
La pérdida de audición no solo altera la vida diaria al dificultar conversaciones o llevar a subir el volumen del televisor. También se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia, según Cleveland Clinic y el neuropsiquiatra Dylan Wint.
La relación no se presenta como una causa directa, pero sí como una asociación definida. De acuerdo con la institución médica, las personas con problemas auditivos tienen más probabilidades de desarrollar deterioro cognitivo que quienes no los tienen. Tratar esa pérdida, sobre todo con audífonos cuando están indicados, puede ayudar a reducir el riesgo.
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Wint explicó que hablar de “causa” sería excesivo, aunque la asociación es clara. También indicó que la comunidad médica reconoció esta conexión hace relativamente poco. El especialista añadió que la pérdida de audición figura entre los mayores factores de riesgo modificables para la demencia y que puede tener un efecto posterior sobre la salud cognitiva.

Cómo aumenta el riesgo de demencia con la pérdida de audición
Los estudios citados por Cleveland Clinic atribuyen hasta el 8% de los casos de demencia a la pérdida de audición. El riesgo, además, aumenta a medida que empeora la capacidad para oír. Según Wint, una pérdida auditiva leve se asocia con cerca del doble de riesgo de demencia. En los casos moderados, la probabilidad se triplica.
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En la pérdida auditiva grave, el riesgo se multiplica por cinco, de acuerdo con el especialista. Además, remarca que se trata de asociaciones observadas en la investigación, no de una relación causal cerrada.
Una de las posibles explicaciones se relaciona con la menor estimulación del cerebro. La corteza auditiva, encargada de procesar los sonidos que llegan desde los oídos, recibe menos información cuando una persona oye menos. Wint explicó a Cleveland Clinic que, en esos casos, esa región puede empezar a adelgazar. Esa reducción de tejido cerebral se conoce como atrofia.
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Ese efecto también puede extenderse a zonas vinculadas con la memoria, ya que esas áreas están estrechamente conectadas con los centros auditivos. Otra explicación apunta a la sobrecarga mental. Cuando oír se vuelve más difícil, el cerebro dedica más energía a descifrar lo que otros dicen y dispone de menos recursos para comprender, almacenar y recordar información.
Según Wint, esa situación le quita al cerebro recursos que necesita para comprender la información. También advirtió que puede crear un círculo en el que el cerebro se vuelve menos eficiente y menos preciso.
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El rol del aislamiento social
El aislamiento social aparece como otro factor de peso. Muchas personas con pérdida de audición dejan de participar en conversaciones porque seguirlas les exige demasiado esfuerzo.
Wint contó que ha escuchado a pacientes decir que prefieren no intervenir en charlas porque no logran seguir lo que ocurre por sus problemas de oído. Ese retraimiento, indicó, puede contribuir al deterioro cognitivo.
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La investigación citada por Cleveland Clinic señala que las personas socialmente aisladas tienen cerca de un 50% más de riesgo de desarrollar demencia que aquellas que siguen activas en su vida social.
A eso se suma la privación sensorial prolongada. El especialista sostuvo que las pruebas son cada vez más firmes cuando la pérdida auditiva aparece relativamente temprano, como en personas de 40 o 50 años. La explicación probable es que el cerebro queda expuesto durante más tiempo a una menor entrada de estímulos sensoriales.
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Qué hacer para proteger la audición y el cerebro
El tratamiento de la pérdida de audición puede ofrecer protección frente al deterioro cognitivo y la demencia, según Wint. Esa es la parte más favorable del panorama descrito por Cleveland Clinic.
El ensayo ACHIEVE siguió durante tres años a personas con pérdida de audición. Quienes usaron audífonos redujeron aproximadamente a la mitad su riesgo de deterioro cognitivo frente a quienes no los usaron.
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La Cleveland Clinic recoge tres medidas concretas para cuidar la audición y el cerebro. La primera es proteger los oídos del ruido intenso con barreras como tapones, incluso en conciertos, eventos deportivos y otros entornos ruidosos.

Otra recomendación es no restar importancia a los primeros signos de pérdida auditiva. Wint aconsejó consultar a un profesional de salud y pedir una prueba de audición si aparece la sospecha, porque la intervención temprana marca una diferencia.
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También es clave usar los audífonos cuando un profesional los indique. Guardarlos en un cajón no aporta estimulación al cerebro ni mejora la comunicación, según la orientación difundida por Cleveland Clinic.
Cuidar la audición en la edad adulta no se limita a oír mejor en la vida cotidiana. También puede ser una decisión importante para preservar la función cognitiva antes de que el problema avance.
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