
Roberto está tranquilo. Con antecedentes de dos stents por obstrucción coronaria, se hizo una prueba de esfuerzo que fue normal y tiene el ok de su cardiólogo para ver los partidos del Mundial. Su médico le dijo que se quede tranquilo, que ver a su país en semejante evento es como hacer una ergometría sentado frente a la TV.
¿Es tan así? ¿Podemos compararla con una prueba de esfuerzo? ¿Qué nos pasa por dentro? ¿Hasta dónde sufre nuestro corazón y hasta dónde llega el riesgo?
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El “Estrés de Emocional del Hincha”, que vivimos en un partido clave del Mundial de fútbol, no es el mismo estrés que estar frente a un depredador, ladrón o catástrofe, es decir, un peligro inminente de vida. Y menos aún que el estrés físico de realizar ejercicio. Si bien los tres tipos de estrés activan el sistema cardiovascular, lo hacen con perfiles neuroendocrinos, vasculares e inmunológicos diferentes. Comparten algunas características, pero al final se comportan muy distinto, y con diferente riesgo cardiovascular.
Los tres escenarios elevan la frecuencia cardíaca, la presión arterial, liberan adrenalina/noradrenalina (catecolaminas) y cortisol, aumentan el azúcar en sangre (para tener a mano un rápido combustible) y la fuerza de contracción del corazón. Y los tres son considerados dentro del espectro del estrés transitorio o “agudo”.
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Sin embargo, dos de ellos fueron diseñados evolutivamente, y responden a extremos de fisiología pura: uno para para salvarnos de un peligro real y el otro, el ejercicio, para adaptarnos al entorno, comportamientos claves que compartimos con el resto de los animales. El tercero en discusión (el estrés del hincha), representa, en realidad, un desajuste evolutivo: un estrés emocional moderno, que activa un organismo preparado para luchar o huir mientras permanece inmóvil frente a una pantalla.
Qué ocurre en el cuerpo con los tres tipos de estrés
Estrés Nº1 - Frente a un depredador o una situación límite de riesgo de vida
La liberación de catecolaminas es inmensa e increíblemente útil para enfrentar la situación o huir. Más de 10.000 pg/dl de adrenalina en instantes son segregados al torrente sanguíneo. Nunca vamos a correr como en ese momento. Toda la sangre se direcciona hacia los dos sistemas que nos van a salvar: músculos y cerebro, y lo hace en detrimento de otros sistemas. Por eso hay vasoconstricción en el bazo, riñones y piel.
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Nuestro corazón (vía adrenalina) va a latir dando su máximo potencial. Y existe un rápido aumento del azúcar en sangre (cortisol). Las pupilas se agradan, la respiración aumenta, hay broncodilatación… Todo el cuerpo, de manera dramática, se pone en modo supervivencia (lucha/huida). Las b-endorfinas generan euforia y analgesia. La presión arterial y la frecuencia cardíaca pueden llegar a límites insospechados.

Hay inhibición de la digestión, de la micción (orinar) y la defecación por cierre de esfínteres (aunque un miedo extremo puede producir la respuesta opuesta por mecanismos vágales). En este estrés extremo, hay una sola y muy intensa emoción que desencadena una tormenta química en nuestro cuerpo: el miedo. Es un estrés que normalmente dura segundos o pocos minutos y todo tiende a volver a la normalidad una vez pasado el peligro.
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Lo importante es que, si sobrevivimos, el sistema simpático se apaga rápidamente. Es un estado fisiológico extremo que nos ha permitido subsistir como especie, incluye a todos los mamíferos de este planeta.
Estrés Nº2 - El estrés físico por ejercicio

También aumenta el cortisol, la adrenalina, la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Pero a diferencia del estrés extremo, el componente vascular principal es la vasodilatación. Porque el ejercicio estimula a las paredes de las arterias (endotelio), a segregar una gran producción de óxido nítrico, que es un vasodilatador por excelencia y clave para la salud del sistema arterial. También existe liberación de adenosina, prostaciclinas, una apertura de la microcirculación y un claro aumento del flujo coronario.
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Además, el músculo consume inmediatamente la glucosa y los ácidos grasos liberados. Y todo vuelve al equilibrio del reposo en breves minutos post ejercicio, disminuyendo rápidamente la presión sistólica y la frecuencia cardiaca, en una rápida intervención del componente parasimpático/vagal. Hemos sido preparados evolutivamente para esta respuesta fisiológica. Y nos hace muy bien.
Estrés Nº3 - El “Estrés Emocional del Hincha”

Es un estrés emocional oscilante, con cambios neuroquímicos del signo opuesto en instantes. En partidos claves, se activan una secuencia caótica de emociones: miedo, rabia, esperanza, euforia, frustración, alivio y pertenencia social. Más que un tsunami es una montañarusa de emociones. Todo junto en un par de horas. Y terminamos exhaustos.
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Inicialmente, el cerebro emocional interpreta el partido como una amenaza trascendental para su vida. La amígdala, el hipotálamo y el tronco cerebral generan al prácticamente los mismos cambios químicos (aunque en mucha menor cuantía) que frente a un peligro físico. Pero... ¡No existe descarga motora! No se gasta esa energía acumulada corriendo como en un peligro extremo. Y aparece la gran paradoja de la emoción “mundial”: el cuerpo prepara el sistema muscular para movernos, correr/huir. Pero permanecemos en un sillón. Entonces, la presión arterial puede permanecer elevada.
En un trabajo científico publicado durante una copa Europea, pacientes con cardiopatía, mantuvieron la presión arterial alta durante y hasta varias horas post partido. Lo mismo ocurrió con la taquicardia y la menor variabilidad de la frecuencia cardiaca. Es decir, post partido persiste el modo “simpático”.
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Esto refleja una vasoconstricción más sostenida en el tiempo, muy diferente a la vasodilatación fisiológica del ejercicio. Nuestro cuerpo persiste durante algunas horas con catecolaminas elevadas, presión arterial alta, menor variabilidad de la frecuencia cardiaca, mayor agregación plaquetaria, y hasta puede haber vasoconstricción coronaria residual. Y el regreso al modo parasimpático o vagal (el del relax) es mucho más lento que en ejercicio.
Por eso, no es recomendable salir a correr o hacer ejercicio intenso, después de ver un partido clave. La activación simpática persiste por horas, y Ud. va a agregar un estrés físico (correr) al psíquico del partido, que de por sí, tiene una lenta caída del tono simpático. Es como si el sistema nervioso necesitara un aterrizaje, y no otro despegue. A pesar de la paradoja del Estrés por Emoción Oscilante del Hincha que nos ocurre frente al TV (preparar en parte el cuerpo para la huida/pelea, y acumular energía que no se va a utilizar porque estamos sentados), el movimiento físico intenso post estrés inmediato de un partido clave, puede ser peligroso en pacientes con múltiples factores de riesgo, en hipertensos, en corazones con alguna alteración cardiovascular o con coronarias con obstrucciones previas.
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Qué pasa con nuestros esfínteres
Una diferencia importante con el estrés por un peligro de riesgo de vida es lo ocurre con nuestros esfínteres. En el estrés extremo, los esfínteres se cierran, y no hay manera que en ese momento tengamos ganas de orinar.
En cambio, en el Estrés Emocional del Hincha, el corazón libera una potente hormona diurética, llamada Péptido Auricular Natriurético (ANP por sus siglas en ingles), que se estimula al estirarse la pared auricular (por mayor volumen de sangre, también relacionado al aumento de la presión arterial). Además de darnos ganas de ir al baño, nos baja la presión y tiene un cierto efecto relajante. Eso puede explicar por qué muchas personas orinan varias veces durante un partido y sienten alivio después de hacerlo.
Las emociones en un partido clave pueden ser múltiples y cambiantes: miedo, bronca, tristeza, alegría, euforia y hasta depresión. Y nuestro cuerpo responde a cada una de ellas, instantáneamente.

En la final de Argentina-Francia 2022, más de 80 millones de argentinos y franceses vivieron simultáneamente el mismo estrés emocional del hincha a la vez. El cuerpo no vivió “un estrés”, vivió más de diez situaciones de estrés sucesivas y diferentes en solo 2 horas. Por eso terminamos todos exhaustos, aunque de un lado con euforia y del otro con depresión.
Un gol propio probablemente combine dopamina, endorfinas, y oxitocina: vínculos con abrazos, mayor pertenencia, y la identificación con la tribu. Un gol contrario activa una amenaza, más adrenalina/noradrenalina, miedo, pérdida, bronca, vasoconstricción, cortisol…Todo esto ocurre en el mismo partido.
¿Ud. quiere saber cuáles son las posibilidades de muerte súbita (MS) o infarto (por imprevista obstrucción coronaria), en los tres diferentes tipos de estrés?
Por lejos, el escenario que más posibilidad tiene de terminar en una infarto y muerte súbita, es el estrés frente a un peligro real, con una alteración cardiovascular previa.
Si tengo una enfermedad coronaria no resuelta, es decir, no revascularizada, o no medicada y con obstrucciones importantes (que quizás ni conozca), el estrés frente a un peligro inminente de vida es el que más posibilidades tiene de terminar fatalmente.
La descarga súbita y feroz de adrenalina, el enorme aumento de la presión arterial, el aumento del consumo de oxígeno, lleva a su corazón a un nivel tal, que sus coronarias severamente obstruidas no pueden responder a tal demanda de oxígeno. El corazón sufre en extremo y no soporta ese estrés fisiológico. Y se pueden dar condiciones para un caos eléctrico en el corazón, como la fibrilación ventricular seguida de muerte súbita. Y esto ocurre, a veces aun sin enfermedad coronaria. Por ejemplo, puede aparecer una fibrilación ventricular en un corazón vulnerable o incluso una “miocardiopatía de estrés” con coronarias normales, llamada Takotsubo o “corazón roto”. En terremotos, atentados o accidentes se ha observado un aumento claro de muerte súbita e infarto.
Por otro lado, el estrés físico del ejercicio es el que, por lejos, el que menos posibilidades de Muerte Súbita tiene. Al contrario, disminuye de 7 a 8 veces las chances de muerte súbita, y 50 veces las chances de infarto¹. En estudio prospectivo de Eloi Marijon et col², sobre 1.247 casos de MS, solo 63 (el 5%) tuvieron MS en durante las actividades deportivas. El ejercicio constante nos hace bien, nos baja la presión arterial, la inflamación, el estrés, la glucemia… no hay órgano que no lo beneficie. Estamos diseñados para movernos, y el no hacerlo es acelerar nuestro envejecimiento. Las personas que abandonan el hábito de un ejercicio moderado, envejecen más rápido y se enferman más.

En el Estrés Emocional Oscilante del Hincha, este desajuste evolutivo para lo cual ancestralmente no hemos sido diseñados, el riesgo cardiovascular es diferente porque la química es cambiante y la evolución posterior al estrés es distinta. En el mundial 2022, un prestigioso centro cardiovascular de Argentina reportó un considerable aumento de consultas cardiovasculares en la guardia. Pero no se han publicado en nuestro país (hasta la fecha) datos de mayores angioplastias de rescate o de infarto en el mundial.
Pero sí, existen reportes internacionales publicados de aumento de las posibilidades de eventos cardiovasculares durante los partidos de futbol. Durante la Copa del Mundo 2006, jugada en Munich, se evaluaron eventos cardiovasculares agudos en 4279 pacientes, observando una incidencia de eventos de 2.6 veces mayor versus una época fuera del mundial³ (reportada más en varones con antecedentes cardíacos previos).
Por lo tanto, estar frente al TV en el Mundial viendo el partido clave de su equipo no es como hacer una ergometría sentado. El ejercicio es clave y fisiología pura a nuestro beneficio. Pero tampoco es como estar frente a un depredador.

Cuáles son los pro y contras de un mundial
El fútbol puede ser un gatillo de eventos cardiovasculares en pacientes con alteración previa y múltiples factores de riesgo; sobre todo en varones con enfermedad coronaria conocida. Pero también puede hacer un bien como ritual social. Sobre todo, por el componente de pertenencia: familia, amigos, identidad, abrazos, el cantar juntos… la vida misma en una memoria compartida. Ahí entra la oxitocina que participa en vínculos, identificación y regulación del estrés. Y con el componente social “de si estamos todos juntos unidos en la tribu”, podemos lograr objetivos (y de paso amortiguar la respuesta al estrés).
Recomendaciones
Si tiene algún tipo de alteración cardiovascular, le sugiero estas 10 acciones para el pre y post partido:

- Posponga el ejercicio intenso para varias horas después del partido o para el día siguiente.
- Recuerde que el relax de su cuerpo tarda varias horas después en recuperarse tras el partido. Acompañe su cuerpo en la lenta transición al equilibrio (de la activación simpática al modo parasimpático/vagal/relax).
- Haga buena caminata unas horas antes.
- Haga una caminata de relax después, y ponga música en su ambiente preferido que lo relaje.
- Coma liviano previo al partido. Evite la “picada” (está llena de sodio)
- No se olvide de tomar la medicación (y si es necesario, pregúntele a su médico si necesita algún refuerzo en particular)
- No tome alcohol ni antes ni después.
- No fume nunca. Pero si fuma… ¡ni se le ocurra fumar ese día!
- Haga ejercicios de respiración consciente pre y post partido.
- Disfrute en familia de lo que es… simplemente un lindísimo juego con identificación social tipo “tribu”. No deje que la mente irracional, tóxica y fanática, deje a sus emociones sin gobierno, y lo sometan hasta llevarlo a un peligroso límite.
Se puede bajar de ese estado emocional vulnerable al corazón. No olvide que la mente cree lo que nosotros le decimos y en lo que nosotros creemos.
PD: Y tampoco tome cerveza porque se la va pasar yendo al baño.
Dr. Martín Lombardero, miembro titular de la Sociedad Argentina de Cardiología. Autor del libro “El Corazón es Consciente”
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