
La creencia de que una copa de vino o una cerveza al día es inofensiva o incluso beneficiosa está arraigada en muchas sociedades. Sin embargo, recientes investigaciones empiezan a cuestionar esta idea desde una perspectiva sanitaria.
Un estudio publicado en BMJ Global Health y citado por EatingWell ofrece datos contundentes: consumir solo un trago de alcohol cada día puede incrementar hasta en un 50% el riesgo de desarrollar cáncer bucal. Este riesgo no solo aparece con grandes cantidades, sino que se manifiesta incluso con dosis bajas y se potencia de forma alarmante cuando se suma el consumo de tabaco.
El hallazgo plantea un serio desafío para quienes consideran que el consumo moderado no implica peligros para la salud y pone en el centro del debate la verdadera dimensión de sus efectos.
Estudio en India: metodología y hallazgos
La investigación fue desarrollada en India, donde el cáncer bucal representa uno de los principales problemas de salud pública. El estudio analizó información de más de 3.700 hombres mediante un enfoque de casos y controles.
De los participantes, 1.803 habían sido diagnosticados con cáncer de mucosa bucal y 1.903 integraban el grupo de control, formado por personas sanas atendidas en centros oncológicos de referencia, detalló EatingWell.

Los investigadores recolectaron datos detallados sobre los hábitos diarios de los participantes, la cantidad exacta de gramos de alcohol consumidos y otros factores de riesgo como el tabaco de mascar y el cigarro.
El umbral de riesgo se identificó desde nueve gramos de alcohol diarios —menos de una copa de vino o una cerveza estándar—, a partir del cual la probabilidad de desarrollar cáncer bucal se incrementó un 50% en comparación con quienes no bebían.
Una de las conclusiones más relevantes es que este aumento del riesgo se mantiene estable independientemente del tipo de bebida alcohólica. Tanto la cerveza, el whisky como los licores de elaboración local muestran una relación directa con la aparición de la enfermedad, según EatingWell.
El estudio hizo un particular énfasis en los licores de producción local, que suelen carecer de controles y pueden contener contaminantes peligrosos como el metanol o el acetaldehído. Estas sustancias, con potencial cancerígeno, elevan considerablemente los riesgos, explicó el equipo citado por EatingWell.

El peligro se ve agravado cuando el consumo de alcohol se combina con el de tabaco, especialmente el tabaco de mascar. Los especialistas señalaron que el alcohol aumenta la permeabilidad de la mucosa bucal, facilitando la absorción de compuestos cancerígenos presentes en el tabaco.
Esta interacción no solo suma los riesgos, sino que los multiplica, lo que convierte a esta combinación en una de las más peligrosas para la salud bucal.
No existe un nivel seguro de consumo
A diferencia de lo que muchos suponen, los expertos subrayan que no hay un nivel seguro de consumo de alcohol en relación con el riesgo de cáncer bucal. Incluso quienes beben menos de una copa al día experimentan un aumento significativo del peligro, desmintiendo la idea de que el consumo moderado es completamente inocuo.
El estudio reconoce ciertas limitaciones. La información sobre el consumo de alcohol fue autodeclarada por los participantes, lo que podría conllevar sesgos o subestimaciones, sobre todo en entornos donde existe estigma social hacia la bebida.
Además, el análisis se centró exclusivamente en hombres, ya que menos del uno por ciento de las mujeres incluidas admitió consumir alcohol, lo que impidió evaluar los efectos en la población femenina.

Se trata de un estudio observacional, por lo que si bien establece una relación clara entre el consumo de alcohol y el riesgo de cáncer bucal, no demuestra una causalidad absoluta.
Los autores precisaron que beber alcohol no garantiza que una persona vaya a desarrollar la enfermedad, pero sí aumenta notablemente la probabilidad, según la evidencia recogida por EatingWell.
Ante estos resultados, los especialistas insisten en que reducir el consumo de alcohol y evitar el tabaco son medidas esenciales para proteger la salud bucal y reducir el riesgo de cáncer. Incorporar pequeños cambios en los hábitos diarios puede tener un efecto positivo a largo plazo en el bienestar general y contribuir a la prevención de enfermedades graves.
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