
La demencia es una enfermedad que trasciende el envejecimiento normal y genera un profundo impacto tanto en quienes la sufren como en su entorno cercano. No es una única dolencia, sino un conjunto de enfermedades crónicas marcadas por el deterioro progresivo de las capacidades cognitivas y que afecta a millones de personas en todo el planeta.
Esta condición afecta funciones clave como la memoria, el pensamiento, la comprensión, el uso del lenguaje y la capacidad de razonar. Tal deterioro supera lo que se considera esperable en el proceso natural de envejecer, interfiriendo de manera significativa en la vida cotidiana de los pacientes.
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Aunque durante años se utilizó el término “demencia senil”, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que resulta incorrecto. La razón es que puede presentarse en cualquier grupo etario, no solo en personas mayores.
Ante este panorama, estudios científicos y expertos en la materia han hallado síntomas y problemas que derivan en la condición. Algunas señales nocturnas pueden anticipar problemas cognitivos en la adultez. El trastorno de conducta del sueño REM aislado (iRBD), que afecta hasta al 2 % de los adultos mayores, ha sido identificado por científicos como un posible indicador temprano de demencia.
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El hábito nocturno que conduce a la demencia
El iRBD se caracteriza por la pérdida de la parálisis muscular normal durante el sueño, una fase llamada REM (movimientos oculares rápidos). Esta etapa se distingue por la intensa actividad cerebral y la limitación del movimiento muscular. Las personas con este trastorno pueden representar sus sueños, lo que se traduce en conductas físicas inusuales mientras duermen, como gritos, risas o movimientos bruscos.

Este comportamiento nocturno, según investigadores de un estudio de Corea del Sur, podría convertirse en un marcador potencial para identificar el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, incluyendo la demencia y el párkinson.
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El diagnóstico temprano permitiría a los médicos vigilar de cerca la evolución cognitiva de los pacientes y anticipar posibles complicaciones. Entre las conductas más frecuentes se encuentran movimientos fuertes, patadas involuntarias o incluso golpes a quien esté acostado al lado. Estos episodios pueden resultar peligrosos tanto para el propio paciente como para quienes comparten la habitación.
La manifestación de estos comportamientos no está necesariamente ligada a la presencia de enfermedades neurológicas previas. El término “aislado” en iRBD indica que el trastorno se presenta sin que existan diagnósticos asociados de demencia, párkinson u otros cuadros neurodegenerativos en el momento de la aparición de los síntomas.
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Este patrón de sueño alterado puede pasar desapercibido en las primeras etapas, ya que algunos síntomas pueden parecer simples reacciones a sueños intensos. Sin embargo, la persistencia y la intensidad de estas conductas físicas nocturnas suelen motivar la consulta médica y la posterior evaluación neurológica, indica el ensayo científico del Hospital Bundang de la Universidad Nacional de Seúl.

Los investigadores rastrearon un total de 198 pacientes con esta condición, una edad media de 66 años al momento del diagnóstico, y analizaron 320 parámetros neuropsicológicos. De este modo hallaron que, a lo largo de los años, quienes padecen este trastorno experimentan una reducción significativa en funciones como la atención, la memoria de trabajo y la memoria verbal y visual.
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Entre las pruebas aplicadas, la de símbolos digitales mostró un descenso notable en la velocidad de procesamiento, la atención sostenida y la memoria operativa. Esta herramienta es especialmente sensible a daños cerebrales y suele emplearse para detectar demencia, envejecimiento y depresión.
El estudio observó que incluso los pacientes que no desarrollaron enfermedades neurodegenerativas graves durante el periodo de análisis presentaron un deterioro cognitivo gradual. En quienes vivieron con iRBD más de diez años, el deterioro se detectó en todos los casos, independientemente de la edad u otros factores personales.
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Recomendación de los científicos

La identificación del deterioro cognitivo ha llevado a los especialistas a recomendar controles regulares para quienes presentan este trastorno, incluso si no han desarrollado enfermedades graves como la demencia o el párkinson. Subrayan la importancia de realizar evaluaciones neuropsicológicas periódicas. Este seguimiento ayuda a detectar cambios sutiles en la atención, la memoria y otras funciones cognitivas, lo que permite intervenir de forma oportuna y adaptar el tratamiento según la evolución de cada paciente.
El equipo científico sugiere también que las estrategias de monitoreo deben ser específicas para cada sexo, debido a las diferencias observadas en la progresión del deterioro cognitivo entre hombres y mujeres. Este enfoque personalizado podría mejorar la eficacia de las intervenciones y contribuir a preservar la calidad de vida de quienes conviven con iRBD durante largos periodos.
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También resaltaron que continuarán con la necesidad de seguir investigando los mecanismos que originan estas diferencias, con el objetivo de desarrollar tratamientos más efectivos y adaptados a las características individuales de los pacientes.
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