
El sueño es una función esencial para el bienestar físico y mental. Durante esas horas de descanso, el cuerpo se recupera y el cerebro organiza experiencias, emociones y aprendizajes.
Cada ciclo de descanso encierra exploraciones en lo desconocido, mostrando que el sueño, mucho más que un simple paréntesis diario, es un componente fascinante de la vida humana.
Un informe de Healthline indica que, aunque la experiencia subjetiva puede hacernos sentir que hemos vivido largas historias oníricas, la mayoría de las personas sueña en total alrededor de dos horas cada noche, repartidas en varios episodios de entre 20 y 30 minutos cada uno.

Estos sueños, que suelen ser más vívidos y memorables durante la fase de REM, forman parte de un proceso cerebral complejo que aún guarda muchos misterios.
A lo largo de una noche típica, los expertos estiman que una persona atraviesa entre cuatro y seis ciclos de sueño, y en cada uno puede experimentar al menos un sueño.
Instituciones como la National Sleep Foundation y el National Institutes of Health coinciden en que el tiempo total dedicado a soñar ronda las dos horas por noche, aunque la cantidad y duración de los sueños pueden variar según el patrón de sueño de cada individuo.

El sueño humano se compone de cuatro etapas: tres de sueño no REM (NREM) y una de sueño REM (movimiento ocular rápido).
Aunque los sueños pueden ocurrir en cualquier fase, la mayoría de los denominados como intensos y narrativos se producen durante el REM, que se caracteriza por una intensa actividad cerebral y la parálisis temporal de los músculos principales.
La percepción subjetiva del tiempo en los sueños puede diferir de la duración real. Estudios han demostrado que, en general, el tiempo que sentimos que transcurre en un sueño se asemeja al tiempo real, aunque existen excepciones.
Según Healthline, los especialmente extraños o las experiencias de sueño lúcido pueden parecer más largas de lo que realmente son. Una de las teorías sugiere que la actividad cerebral durante la fase REM es más lenta debido a una menor temperatura cerebral, lo que podría hacer que las escenas oníricas se desarrollen a un ritmo más pausado.

Otra hipótesis plantea que, al estar los músculos paralizados, el cerebro simula el esfuerzo físico de ciertas acciones y asigna más tiempo a aquellas que considera más demandantes.
Medir con precisión la duración de los sueños representa un desafío para la ciencia. La mayoría de los estudios se basa en los relatos de las personas al despertar, lo que introduce un margen de error debido a la fragilidad de la memoria onírica.
Según National Sleep Foundation, solo alrededor del 80% de quienes son despertados durante el sueño REM logran recordar sus sueños. En la vida cotidiana, los adultos jóvenes recuerdan sus sueños apenas una o dos veces por semana.
Herramientas como la resonancia magnética han permitido a los investigadores asociar patrones de actividad cerebral con el contenido de los sueños, aunque la correspondencia no resulta exacta.

Esta actividad cerebral durante el sueño ha revelado hallazgos singulares. Por ejemplo, algunas personas, especialmente quienes crecieron viendo televisión en blanco y negro, tienden a soñar en escala de grises. Además, los sueños parecen cumplir funciones relacionadas con la consolidación de la memoria, la creatividad y la regulación emocional.
Estudios sugieren que el sueño REM favorece la resolución creativa de problemas y ayuda a procesar emociones intensas, lo que puede influir en el estado de ánimo del día siguiente.
A pesar de estos avances científicos, los sueños siguen siendo un fenómeno enigmático. Y, mientras el cerebro continúa desarrollando este proceso cada noche, su propósito último todavía no ha sido totalmente descifrado.
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