
Este es el tiempo histórico en el que se define la libertad o la repetición del oprobio para los pueblos de las Américas. Esa definición está en el futuro de Cuba, hoy aún sometida por el régimen de delincuencia organizada más antiguo y exitoso de la región. La libertad de Cuba marcará el futuro de todo el hemisferio occidental. Si de cualquier forma sale el dictador pero no la dictadura nada habrá cambiado, pero si la dictadura termina, la libertad del pueblo cubano, la seguridad de los Estados Unidos y de las Américas estarán aseguradas por la próximas generaciones.
El Interamerican Institute for Democracy es un centro de pensamiento pluralista y no proselitista de los Estados Unidos que trabaja desde hace casi dos décadas en la promoción, defensa y sostenimiento de la libertad, la democracia, los derechos humanos y la institucionalidad en las Américas. Realiza estudios, foros, conferencias, coloquios y varias formas de investigación social y política, con un Fono Editorial que ha publicado más de 100 libros en inglés y español. En ese ámbito, acaba de realizar el Foro “Quo Vadis Cuba 2026” con líderes, académicos, empresarios, políticos, artistas, periodistas y ciudadanos cubanos que viven en Cuba y que forman parte del exilio de 67 años.
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Pese a la diferencia de formación, de generación, de condición social y de posición económica y política, la opinión de la sociedad civil de Cuba es uniforme expresando la urgencia y la extraordinaria oportunidad de terminar con la dictadura que los oprime. Terminar en el concepto exacto de “acabar, finalizar, concluir, ultimar, finiquitar, liquidar, cesar, expirar, agotar, interrumpir…”, esto es cambio real, no más de lo mismo bajo ninguna forma, presentación, ni simulación.
La nuevas generaciones de cubanos, los nacidos bajo el régimen castrista que fueron educados en método de adoctrinamiento bajo la narrativa de la llamada revolución, repudian sostenida y uniformemente el régimen y claman “patria , vida y libertad”. Todos esperan que cese el sistema de “terrorismo de Estado” que los somete desde hace 67 años con la tolerancia, complicidad o implicación de los gobiernos del mundo que han hecho de la “cuestión cubana” un elemento de ajuste político en el frágil equilibrio con el crimen organizado transnacional y la protección o activación del terrorismo.
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La dictadura de Cuba se ha sostenido hasta aquí con una extensa red de complicidades y amenazas que han subordinado la conducta de las democracias de las Américas y del mundo. Vendiendo la imagen de cuasi eternidad, de una dictadura sin determinación de tiempo, ha usado y usa el haber sobrevivido, manipulado y superado 13 presidentes de los Estados unidos, incluyendo Trump 45, exponiendo su experticia para controlar crisis y superarlas.
Gobiernos latinoamericanos que se le han opuesto han sido víctimas de calentamiento de la calle, conspiraciones, aparición de subversiones, instalación de guerrillas, terrorismo, secuestros, atentados, asesinatos, todo tipo de desestabilizaciones internas, derrocamientos, asesinato de reputación y campañas de desprestigio. Líderes que han señalado la naturaleza criminal, narcotraficante y terrorista del régimen cubano han sufrido conspiraciones, derrocamientos, agresiones y persecuciones constantes.
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La dictadura de Cuba ha operado conspiraciones, golpes de estado, toda forma de derrocamientos, promovido candidatos y financiado elecciones, logrando presidentes y gobiernos subordinados, los gobiernos “para dictatoriales” que hoy se muestran en Brasil con Lula, México con Sheinbaum, Colombia con Petro y España con Sánchez, y que pasaron en Argentina con los Kirchner, Paraguay con Lugo, Chile con Boric y Honduras con Castro. Ha formado “grupos internacionales” como el Foro de Sao Paolo, el Grupo de Puebla y más. Ha disfrazado el crimen de izquierda y/o convertido la izquierda en crimen.
Quienes se han acomodado a la oferta de la diplomacia castrista de “ser amigos para no tener problemas” han pasado gestiones sin sobresaltos pero con la ignominia del entreguismo. Aquellos que se han integrado al sistema poniendo a su servicio su política exterior, entregando recursos con contrataciones espurias de personal esclavo y siguiendo sus lineamientos, han gozado de su gratitud y protección permanente, como en la mafia, porque la dictadura de Cuba es jefe de la mafia más exitosa, organizada como socialismo del siglo 21 o castrochavismo que suplantó la política con narrativa de revolución y discurso antimperialista.
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Con la “Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos”, con la “Lanza de Sur”, con su operador en Venezuela convertido en el “reo Nicolas Maduro”, con el Escudo de la Américas y la nueva realidad geopolítica regional y mundial, la dictadura de Cuba está probada como el centro de agresión permanente. Por eso está bajo ultimátum de Estados Unidos, pero maniobra para “ceder espacio a cambio de tiempo” con la esperanza de que Trump 47 pueda ser el 14 presidente norteamericano al que manipularon y de esa manera probar la eternidad dictatorial que presumen y venden.
Solo la terminación de la dictadura de Cuba es la libertad para el pueblo y la seguridad para los Estados Unidos y para el hemisferio occidental. Cualquier otra opción no es libertad ni seguridad, es continuismo del crimen organizado transnacional que hoy puede y debe ser derrotado definitivamente.
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*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Demoracy
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