
Su vida dio un giro cuando, tras someterse a un procedimiento experimental, recuperó parte de la visión gracias a un chip implantado en la retina. “Esto me devolvió la esperanza. Literalmente cambió mi vida”, relató Charton en un informe exclusivo de la revista TIME.
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Su experiencia ejemplifica cómo los chips médicos ya están transformando la medicina y permitiendo experimentar lo que podría ser el futuro del cuidado médico.
Avances actuales: chips que ya cambian vidas
El caso de la mujer jubilada forma parte de los ensayos clínicos pioneros en dispositivos implantados. El procedimiento, desarrollado por Science Corp., implementa un chip de 2 por 2 milímetros con 400 electrodos hexagonales directamente en la zona dañada de la retina.
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De esta manera, los pacientes utilizan gafas especiales equipadas con cámara, que captan imágenes y las transmiten al chip mediante impulsos infrarrojos, llevando la señal al nervio óptico y de ahí al cerebro.

Según datos recogidos por TIME, un ensayo clínico reciente publicado en el New England Journal of Medicine incluyó 38 pacientes europeos sometidos al procedimiento Prima. Tras la cirugía, cerca del 80% mejoró en pruebas de lectura y el 84% leyó letras, números y palabras en casa.
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Daniel Palanker, profesor de oftalmología e ingeniería eléctrica en la Universidad de Stanford y consultor del proyecto, subrayó: “Los pacientes con degeneración macular en nuestro ensayo clínico pudieron leer y escribir de nuevo, no solo letra por letra sino palabra por palabra”.
Los avances abarcan más que la visión. En enero de 2024, Neuralink, la empresa fundada por Elon Musk, implantó un chip cerebral en Noland Arbaugh a un joven de 29 años con cuadriplejia. Ahora controla un cursor y realiza actividades cotidianas con el pensamiento. Max Hodak, quien participó en la fundación de Neuralink antes de crear Science Corp, también trabajó en este logro.
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Otro caso es el de Ian Burkhart, paralizado de los codos hacia abajo a los 19 años. En 2014, Blackrock Neurotech implantó un chip cerebral que, junto con electrodos en su brazo y mano, le permitió recuperar movimiento y hasta tocar Guitar Hero.

Cómo funcionan los chips médicos y sus aplicaciones
La tecnología de chips médicos evoluciona rápidamente y es diversa. En la degeneración macular, el chip en la retina actúa como puente entre la cámara de las gafas y el cerebro, transmitiendo señales visuales que permiten recuperar parcialmente la visión central. El sistema emplea luz infrarroja, lo que evita interferir con la visión periférica residual.
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En el campo de los implantes cerebrales, las interfaces cerebro-computadora (BCI) permiten que personas con parálisis o pérdida del habla interactúen con dispositivos electrónicos solo con el pensamiento.
Empresas como Echo Technologies, dirigida por el neurocirujano Edward Chang, desarrollaron neuroprótesis que traducen la actividad cerebral en palabras escritas o habladas por un avatar digital. En 2023, se logró que un paciente bilingüe alternara entre inglés y español, y el sistema incluso logra reproducir emociones y expresiones faciales.
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El hardware varía según la aplicación. El Utah array, un chip de 4 por 4 milímetros con 100 microprobes, es estándar desde 2004 en las BCI, aunque algunas voces señalan que puede causar daño cerebral. Alternativas como las películas delgadas de Echo Technologies se colocan sobre la superficie cerebral, lo que reduce riesgos de lesión.

Futuro de la medicina: nuevas fronteras y potenciales aplicaciones
Las posibilidades que abren los chips médicos exceden la restauración de funciones perdidas. Science Corp trabaja en un modelo biohíbrido: el chip, con células madre, se integra con el tejido cerebral y crea conexiones con neuronas responsables del habla, la creatividad o la memoria.
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El fundador de la empresa, Max Hodak explicó: “Un chip con 100.000 electrodos podría generar hasta mil millones de sinapsis, permitiendo no solo introducir información en el cerebro, sino también extraer imágenes, sonidos o recuerdos”.
El sector de las BCI crece rápidamente. Según el Foro Económico Mundial, existen unas 680 empresas dedicadas a esta tecnología, con un mercado valorado en USD 1.740 millones en 2022 y proyecciones de alcanzar USD 6.200 millones para 2030.
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Asimismo, las aplicaciones futuras contemplan chips en profesionales de alto riesgo, como bomberos o militares, para acelerar la comunicación y toma de decisiones. Matt Angle, fundador de Paradromics, subrayó: “Las personas con implantes cerebrales podrán interactuar con la inteligencia artificial de formas que otros no pueden. Eso es, en cierto sentido, un superpoder”.
Se prevé que, a medida que los dispositivos se perfeccionen, personas sanas busquen también potenciar capacidades naturales, difuminando la frontera entre restauración y mejora humana.

Riesgos con desafíos y limitaciones actuales
Pese al avance, los chips médicos enfrentan retos técnicos, médicos y regulatorios. Las complicaciones más comunes son infecciones en el sitio del implante, fallos del dispositivo y encapsulamiento fibroso que inutiliza el chip.
El comentado paciente Ian Burkhart tuvo que retirar su implante tras 7 años por infecciones recurrentes y molestias con el puerto de conexión. “Me gustaría tener otro dispositivo, pero solo si fuera inalámbrico y no requiriera un puerto”, declaró.
La miniaturización y autonomía de los dispositivos sigue siendo un obstáculo. El sistema Prima, que permitió a Charton recuperar la lectura, depende de un procesador y batería alojados en un bloque de casi un kilo, lo que limita su uso cotidiano. Science Corp desarrolla una versión más compacta, todavía no disponible.
Sumado a que el costo supone otro límite: Hodak calculó que un implante Prima podría costar entre USD 100.000 y USD 200.000, reflejando los elevados gastos de desarrollo y comercialización. Además, la mayoría de los estudios se desarrollan bajo la exención de dispositivos en investigación de la FDA, lo que supone largos procesos de ensayo y aprobación.
En el caso de los modelos biohíbridos, existe el riesgo de que las células madre crezcan sin control y dañen el cerebro. Como medida de seguridad, el sistema incluye un “interruptor de apagado” basado en un fármaco antiviral capaz de eliminar las células implantadas si fuera necesario.

Debates éticos: entre fascinación y desinformación
El progreso de los chips médicos genera entusiasmo y preocupación social. Tras la aparición de las vacunas contra el COVID-19, emergieron rumores infundados sobre microchips, alentando temores de control mental y privacidad. Series como Severance. de Apple TV exploran la división de la mente laboral y personal a través de microchips y avivan el debate cultural.
Florian Solzbacher, cofundador de Blackrock Neurotech, relató a TIME que los investigadores reciben llamadas de personas convencidas de que les implantaron chips sin su consentimiento, lo que muestra la mezcla de fascinación y desinformación en torno a estas tecnologías.
El consentimiento informado es un tema delicado, sobre todo en pacientes con enfermedades neurodegenerativas. Solzbacher explicó que, en casos de síndrome de enclaustramiento, el consentimiento suele obtenerse antes de perder la capacidad de comunicarse, o mediante declaraciones anticipadas.
“Hay parámetros de rendimiento que pueden mejorarse y acelerarse”, afirmó el desarrollador, quien vislumbra aplicaciones en el ámbito militar y de emergencias, donde la velocidad puede ser vital.
De esta manera, TIME resaltó que la integración de chips informáticos en el cuerpo humano diluye las fronteras entre lo biológico y lo tecnológico, brinda beneficios tangibles y plantea interrogantes profundos sobre el futuro de la medicina.
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