La preocupación por el uso de la melatonina, uno de los suplementos para dormir más consumidos en Estados Unidos, aumentó tras la presentación de un estudio en la American Heart Association que sugiere una posible relación entre el uso prolongado de este compuesto y un mayor riesgo de insuficiencia cardíaca.
Según Cleveland Clinic, la melatonina es una hormona que produce la glándula pineal y regula el ciclo sueño-vigilia al indicar cuándo prepararse para descansar. La liberación de melatonina aumenta en respuesta a la oscuridad y disminuye con la luz, lo que facilita el ajuste del ritmo circadiano.
La melatonina sintética está disponible en suplementos, aunque no induce el sueño por sí misma, sino que señala al cuerpo que es momento de relajarse.

Sin embargo, expertos consultados por The New York Times recalcan que los resultados no demuestran causalidad y advierten sobre las limitaciones del estudio, pidiendo cautela antes de extraer conclusiones sobre el riesgo cardíaco vinculado a la melatonina.
Un estudio preliminar despierta inquietudes
El estudio, aún sin revisión por pares ni publicación formal, analizó los registros médicos de 130.828 adultos estadounidenses diagnosticados con insomnio durante cinco años. Según datos recopilados, la mitad de los participantes consumió melatonina durante al menos un año, mientras que la otra mitad no tenía constancia de uso del suplemento.
Los resultados mostraron que quienes tomaron melatonina presentaron un riesgo de insuficiencia cardíaca del 4,6%, frente al 2,7% en el grupo sin registro de consumo. Esto supone un 90% más de riesgo, más de 3,5 veces más hospitalizaciones y el doble de probabilidades de fallecimiento por cualquier causa. El estudio excluyó a personas con diagnóstico previo de insuficiencia cardíaca y a quienes utilizaban otros medicamentos para dormir.

Limitaciones y matices en la interpretación científica
A pesar del impacto de estas cifras, los especialistas citados por The New York Times subrayan que se trata de un estudio observacional, por lo que no permite establecer una relación de causa y efecto. El doctor Ekenedilichukwu Nnadi, autor principal, afirmó: “Lo que encontramos fue solo una asociación, no prueba de causalidad”, y advirtió sobre la posibilidad de que esta distinción se pierda en la interpretación pública.
El doctor Andrew W. McHill, investigador en ritmos circadianos de la Oregon Health & Science University, señaló que la investigación deja más preguntas que respuestas. Mientras que la doctora Phyllis Zee, especialista en sueño de Northwestern Medicine, destacó que el estudio no consideró la dosis de melatonina ni la gravedad del insomnio, factores que pueden influir en el riesgo cardíaco.
Además, el doctor Sujay Kansagra, de Duke Health, indicó que el riesgo absoluto seguía siendo bajo en ambos grupos y sugirió que la melatonina podría ser simplemente un espectador inocente.

Según el doctor Kansagra, “una explicación más probable de los resultados es que el insomnio, o una condición de salud que lo cause, podría ser el verdadero responsable”. Algunos participantes del grupo “no melatonina” sí podrían haber consumido el suplemento sin que quedara registrado, lo que dificulta la comparación entre ambos grupos.
Eficacia, alternativas y recomendaciones
En cuanto a la eficacia de la melatonina, la doctora Zee afirmó que “la melatonina no es más efectiva que un placebo para el insomnio” en la mayoría de los estudios. Al tiempo que el doctor McHill añadió que el suplemento puede ser útil para ajustar el horario de sueño en casos de desfase horario o cambios de turno, pero no constituye una solución eficaz para el insomnio crónico.
Los especialistas coinciden en que la melatonina actúa señalando al cerebro que se acerca la hora de dormir, pero no induce el sueño de manera directa.

Por ello, la mayoría de los expertos recomienda priorizar intervenciones como la terapia cognitivo-conductual, que ha demostrado mayor eficacia y seguridad a largo plazo, postura respaldada por la American Heart Association y el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos.
Un punto señalado por expertos consultados por The New York Times es que, en Estados Unidos, la melatonina se comercializa como suplemento dietético, por lo que no está regulada con los mismos estándares que un medicamento, donde suele requerir receta médica.
Estudios previos demostraron que la dosis real puede variar ampliamente respecto a lo que figura en la etiqueta, desde un 80% menos hasta más de cuatro veces la cantidad declarada, y en algunos productos incluso se detectó presencia de serotonina.

Esta falta de control añade incertidumbre sobre los riesgos reales del consumo prolongado, especialmente en personas con otras condiciones de salud o que toman medicación. El uso también aumentó de forma significativa entre niños y adolescentes, y los centros de toxicología registraron un incremento de casos por ingesta accidental.
De todas maneras, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) no ha emitido advertencias ni restricciones tras la publicación del estudio, aunque recomienda consultar a un profesional sanitario antes de iniciar o mantener la suplementación, especialmente en personas con antecedentes cardíacos.
Por su parte, el Consejo para la Nutrición Responsable (CRN) subrayó a Fox News que el insomnio crónico ya incrementa el riesgo cardíaco y aconseja limitar el uso de melatonina a situaciones ocasionales y bajo supervisión médica.
En el escenario de una sociedad que busca soluciones rápidas para dormir mejor, los expertos recuerdan que las estrategias realmente eficaces, como la terapia conductual y la adopción de hábitos saludables, implican un compromiso mayor que simplemente recurrir a un suplemento. Aunque la melatonina sigue siendo de acceso libre en muchos países, la discusión científica permanece abierta y su consumo debería evaluarse críticamente bajo supervisión especializada.
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