
Luis Ignacio García parte de una saturación, la de este “festival de diagnósticos, balances e imprecaciones en que se ha convertido nuestro presente”: una superposición de fragmentos residuales que hacen de la incertidumbre el único paisaje posible. ¿Cómo desentramar esa imposibilidad? Fascismo cosplay, su nuevo libro, editado por el sello Caja Negra bajo el subtítulo de “Crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino”, es la forma que encontró para barajar las cartas de la realidad y mirarlas de nuevo.
Fue a principios de 2024, meses después de la llegada del nuevo gobierno, cuando este Doctor en Filosofía, investigador del Conicet y profesor universitario cordobés comenzó a postear reflexiones en Instagram de no más 2200 caracteres en diálogo con una imagen y en “exposición a los circuitos tortuosos del like”. Poco a poco se volvió una serie que a finales de 2025 se hizo libro. Descartó algunos, escribió otros que no fueron posteados, y así se completó el sentido de artefacto ensayístico.
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“Surgió como un exorcismo cotidiano, un conjuro, el diario de la consternación”, dice del otro lado del teléfono. “Instagram era la red en la que me sentía más cómodo. Había algo caduco en Facebook y algo que me superaba en X. Esta cosa medio íntima y pública que tienen las redes, esa zona intermedia, habilitó el procesamiento de lo que estaba pasando, el desconcierto interno”, agrega. Este viernes presenta el libro en JJ Circuito Cultural (Jean Jaures 347, CABA), con la participación de Ana Longoni, Natalí Incaminato y Diego Sztulwark.

Saturación, desconcierto, procesamiento. Uno de los primeros subrayados inevitables del libro —159 capítulos, o ensayos breves, en 223 páginas— es este: “Cuanto más rápido vamos, menos nos movemos”. “Me interesan las tensiones y las paradojas. Como el vínculo entre un tiempo en el que podemos como nunca pudimos y sin embargo la impotencia es lo que marca la época: un tiempo de poderes desencadenados y desatados y a la vez de impotencia total para pensar modelos sociales alternativos”.
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El método de indagación parece ser el de Leónidas Lamborghini: “Asimilar la distorsión y devolverla multiplicada”. Tomarse toda la confusión y que las ideas broten de las gárgaras. “La relación entre ruido y silencio”, dice. “El ruido ambiente de las redes, más que colaborar a la articulación de la palabra, redunda en la imposibilidad de decir. En la temporalidad, algo central en el libro, está el diagnóstico de este hipermovimiento que nos mantiene quietos. La saturación termina redundando en una cancelación”, agrega.
García cita a Steve Bannon, ex Estratega Jefe de la Casa Blanca de Donald Trump, y en su famosa frase de “inundar la zona de mierda” (flood the zone with shit): “Para ir en contra de algún tipo de idea o creencia social no se necesita refutar, sino que quede inundada en un conjunto de opiniones, de desmesuras y de excesos verbales. Lo que hace no es tanto desarticular los argumentos del enemigo, sino desarticular la gramática del diálogo compartido, que es muy distinto y mucho más grave”.
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El libro lleva el título de uno de los ensayos. La oleada mundial de ultraderecha como “fascismo cosplay”, collage entre lo terrible y lo banal, entre lo siniestro y lo frívolo, en un “devenir drag” y una efectiva “autoparodia”. ¿Qué hay bajo la máscara de esta política que se presenta como jocosa, épica, cruel? La operación, dice ahora García, es “presentarse como una máscara del fascismo para dejar en claro que no es fascismo e inscribir de manera más eficaz repertorios fascistas en la circulación social”.

Así se acelera la confusión, en esa tensión constante y arrebatada, y es ahí donde el libro se lanza a navegar la tempestad. “La pregunta también es: ¿respondemos o lo dejamos pasar? Si respondemos, entramos en la lógica de ellos. Si lo dejamos pasar, ellos avanzan. En esa doble oscilación intenté capturar lo que estaba sucediendo", dice y agrega: “Ese fascismo cosplay que de alguna manera esconde sus estrategias en un gesto autoirónico o autoparódico los convierte en imitación de sí mismos”.
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“¿Te acordás del saludo “nazi” de Elon Musk? ¿O la escena en el Salón Oval entre Trump y Mamdami? Cuando el presidente recibe al nuevo alcalde de Nueva York, una periodista le dice: ‘usted dijo que Trump era fascista’. Ante la incomodidad, Trump le da a Mamdani un golpecito sobre la espalda y le dice: ‘decile que soy fascista, no pasa nada’. ¿Qué pasa con esos fascistas que no tienen problema en decir que son fascistas? En ese juego irónico parece estar avanzando el presente“, asegura.
Ahora aparece Agustín Laje. “Él había dicho que durante años, con el consumo irónico en las redes, fueron abriendo la famosa ventana de Overton: los umbrales de lo decible y de lo tolerable en el discurso social”, dice y agrega: “Lo que yo sugiero es que, como la situación es bien paradójica, hay que saber agarrarla por los distintos lados, porque efectivamente tienen algo de fantoche, algo de fake. El carácter fake de este fascismo es el que le permite medrar en un tiempo completamente escéptico y descreído”.
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Lo interesante de Fascismo cosplay es que alumbra toda la escena, su desparpajo, sus enredos, sus trucos, sus tensiones. “Me resistía a que fuese otro libro más sobre Milei, no solo por los muchos libros que ya salieron y que constituyen una biblioteca al respecto, sino también porque francamente considero que lo tenemos que intentar entender en última instancia es lo que va a permanecer más allá de este gobierno puntual: ese conjunto de condiciones que lo hicieron posible”.
Si estos liderazgos están determinados por el “contexto de crisis de la representación”, entonces “más que representar una realidad rota, es parte de la realidad rota. Lo vimos en el debate presidencial, donde estaban los dos modelos: el político profesional versus el modelo del roto que se expone. La idea de un lumpen en el poder“. Y por otro lado, señala García, ”la figura del influencer": “¿Podemos hablar de carisma? ¿Qué tipo de magnetismo genera?”
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Entonces aparece, desde luego, la pregunta por el futuro, por el después, porque siempre existe un después. “Imaginar no es especular”, escribe García. “Necesitamos más materialismo somático y menos realismo especulativo: menos prometeísmo de izquierda y más imaginación crítica”, continúa en el texto. Ahora, en el cierre de esta conversación, dice que este presente, esta “salida exasperada de las clases dominantes ”es “una salida de emergencia”: “Nunca el fascismo fue una primera opción”.
“Estas formas extrañas que estamos viviendo, donde el caos es la estrategia pero las fuerzas siguen siendo las del orden, fuerzas de afirmación de modelos estabilizables de acumulación del capital. Esta inestabilidad geopolítica generalizada es una fuga hacia adelante frente a la crisis que se viene arrastrando desde el 2008. Yo no creo que esto logre estabilización, porque de hecho está basado en la inestabilización permanente de la sociedad, de la política, incluso de la salud mental de poblaciones enteras”, sostiene.
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“Yo a lo que aspiro es a que situación extrema una a las fuerzas opuestas a este liberalismo desquiciado que estamos viviendo, a plantearse seriamente la necesidad de una alternativa a las formas capitalistas de acumulación. Efectivamente estamos en un momento crítico”, dice García y plantea la novedad: si la crisis del 30 dio lugar al Estado de Bienestar, la crisis de los 70 dio lugar al neoliberalismo, ahora “la crisis del 2008 dio lugar a más neoliberalismo: no dio lugar a una opción, sino a una aceleración”.
Vivimos en un “paréntesis extraño”, dice García, que va de 1989, la caída del Muro de Berlín, hasta el presente. “Eso va a explotar porque no hay humanidad ni planeta posibles que se sostengan bajo estas condiciones”. El investigador se pregunta si surgirán “modelos capaces de construir colectivamente algo opuesto al capitalismo, eso que la izquierda y los progresismos no terminan de ofrecer”. Lo cierto, insiste, es que “no podemos pensar formas sustentables de convivencia bajo estos parámetros”.
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*Luis Ignacio García presenta Fascismo cosplay en diálogo con Ana Longoni, Natalí Incaminato y Diego Sztulwark, este viernes en JJ Circuito Cultural (Jean Jaures 347, CABA) con entrada libre y gratuita.
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