
Consideradas el “rey” de los ejercicios de fuerza, las sentadillas han trascendido los gimnasios para convertirse en un movimiento clave en la vida diaria. No solo es uno de los ejercicios más completos para las piernas y los glúteos, sino que, según especialistas de Cleveland Clinic, su impacto alcanza desde la mejora de la postura hasta la prevención de enfermedades crónicas.
Ya sea al levantarse de una silla o al cargar una bolsa de compras, este gesto básico resume los principios de la movilidad, la potencia y el equilibrio que necesitamos a cualquier edad ¿Por qué las sentadillas son tan recomendadas por la ciencia médica? Las respuestas van más allá del entrenamiento: benefician la fortaleza ósea, la salud metabólica y la calidad de vida.
Músculos involucrados y funcionalidad
La sentadilla se basa en flexionar y estirar las piernas en coordinación con los glúteos, los cuádriceps y el núcleo. De acuerdo con la guía de Cleveland Clinic, también participan la espalda, los isquiotibiales, los flexores de la cadera, los aductores y las pantorrillas. Esta integración muscular aporta beneficios para la funcionalidad y la resistencia física.
Entre los beneficios de las sentadillas destacan el incremento de fuerza en la parte inferior del cuerpo y la mejora de la postura. Los expertos explican que una ejecución adecuada contribuye a quemar cerca de 35 calorías por minuto y promueve la salud metabólica mediante la estimulación hormonal vinculada al desarrollo muscular.

La práctica frecuente ayuda a mantener la densidad ósea, aspecto relevante para quienes buscan prevenir la osteoporosis y proteger la estructura de los huesos. Las sentadillas también fortalecen la estabilidad y el equilibrio, factores claves para evitar caídas y lesiones, especialmente en adultos mayores.
El especialista en medicina deportiva y director del Programa de Medicina del Estilo de Vida de Cleveland Clinic Dr. Matthew Kampert señala que unos glúteos fuertes aportan estabilidad en los movimientos diarios. Flexores de la cadera, aductores y pantorrillas colaboran en sostener el equilibrio y ofrecer seguridad al trasladarse o incorporarse desde una silla.
Flexibilidad, movilidad y técnica adecuada
Las sentadillas favorecen la flexibilidad y movilidad de caderas, rodillas y tobillos. Esto permite movimientos más seguros y eficientes durante la jornada y reduce el riesgo de molestias articulares.
Realizar sentadillas de forma inadecuada puede provocar lesiones. Cleveland Clinic recomienda prestar atención a la técnica: la cabeza debe mirar al frente, el pecho permanecer erguido, la espalda recta y el núcleo estable en todo momento. Descuidar la postura puede ocasionar distensiones o dolores lumbares; por ello, el control resulta esencial antes de avanzar en la profundidad o añadir peso a la rutina.

Para realizar sentadillas adecuadamente, es necesario colocarse con los pies separados al ancho de los hombros y los dedos apuntando ligeramente hacia afuera. Se flexionan las caderas, los glúteos bajan como al sentarse en una silla y el torso desciende mientras las rodillas se mantienen abiertas y alineadas con los pies.
El descenso debe llegar hasta que los muslos queden paralelos al suelo —o hasta un punto cómodo—, con el peso en los talones y la columna neutra. El regreso a la posición inicial se logra impulsándose con los talones.
En quienes se inician, Cleveland Clinic sugiere utilizar una silla o una pared como apoyo para reforzar el equilibrio y perfeccionar la técnica sin añadir carga. La respiración cumple un papel importante: se inhala al descender y se exhala al ascender, lo que favorece la estabilidad del torso y el trabajo muscular. Se recomienda empezar sin peso, realizar entre diez y quince repeticiones, y solo incorporar cargas o variantes cuando la postura es la adecuada.
Consejos para progresar y evitar lesiones
Mantener el control durante todo el movimiento resulta indispensable para prevenir lesiones. Se deben contraer los músculos al subir y evitar impulsos o rebotes en la fase baja de la sentadilla.
El Dr. Kampert destaca la utilidad de ejercicios complementarios, como estiramientos y el rodillo de espuma, para mantener la movilidad entre sesiones. Si aparecen molestias agudas, lo recomendable es consultar a un profesional de la salud, fisioterapeuta o entrenador deportivo que pueda corregir la técnica y adaptar el ejercicio al nivel individual.

Con la práctica constante y la atención a los detalles técnicos, la capacidad para realizar sentadillas mejora. Los avances en fuerza y flexibilidad potencian los beneficios del ejercicio y sostienen el bienestar físico a largo plazo.
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