
Hay una inquietud muy reconocible que aparece cuando el fin de semana se termina: el domingo por la tarde, cuando el lunes empieza a sentirse cerca. No siempre es una angustia intensa, a veces es una mezcla de tensión, desgano y una sensación de “amenaza” difusa ligada a lo que viene: agenda, correos, reuniones y pendientes.
La psiquiatra Shruti Nair explicó en una entrevista publicada por The Guardian que ese tramo del domingo actúa como un punto de transición entre el descanso y la semana laboral, un momento en el que el cerebro puede activar un mecanismo de “detección de amenaza”.
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Según Nair, la mente tiende a adelantarse al lunes, generando una respuesta de ansiedad ante los desafíos y las responsabilidades que se avecinan. La especialista señala que este fenómeno puede agudizarse si la planificación de la semana resulta poco realista o no se ajusta a la energía disponible.
Por su parte, Ashley Whillans, profesora de la Harvard Business School, consultada por BBC Worklife, coincide en que la forma en que se estructura el tiempo libre dominical influye de manera directa en el bienestar emocional al cierre del fin de semana.
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Qué hacer el domingo por la tarde para que el lunes no pese tanto

De acuerdo con esa misma fuente, una herramienta concreta es dedicar 10–15 minutos a revisar el calendario de la semana: no para “trabajar”, sino para ver el panorama completo, detectar choques, ajustar expectativas y definir un par de intenciones realistas. La idea es que la ansiedad baja cuando el lunes deja de ser una nebulosa y se convierte en un plan manejable.
Además de la anticipación ante la semana laboral, la nota subraya que reducir la exposición a estímulos digitales el domingo por la noche puede contribuir a limitar el malestar emocional. El texto advierte que muchas personas incrementan su ansiedad al finalizar el fin de semana utilizando redes sociales, consumiendo noticias o incluso resolviendo asuntos laborales, provocando una sobrestimulación mental que dificulta desconectar antes de dormir. Esta hiperconexión favorece la tendencia a quedarse rumiando preocupaciones, lo que afecta la calidad del descanso.
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La psicóloga clínica Jodie Cariss, fundadora de la plataforma de apoyo emocional Self Space, explicó en declaraciones a The Independent que el uso de dispositivos electrónicos en las últimas horas del domingo puede intensificar pensamientos repetitivos y dificultar la transición al sueño reparador.
Para bajar la activación fisiológica, el texto menciona medidas ambientales simples: bajar la intensidad de la luz para favorecer el “apagado” del día y, cuando sea posible, acostarse 30–60 minutos antes para empezar el lunes con menos desgaste acumulado.
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Cómo convertirlo en rutina sin que el domingo se vuelva “pre-lunes”

La clave es que el domingo no termine siendo una jornada de “optimización” que agrega presión. Si el objetivo es aliviar la ansiedad anticipatoria, las acciones tienen que ser mínimas, concretas y sostenibles, porque el problema no suele ser “falta de voluntad”, sino exceso de carga: cuando el cuerpo ya está cansado, cualquier plan ambicioso se vive como otra obligación y refuerza la idea de que el descanso hay que “ganárselo”.
En la práctica, esto implica elegir pocas decisiones de alto impacto y bajar el resto del ruido mental. Por ejemplo: un chequeo breve de agenda para reducir incertidumbre, un límite claro para pantallas y un cierre que priorice descanso real, que se traduce en crear condiciones para que el sistema nervioso baje la intensidad.
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También ayuda cambiar el foco de “hacer más” a “hacer menos, pero mejor”: no llenar el domingo con tareas para sentirse en control, sino reducir fricción para el lunes con gestos chicos y cerrados. Preparar una cosa concreta (dejar lista la ropa, ordenar un solo rincón, definir tres prioridades realistas) suele calmar más que intentar adelantar media semana.
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