
Un análisis realizado con inteligencia artificial sugirió que las personas con músculos fuertes en el pecho y la espalda tienen menos probabilidades de sufrir un infarto o morir prematuramente.
Investigadores dirigidos por la Universidad de Edimburgo utilizaron inteligencia artificial para examinar escáneres hospitalarios de 1.722 pacientes, la mayoría de ellos de unos 50 años, que presentaban dolor en el pecho.
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Según el estudio, las personas con mayor densidad muscular en el pecho y la espalda tuvieron menos probabilidades de sufrir un ataque cardíaco o morir en la década posterior a la exploración.
Qué se midió en las tomografías y por qué la “densidad” importa

El trabajo se basó en estudios de imagen realizados como parte de una angiografía coronaria por tomografía computarizada (CCTA), una prueba que permite detectar estrechamientos u obstrucciones en las arterias coronarias que suministran sangre al músculo cardíaco.
En esas imágenes, los investigadores analizaron músculos, órganos, huesos y grasa de la parte superior del cuerpo. El foco estuvo en la “atenuación” del músculo esquelético, descrita como el brillo u oscuridad del músculo en la tomografía: un músculo más denso aparece más claro porque recibe más rayos X.
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En ese marco, una imagen más brillante se interpretó como señal de músculos de mejor calidad y mayor densidad, con una posible menor proporción de grasa. La presencia de grasa en los músculos ya se había relacionado previamente con una salud cardiovascular deficiente, según un comunicado difundido por la Universidad de Edimburgo.
La profesora Michelle Williams, autora principal del estudio, explicó qué estructuras se observan en este tipo de pruebas: “Resulta fascinante que la musculatura esquelética pueda estar relacionada con el riesgo de sufrir un infarto. Los músculos que se visualizan en las tomografías computarizadas coronarias que utilizamos son principalmente los músculos de la espalda, parte de los músculos pectorales y los músculos intercostales entre las costillas.”
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Cómo se hizo el estudio: 1.722 pacientes y seguimiento a 10 años

El estudio —publicado en la revista Radiology— analizó de manera retrospectiva imágenes de amplio campo de visión de 1.722 pacientes del ensayo SCOT-HEART, reclutados entre noviembre de 2010 y septiembre de 2014. En esa cohorte, la edad media fue de 57,5 años (± 9,5) y el 55,7% eran hombres.
A partir de esas tomografías, el equipo procesó los estudios para calcular el volumen y la atenuación media de estructuras segmentadas. Luego, investigó las tasas de ataques cardíacos y muertes prematuras a partir de historiales médicos y evaluó asociaciones a 10 años.
En el análisis, se construyeron modelos multivariables para mortalidad por todas las causas e infarto de miocardio, con ajustes por edad, sexo y duración de la exploración. Además, el estudio consideró de forma adicional la puntuación de calcio coronario al evaluar qué variables se mantenían asociadas al riesgo.
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Los resultados: menor riesgo de infarto y mortalidad cuando el músculo es de mayor “calidad”

Durante el seguimiento, la mortalidad por todas las causas y el infarto de miocardio ocurrieron en 133 (7,72%) y 106 (6,16%) de los 1.722 pacientes, respectivamente, según el abstracto del estudio.
El análisis informó que el aumento de la atenuación del músculo esquelético se asoció con menor mortalidad por todas las causas. En el caso del infarto de miocardio, se reportó una asociación con una disminución de la atenuación del músculo esquelético; y, tras el ajuste adicional por la puntuación de calcio coronario, el trabajo concluyó que la atenuación del músculo esquelético se mantuvo asociada con el infarto de miocardio.
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Además, el estudio señaló que los pacientes con atenuación del músculo esquelético por debajo de la mediana tuvieron un mayor riesgo de mortalidad o de sufrir un infarto de miocardio.
En términos más cercanos a la interpretación clínica propuesta por los autores, el comunicado de la Universidad de Edimburgo sostuvo que, por cada aumento de 10 puntos en el brillo de la exploración —un indicador de mejor calidad muscular con menos grasa— se estimó que una persona tenía un 31% menos de probabilidades de sufrir un infarto y un 39% menos de probabilidades de morir en los 10 años posteriores a la exploración.
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En paralelo, los investigadores subrayaron un punto: el tamaño de los músculos no se asoció con el riesgo de sufrir un ataque cardíaco o una muerte prematura, lo que sugirió que lo relevante sería la composición del músculo.
Qué interpretan los autores y qué límites plantean

El equipo planteó como hipótesis que las personas con músculo esquelético de “buena calidad” serían, en promedio, quienes hacen más ejercicio y tienen mayor fuerza en el torso. En esa línea, el profesor Bryan Williams, director científico y médico de la British Heart Foundation, afirmó: “Es probable que las personas con mayor densidad muscular en este estudio fueran más activas físicamente y, por lo tanto, gozaran de una mejor salud cardiovascular. Esto constituye una prueba más del poder del ejercicio.”
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En el comunicado, Bryan Williams también sostuvo: “La inteligencia artificial puede revelar rápidamente información oculta en los resultados de los escaneos, lo que proporciona una imagen más detallada de nuestra salud que nunca.”
Williams, por su parte, destacó la necesidad de cautela y nuevos estudios para entender el vínculo observado. En el comunicado, señaló: “Así pues, ahora me interesan personalmente ejercicios como el ciclismo, las planchas y el pilates, que disfruto y que podrían tener algún efecto en estos músculos. Sin embargo, necesitamos mucha más investigación para comprender mejor cómo el ejercicio puede afectar a la densidad muscular y cómo esto puede relacionarse con la salud cardiovascular”.
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Aplicaciones posibles: de los escáneres rutinarios a la identificación de riesgo

Los investigadores utilizaron inteligencia artificial para medir la calidad muscular a partir de una sola exploración. Según el comunicado, la IA empleada tardó menos de un minuto en hacer esa medición, mientras que un radiólogo tardaría varias horas en realizarla.
Los resultados también abrieron una puerta a posibles usos futuros. Desde la universidad indicaron que las ecografías cardíacas rutinarias podrían utilizarse para identificar a personas con menor calidad muscular y potencialmente mayor riesgo de infarto, a quienes se podría ayudar a hacer más ejercicio, realizar un seguimiento más exhaustivo o priorizar el acceso a medicamentos que reduzcan el riesgo, como las estatinas.
Sin embargo, advirtieron que se necesita más investigación antes de que se pueda confiar en las exploraciones de esta manera.
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