
“El sello distintivo de la variante Delta es su alto grado de transmisibilidad”, aseguró Pei-Yong Shi, virólogo de la Universidad de Texas en Galveston. Y con esa “velocidad natural” es capaz de modificar un aminoácido en la proteína de pico del SARS-CoV-2, conocida como espiga S o spike. La misma molécula viral responsable de reconocer e invadir (y enfermar) a las células del organismo.
Delta no fue la primera variante del SARS-CoV-2 en modificarse y alterar la forma en la que se replica. La variante Alfa (originada en el Reino Unido) también registra un cambio de aminoácidos, pero es diferente a Delta. La evidencia disponible sugiere que el efecto de la mutación ha sido especialmente profundo en Delta.
Un artículo difundido recientemente en Nature relevó una serie de publicaciones que analizaron el comportamiento de la variante identificada por primera vez en India. Una de las claves es aquello que los científicos llaman el virus preactivado, es decir, que se propaga más rápido al ingresar al organismo humano. Además, descubrieron que la proteína espiga SARS-CoV-2 se corta de manera mucho más eficiente en las partículas de la variante Delta que en las partículas Alfa. Los científicos retomaron así resultados informados en mayo por la viróloga Wendy Barclay del Imperial College de Londres.

Los especialistas llaman a este cambio P681R y ocurre dentro de la proteína pico del SARS-CoV-2. La presencia de esta cadena corta de aminoácidos alertó a los científicos cuando el virus fue identificado por primera vez en China. Pues estaba asociada con una mayor capacidad infecciosa en virus como la influenza, pero no se había encontrado previamente en otros sarbecovirus, la familia de coronavirus a la que pertenece el SARS-CoV-2.
“Creo que el virus está teniendo éxito en volumen y velocidad”, aseguró Gary Whittaker, virólogo de la Universidad de Cornell en Nueva York. El científico señaló que esta nueva variante (Delta) es “mucho más eficiente, atraviesa a las personas y a las células mucho más rápido“.
El vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana Infectología Pediátrica, Roberto Debbag, explicó a Infobae que la fuerza de Delta radica no solo en la mutación de la llamada espiga S, que le da “potencialmente una mayor transmisibilidad por mayor replicación viral”.

El infectólogo Debbag sostiene que hay otros factores que también influyen en la rapidez con la que circula esta variante. Entre esos factores se destacan las poblaciones no vacunadas y el tipo de huésped. Un esquema de vacunación completo, con la aplicación de las dos dosis, es fundamental para retrasar y frenar su alta circulación.
En la Argentina se detectaron 174 casos de la variante Delta hasta el momento. La ministra de Salud Carla Vizzotti alertó que “se sigue vigilando la circulación, que todavía no es predominante, pero ya está “cerquita” de ser comunitaria”.
La comunidad científica sigue acumulando evidencia sobre que el cambio en un aminoácido es una característica distintiva de Delta, pero resaltan que es poco probable que sea la única mutación responsable de la intensa propagación de la variante. “Es muy simplista decir que es solo este cambio. Creo que es la suma de todo“, dice Teresa Aydillo-Gomez, viróloga de la Escuela de Medicina Icahn en la ciudad de Nueva York.

Recientemente, la patóloga pediatra argentina Marta Cohen -oriunda de La Plata- que actualmente trabaja en el Hospital de Niños de Sheffield, Reino Unido, brindó a Infobae algunas precisiones acerca de lo que debemos saber sobre la variante del coronavirus que tanto afecta al mundo y por la que en nuestro país están encendidas las alarmas.
La especialista dio tres datos clave para comprender la variante Delta: Por un lado “el tiempo de incubación promedio es menor a cuatro días; que la mayoría presenta una carga viral 1.260 veces superior que con variante inicial de Wuhan; y que más del 50% de los infectados contagan antes de tener síntomas, según investigadores en Guangdong, China, que estudiaron 167 contactos de pacientes con COVID-19 con la variante Delta”.
“Esto determina que el aislamiento de estos pacientes debe ser temprano”, destacó la científica que a lo largo de los últimos meses, y a través de videos propios publicados en las redes sociales, brinda información clave tanto sobre los métodos de prevención de contagios como de los avances de las vacunas.

Entrevistado en exclusiva recientemente por Infobae, William Haseltine, exprofesor de la Escuela de Medicina de Harvard y fundador de los departamentos de investigación de cáncer y VIH/SIDA de esa universidad, aseveró: “No me imagino un final de la pandemia de COVID-19. No solo hay un reservorio humano, sino que ahora hay reservorios animales en todo el mundo”.
“Los ciervos están infectados en un 40%, los ratones de campo están muy infectados, y nuestros perros y gatos también. Aún queda por ver qué más está infectado, pero probablemente sea mucho”, añadió.
Según el científico, empresario, autor y filántropo norteamericano, “esto se dirige a una enfermedad endémica. Cuando era niño aprendí que la esperanza es el remedio que te hace sentir bien por todos los demás males. Pero hay otra forma de verlo: la esperanza es el último mal como prevención para protegerse de los otros males. Es un arma de doble filo y puede evitar que hagas lo que debes hacer. Tuvimos la esperanza de que el virus no saliera de China, de que no se transmitiera por el aire, de que se debilitaría o desaparecería en el verano y de que no cambiara. También tuvimos la esperanza de que que las vacunas nos protegieran de la infección, de la transmisión, de la enfermedad y de la muerte. Los hechos nos han demostrado que debemos tener más que esperanza”.
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