Rafael Ferro dejó una de las anécdotas más particulares de su visita a Otro Día Perdido, cuando contó cómo sus hijos le pusieron freno a su etapa de ponchos, tambores y ceremonias con ayahuasca. El actor llevó a Mario Pergolini desde los recuerdos de su infancia, marcada por videntes y tarotistas, hasta una escena doméstica que terminó con una definición demoledora: “Vos no te estás convirtiendo en un chamán, sos un mamarracho”.
La conversación comenzó de manera distendida, aunque Ferro enseguida dejó en claro que en su familia las situaciones fuera de lo común no eran precisamente excepcionales. Mientras el actor intentaba contar que lo estaban cargando por un instrumento, el conductor lo interrumpió con un no rotundo. “¡No! No, no”, respondió Pergolini, antes de que Ferro lograra completar la idea y mencionara a un “hechicero”.
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A partir de ahí, Pergolini recordó una historia que, según dijo, ya conocía. El conductor deslizó que Ferro quizá se la había contado en una conversación privada, una madrugada, cuando le habría advertido que no fuera a su casa porque sus padres estaban involucrados en “una cosa rarísima”.
Ferro intentó defenderse con humor. “Pero viste que uno dice cualquier cosa a esas horas también”, respondió. Pergolini, lejos de dar marcha atrás, sostuvo que a él esas frases le quedaban grabadas. Entonces decidió ir al punto y le preguntó si era verdad que sus padres creían o practicaban distintas corrientes espirituales.
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La respuesta del actor no dejó lugar a dudas. “Sí, siempre”, afirmó. Cuando Pergolini quiso saber si esa inclinación correspondía a ambos, Ferro confirmó: “Los dos”. Acto seguido, resumió su situación con una frase que generó risas: “O sea que no había escapatoria”.
Los visitantes esotéricos eran parte de la vida familiar de Ferro

Ferro contó que su padre leía libros de Saint Germain y materiales de autoayuda, mientras que por el lado de su madre había una presencia constante de personas relacionadas con prácticas esotéricas. “Siempre había algún brujo, algún vidente, algún tarotista”, recordó.
Ante la mención de Carlos Castaneda, el actor hizo una diferenciación que marcó el tono de toda la charla. “Castaneda es casi palabras mayores al lado de algunos chantas que venían a casa”, lanzó entre risas. Pergolini quiso saber si esa mirada crítica era actual o si ya la tenía cuando era chico.
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El intérprete respondió que las dos percepciones convivían. Había situaciones que le resultaban extrañas, aunque también reconoció que aquel ambiente tenía algo de puesta en escena. “Ahí yo creo que empezó a entrar también el mundo teatral, porque es muy teatral”, explicó.
Para ilustrarlo, Ferro recordó que acompañó a su madre a ver a tres mujeres que se presentaban como videntes. Según describió, una de ellas adoptaba una voz particular, mientras otra intervenía en la supuesta comunicación. El actor imitó el momento frente a las cámaras y el público estalló en risas.
“Hay mucho chantito”, comentó después, al retomar el tema del chamanismo. Sin embargo, aclaró que esa curiosidad no desapareció con el tiempo. Por el contrario, dijo que quedó como un “inquieto buscando” y que llegó a viajar a la selva para conocer chamanes y participar de ceremonias.
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La ayahuasca, los ponchos y el veredicto de sus hijos

Ferro explicó que, durante una etapa de su vida, asistía a encuentros con ayahuasca los fines de semana. “Iba a tomar ayahuasca como si fuera La Bresh”, comparó, con una frase que sorprendió a Pergolini y provocó nuevas risas.
El actor contó que esa búsqueda espiritual tuvo consecuencias visibles en su vestimenta y en el clima de su casa. “Empiezan a aparecer mucho poncho peruano, mucho gorro”, recordó. Su hijo mayor, Toto, no recibía esos cambios con el mismo entusiasmo.
“Papá, por Dios, yo no puedo invitar a nadie, me da vergüenza”, le decía el joven, según relató Ferro. El actor agregó que en el hogar también habían empezado a circular telas de colores y tambores, una escenografía que reforzaba la incomodidad de sus hijos.
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Pergolini le preguntó entonces si ya era padre en ese período. Ferro confirmó que sí y anticipó que había una imagen puntual que todavía conservaba con claridad. Pidió permiso para levantarse y recreó la escena en el estudio. El conductor aceptó participar y se puso en el lugar de Toto.

Ferro describió el cuadro: música brasileña, poncho, gorro y un baile intenso. En medio de esa interpretación, abrió los ojos y vio a sus tres hijos observándolo en silencio. Entonces llegó la frase que quedó como el remate de la anécdota.
“Papá, vos no te estás convirtiendo en un chamán, sos un mamarracho”, le dijeron. Pergolini reaccionó con rapidez y le señaló que sus hijos habían entendido la palabra “cringe” antes que él.
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Ferro aceptó que el mensaje surtió efecto. “Empecé a sacar las telas de colores”, contó. Luego admitió que quizás estaba “un poco pasado”, mientras evocaba a Gal Costa, los gritos y aquella mezcla de referencias peruanas, brasileñas y esotéricas que sus hijos decidieron cortar de raíz.
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