5 hábitos para recuperar el control cuando el cansancio domina la jornada

Especialistas y organismos internacionales alertan sobre el impacto de la sobrecarga sostenida en la salud mental y recomiendan revisar las rutinas diarias con mayor atención

Ilustración de una mujer sentada estirando los brazos junto a un escritorio con una computadora portátil, un tazón y un libro abierto.
La sobrecarga sostenida puede afectar la salud mental y la capacidad de tomar decisiones. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El cansancio y la saturación pueden convertir la jornada en una sucesión de tareas sin prioridades claras. Incorporar pausas breves y tomar decisiones concretas puede ayudar a recuperar la capacidad para elegir y organizarse, sin necesidad de plantear cambios radicales de forma repentina.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la prevención de los problemas de salud mental vinculados con el empleo requiere gestionar los riesgos psicosociales presentes en las condiciones de trabajo.

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Entre sus recomendaciones se incluyen intervenciones organizacionales, capacitación y medidas individuales para manejar el estrés. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), por su parte, relaciona los descansos adecuados y los límites a las jornadas prolongadas con la prevención de la fatiga.

Infografía ilustrada con seis recuadros explicativos sobre hábitos de descanso laboral y logotipos de la OMS y la OIT.
La prevención de los problemas de salud mental requiere medidas individuales y organizacionales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La coach especializada en gestión del estrés y emociones Marta Cereceda expuso cinco hábitos para interrumpir el piloto automático en declaraciones a Vogue.

1. Hacer una pausa breve antes de empezar o terminar el día

Mujer en pijama sentada en la cama con los ojos cerrados y las manos en el abdomen, junto a una mesa de noche con lámpara y reloj digital.
Las pausas breves ayudan a recuperar perspectiva durante las jornadas exigentes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El primer hábito consiste en reservar unos minutos al inicio o al cierre de la jornada para observar el estado personal. La pausa no se destina a sumar pendientes ni a reorganizar cada aspecto de la agenda, sino a formular preguntas acotadas: cómo se encuentra la persona, qué necesita ese día o qué tareas siguen teniendo sentido.

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Cereceda sostiene que detenerse permite recuperar perspectiva cuando el trabajo se realiza por inercia. La guía de la OMS recomienda intervenciones dirigidas a desarrollar habilidades de manejo del estrés, aunque subraya que deben acompañarse de medidas sobre las condiciones laborales.

2. Bajar la activación antes de ordenar las prioridades

Vista de cerca de una lista de tareas semanales escrita a mano en español con casillas de verificación, algunas marcadas, y un bolígrafo sobre papel con manchas de café.
El temor a perder el control puede dificultar la interrupción de las tareas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cuando hay bloqueo o cansancio, la recomendación es no comenzar con una lista extensa de obligaciones. Alejarse un momento de la pantalla, respirar, caminar o cambiar de espacio puede preceder a una pregunta más limitada: qué es importante ahora.

Reducir el número de decisiones inmediatas evita que la planificación se transforme en otra fuente de presión. La OIT plantea también que el tiempo y frecuencia de los descansos deben ajustarse a la carga de trabajo.

3. Revisar qué hay detrás de la imposibilidad de parar

Mujer sentada en escritorio de madera con laptop, taza, teléfono móvil, papeles y libreta, sosteniendo su cabeza con las manos en una oficina
El temor a perder el control puede dificultar la interrupción de las tareas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La falta de descanso puede relacionarse con la percepción de que detenerse retrasará aún más las tareas. Cereceda invita a identificar si detrás de esa reacción hay temor a no llegar, perder el control, decepcionar o sentir que las responsabilidades se desordenarán. Esta revisión desplaza el foco de la mera organización hacia la relación con la exigencia y el rendimiento.

La OIT señala que las jornadas extensas, horarios irregulares y insuficiencia de pausas pueden asociarse con estrés laboral. También propone evaluar la carga de trabajo con la participación de quienes realizan las tareas.

4. Elegir un cambio pequeño, concreto y visible

Mujer agachada atándose los cordones de zapatillas deportivas grises en un salón con sofá, mesa con botella de agua, planta y ventana a la ciudad
Los cambios pequeños permiten evaluar de forma concreta el impacto de nuevas rutinas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cuarto hábito propone evitar los objetivos amplios, difíciles de evaluar al final de la semana. En lugar de plantearse metas como “cuidarse más” o “desconectar”, Cereceda sugiere definir acciones específicas: caminar dos tardes, reservar una noche sin trabajo ni teléfono o dedicar una comida a estar presente con otras personas.

El criterio es que la decisión pueda observarse y evaluarse. Después, conviene registrar qué efecto tuvo: más energía, tranquilidad, ilusión o sensación de control.

5. Ajustar descansos y límites a la carga real

Un hombre camina en un parque al aire libre, con otra persona sentada frente a una computadora en un interior borroso al fondo.
La actividad física recreativa forma parte de las estrategias individuales para manejar el estrés. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Parar no depende únicamente de la voluntad individual. La OIT recomienda evitar horarios excesivamente prolongados, consultar a trabajadores sobre la organización del tiempo para adaptar la duración y frecuencia de descansos a la carga de cada actividad. Estas medidas requieren decisiones en el ámbito laboral.

La pausa estratégica busca que las decisiones respondan a lo que resulta relevante en ese momento, en vez de mantener una acumulación de tareas.

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