
El hígado participa de forma continua en la digestión, el almacenamiento de nutrientes y eliminación de sustancias. La frecuencia con que se consumen ciertos alimentos puede elevar el riesgo de enfermedad hepática, sobre todo dentro de un patrón alimentario sostenido en el tiempo.
La enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés) ocurre cuando hay acumulación de grasa en el hígado junto con al menos un factor de riesgo cardiometabólico. Puede avanzar hacia inflamación, fibrosis, cirrosis o cáncer hepático.
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Las guías de la Asociación Europea para el Estudio del Hígado, la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes y la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad recomiendan mejorar la calidad de la dieta, sumado a limitar los ultraprocesados, bebidas azucaradas y carnes procesadas.
1. Las bebidas azucaradas

Los refrescos, bebidas deportivas, algunos jugos y preparaciones de café endulzadas concentran azúcares añadidos. Whitney Stuart, nutricionista dietista registrada y educadora certificada en diabetes, explicó al sitio especializado en alimentación EatingWell que bebidas con fructosa añadida pueden favorecer:
- La producción de grasa en el hígado
- La inflamación
- La resistencia a la insulin
El Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos aconseja evitar alimentos y bebidas con grandes cantidades de azúcares simples, en especial fructosa. Entre las fuentes habituales menciona los refrescos, las bebidas deportivas, los tés endulzados y los jugos. Como alternativa, recomienda optar por agua sin azúcar.
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2. Las papas fritas

Las frituras suelen combinar una elevada densidad calórica con grasas saturadas. En el caso de las papas fritas, la cocción a alta temperatura puede generar acrilamida.
Las investigaciones de laboratorio y en animales relacionaron la exposición habitual a ese compuesto con inflamación, estrés oxidativo y acumulación de grasa hepática, aunque la prueba clínica sigue sin ser concluyente.
Andy De Santis, nutricionista dietista y especialista en salud pública, indicó que la genética puede influir. Pero también indicó que la resistencia a la insulina y desequilibrios del microbioma también son impulsores relevantes de la enfermedad hepática.
Las guías europeas asocian el exceso de grasas saturadas y ultraprocesados con el riesgo de MASLD; hornear o cocinar con aire caliente evita la inmersión en aceite.
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3. Las carnes procesadas

Panceta, embutidos, salchichas y fiambres integran el grupo de carnes procesadas. Lauren Manaker, nutricionista dietista registrada, señaló a EatingWell que estos productos pueden ir en contra de la salud hepática.
La nota citó una investigación en casi 1.000 adultos en la que el grupo con mayor consumo de carne roja o procesada tuvo cerca de tres veces más probabilidades de padecer enfermedad por hígado graso que el de menor ingesta.
Las recomendaciones de la EASL, la entidad europea especializada en hígado, incluyen minimizar las carnes procesadas y priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados. Para variar las fuentes de proteínas, pueden considerarse pescado, aves sin procesar y legumbres, dentro de una alimentación adecuada a las necesidades de cada persona.
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4. El pan blanco y otros refinados

El pan blanco, el arroz blanco, la pasta refinada, los productos de pastelería y las galletas contienen menos fibra que sus versiones integrales. El instituto estadounidense recomienda priorizar alimentos con índice glucémico bajo, como la mayoría de las frutas, las verduras y los granos integrales.
También advierte que productos como el pan blanco, el arroz blanco y las papas pueden elevar en mayor medida la glucosa en sangre.
La fuente consultada también informó que una investigación con más de 12.000 adultos chinos vinculó el mayor consumo de carbohidratos refinados con un aumento del riesgo de MASLD. Reemplazar una parte de los refinados por granos enteros permite incrementar la fibra sin eliminar por completo los carbohidratos de la alimentación.
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5. El alcohol

A diferencia de los grupos anteriores, el alcohol puede ocasionar enfermedad hepática por sí mismo y agravar la MASLD. Al metabolizarse, genera compuestos tóxicos para el hígado; con el consumo crónico, el daño puede hacerse irreversible.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye a las enfermedades del hígado entre las afecciones vinculadas al alcohol. Señala que la sustancia es un carcinógeno establecido que incrementa, entre otros, el riesgo de cáncer hepático.
Las pautas europeas indican que las personas con fibrosis avanzada o cirrosis deben suspender el alcohol completa y permanentemente. Ante resultados alterados en análisis hepáticos, síntomas o dudas sobre el consumo, la evaluación de un profesional de salud permite definir los pasos a seguir.
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