
Seguir un patrón alimenticio rico en alimentos de origen vegetal puede sumar hasta tres años a la esperanza de vida, incluso entre quienes tienen predisposición genética a enfermedades que disminuyen la longevidad.
Así lo indica un reciente estudio analizado por New Scientist, realizado sobre más de 100.000 personas seguidas durante una década a través del UK Biobank.
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5 dietas y sus puntos en común
Un grupo de científicos evaluó cuánto se parecían los hábitos alimentarios de los participantes a 5 patrones saludables: la dieta mediterránea, la basada en alimentos de origen vegetal, la Dieta para Detener la Hipertensión (DASH), la dieta para reducir el riesgo de diabetes y el índice alternativo de alimentación saludable.
Según New Scientist, aunque estas dietas difieren en algunos aspectos, pero todas tienen un punto en común: promueven un elevado consumo de verduras y frutas variadas, cereales integrales y proteínas magras, en su mayoría procedentes de alimentos vegetales. También recomiendan limitar los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas.
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Clare Collins, de la Universidad de Newcastle (Australia), expresó a New Scientist que no es indispensable la perfección en la dieta, sino mantener una constancia en la elección de alimentos de calidad vegetal. La premisa central es que incluso quienes carecen de genes favorables para la longevidad pueden obtener beneficios si adoptan estos patrones.
Resultados del estudio: longevidad para todos
Durante los 10 años de seguimiento, murieron unos 4.300 de los 103.000 participantes. Los investigadores observaron que quienes seguían cualquiera de los 5 modelos dietéticos de forma más constante presentaron una menor probabilidad de fallecer, incluso tras ajustar factores como la actividad física y el consumo de tabaco.
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Como detalló New Scientist, los científicos calcularon que a los 45 años, una persona ubicada en el grupo con mejor puntaje de dieta saludable podría vivir entre un año y medio y tres años más que alguien con bajas puntuaciones. Este beneficio se observó incluso entre quienes poseen variantes genéticas asociadas a mayor mortalidad. Así, la dieta demostró ser un factor con impacto positivo más allá de la genética.

Collins subrayó que el grupo más saludable no mantenía una adhesión perfecta a la dieta, lo cual refuerza que avances modestos o intermitentes pueden ser valiosos.
¿Por qué estos patrones alimentarios funcionan?
La base científica tras la relación entre estas dietas y mayor longevidad se halla en la diversidad y cantidad de vegetales que contienen. Los alimentos de origen vegetal aportan fibra dietética, vitaminas, minerales y fitoquímicos. Estos compuestos bioactivos mejoran varios procesos del organismo.
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Collins explicó a New Scientist que la fibra dietética estimula la función inmunitaria al metabolizarse en el intestino y liberar ácidos grasos de cadena corta con efecto antiinflamatorio. Las vitaminas y minerales resultan clave para funciones vitales, mientras que los fitoquímicos favorecen la sensibilidad a la insulina y la protección contra células cancerosas.

De acuerdo con el estudio, una alta ingesta de fibra dietética mostró la mayor relación con una vida prolongada. El consumo frecuente de bebidas azucaradas aportó el menor beneficio. Además, advertían que el exceso de azúcar incrementa el riesgo de diabetes tipo 2 y problemas metabólicos, lo que puede reducir la esperanza de vida.
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Limitaciones y lo que queda por saber
A pesar de estos hallazgos alentadores, la investigación presenta limitaciones. Luigi Fontana, de la Universidad de Sídney, consultado por New Scientist, señaló que los puntajes dietéticos se basaron en el recuerdo de los participantes sobre lo consumido en solo dos días, lo que puede no reflejar patrones a largo plazo. Fontana sugirió que un registro alimentario durante más días brindaría una imagen más precisa.
Otra limitación es que se trató de un estudio observacional y no de una intervención directa; es decir, no se asignó activamente una dieta a los participantes, sino que se observaron sus elecciones cotidianas. Sin embargo, Fontana recalcó que estos resultados coinciden con otros estudios donde estas dietas se asocian a menor riesgo de enfermedad y a mayor supervivencia.
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En definitiva, la evidencia sugiere que ningún cambio requiere perfección ininterrumpida: avances hacia un patrón dietético basado en vegetales pueden ser beneficiosos, aun con excepciones ocasionales.
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