Cuáles son los beneficios menos conocidos de las uvas para el organismo, según la ciencia

Más allá del sabor y la hidratación, esta fruta concentra compuestos vegetales estudiados por su posible aporte a la salud cardiovascular, digestiva y muscular

Mujer joven de cabello rizado sonríe mientras come un racimo de uvas moradas en un viñedo al atardecer, con iconos digitales de moléculas y escudos.
Las uvas aportan antioxidantes, fibra, potasio y energía para la actividad física, en especial cuando se consumen con piel y semillas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Las uvas forman parte de la alimentación humana desde los primeros cultivos de la vid en Medio Oriente y, además de su uso en vinos, jugos y conservas, concentran compuestos de interés nutricional. El consumo de uvas, sobre todo con piel y semillas, aporta fibra, potasio y polifenoles asociados a actividad antioxidante, según información de Sport Life y una revisión científica publicada en la revista Nutrients.

La fruta contiene azúcares naturales, principalmente fructosa, por lo que puede aportar energía antes o después de la actividad física. Su composición también incluye vitaminas C, A, K, folato y otras del grupo B. Sin embargo, sus beneficios no dependen de un único componente: la combinación de nutrientes y sustancias vegetales explica el interés que despierta en la investigación sobre alimentación y salud.

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La piel concentra buena parte de los compuestos antioxidantes

El color de las variedades rojas, violetas y negras está vinculado con las antocianinas, pigmentos pertenecientes al grupo de los flavonoides. Junto con el resveratrol, los taninos y diversos ácidos fenólicos, estas sustancias han sido estudiadas por su potencial acción antioxidante y antiinflamatoria.

Un racimo de uvas oscuras cuelga de una rama entre hojas verdes de vid en un viñedo con fondo desenfocado.
La fruta contiene azúcares naturales, principalmente fructosa, y puede aportar energía antes o después del ejercicio (Imagen Ilustrativa Infobae)

La revisión de Nutrients, titulada Recent Advances and Uses of Grape Flavonoids as Nutraceuticals, señala que los flavonoides son el grupo más abundante y analizado entre los polifenoles de la uva. La literatura científica examinada por sus autores atribuye a estos compuestos actividades antioxidantes, cardioprotectoras, antimicrobianas, antivirales y neuroprotectoras en distintos estudios.

No obstante, esos hallazgos no implican que la fruta prevenga o trate por sí sola enfermedades. Los efectos observados pueden variar según la cantidad consumida, el tipo de uva, la alimentación general, el estado de salud de cada persona y la forma en que el organismo absorbe esos compuestos.

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La piel, también llamada hollejo, reúne una parte relevante de la fibra y de los pigmentos antioxidantes. Por esa razón, las uvas enteras ofrecen una composición diferente de las versiones peladas. Las semillas, cuando están presentes, suman fibra, vitamina E y ácidos grasos.

Las variedades oscuras tienen más antocianinas y resveratrol

Las uvas verdes y las oscuras comparten nutrientes básicos, aunque presentan diferencias en sus fitoquímicos. Las de tonos rojos o negros suelen contener una mayor concentración de antocianinas y resveratrol, debido a los pigmentos que les dan color.

Racimo de uvas rojas recién lavadas con pequeñas gotas de agua visibles en su piel, sobre un paño blanco y una tabla de madera.
Las uvas de tonos rojos o negros suelen contener una mayor concentración de antocianinas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las uvas claras, por su parte, pueden resultar más dulces según la variedad y el grado de maduración. La elección entre unas y otras puede responder al gusto personal, aunque alternar colores permite diversificar los compuestos de origen vegetal incorporados a la dieta.

El potasio es otro de los nutrientes que aporta esta fruta. Se trata de un mineral necesario para funciones como la contracción muscular y el equilibrio de líquidos. Durante el ejercicio y la sudoración se producen pérdidas de agua y electrolitos, por lo que una alimentación variada ayuda a reponerlos. Las uvas pueden integrarse en ese esquema, aunque no reemplazan la hidratación ni las recomendaciones específicas para entrenamientos prolongados o de alta intensidad.

Su contenido de agua también contribuye a la ingesta total de líquidos, mientras que la fibra puede favorecer la función intestinal. Como ocurre con otras frutas, el efecto digestivo depende de la cantidad, la tolerancia individual y el resto de la dieta.

Las pasas aportan energía concentrada para actividades prolongadas

Al perder agua durante el secado, las pasas concentran el azúcar natural de la uva y elevan su densidad calórica por porción. Por ello, las uvas desecadas pueden funcionar como una fuente práctica de carbohidratos durante caminatas, ciclismo u otras actividades de resistencia, siempre que se ajusten a las necesidades de cada persona.

Su tamaño y conservación facilitan el transporte, una ventaja para quienes necesitan una colación fuera de casa. Aun así, la concentración de azúcares exige moderación, especialmente en personas con diabetes o con indicaciones médicas para controlar la glucosa. En esos casos, conviene consultar a un profesional de salud o nutrición sobre las porciones adecuadas.

Un cuenco de madera con uvas pasas oscuras y doradas sobre un paño de arpillera y una mesa.
Las pasas concentran carbohidratos y energía por la pérdida de agua, por lo que pueden funcionar como una opción práctica en actividades de resistencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

La información recogida por Sport Life también menciona estudios que vinculan el consumo de pasas con una reducción de bacterias relacionadas con la placa dental. Ese tipo de resultados debe interpretarse dentro de un cuidado bucal integral, que incluye cepillado con pasta fluorada, hilo dental y controles odontológicos.

La fruta entera permite aprovechar mejor su composición

Consumir uvas con piel y, cuando sea posible, con semillas permite conservar componentes que se eliminan en las presentaciones procesadas. Esto no significa que una variedad sin semillas o pelada carezca de valor nutricional: sigue aportando agua, carbohidratos y micronutrientes. La diferencia está en la proporción de fibra y polifenoles disponibles.

Las personas con dificultades para masticar, los niños pequeños y quienes presentan riesgo de atragantamiento deben consumirlas con precaución y en formatos adecuados. Cortarlas longitudinalmente es una medida habitual para reducir ese riesgo en niños.

Dentro de una alimentación equilibrada, las uvas pueden ser una alternativa de fruta fresca o desecada con aporte energético y compuestos vegetales. Su consumo no sustituye tratamientos médicos ni garantiza la prevención de patologías cardiovasculares, cáncer, diabetes o infecciones, áreas en las que la investigación sobre polifenoles continúa en desarrollo.

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