
Cada año, miles de personas reciben un diagnóstico de demencia en distintos puntos del mundo. Ahora, un estudio realizado por centros científicos de España aporta nuevas pruebas sobre cómo la calidad de los carbohidratos que se ingieren influye directamente en el riesgo de desarrollar trastornos neurodegenerativos.
La investigación fue publicada en el International Journal of Epidemiology, por la Universitat Rovira i Virgili (URV) junto al Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV) y el Centro de Tecnología Ambiental, Alimentaria y Toxicológica (TecnATox), de Cataluña, España. El equipo científico analizó durante más de trece años los hábitos alimenticios de más de 200.000 adultos en Reino Unido. Los hallazgos reafirman la importancia de priorizar alimentos con bajo índice glucémico para reducir el riesgo de demencia y alzhéimer.
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Durante más de trece años, el grupo de investigación analizó especialmente la calidad y cantidad de los carbohidratos consumidos por los participantes, enfocándose en un parámetro poco conocido por la población general: el índice glucémico (IG).

“El índice glucémico mide la rapidez con que los hidratos de carbono elevan la glucosa en sangre después de consumirlos. Una escala de 0 a 100 clasifica los alimentos según su impacto: la patata (papa) y el pan blanco, por ejemplo, tienen un IG alto, mientras que la fruta y los cereales integrales se ubican en la franja baja”, explicó la profesora Mònica Bulló, directora de TecnATox y líder de la investigación.
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Hallazgos contundentes: índice glucémico, demencia y modificación del riesgo
La magnitud del análisis, que evaluó datos de más de doscientos mil personas durante 13,25 años, permitió a los científicos determinar con gran precisión los umbrales a partir de los cuales el nivel de carbohidratos consumidos elevaba el peligro de desarrollar alzhéimer y otros tipos de demencia. Al cierre del estudio, 2.362 personas habían recibido un diagnóstico de deterioro cognitivo.
Los resultados evidencian que “las dietas con un índice glucémico bajo a moderado se asocian con una reducción del 16% en el riesgo de padecer alzhéimer, mientras que valores altos están ligados a un incremento del 14% en ese peligro”. El efecto se atribuye a la relación entre los picos de glucosa en sangre tras ingerir ciertos alimentos y la salud cerebral a largo plazo.
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“Estos resultados indican que el seguimiento de una alimentación rica en alimentos de índice glucémico bajo, como la fruta, las legumbres o los cereales integrales, podría disminuir el riesgo de deterioro cognitivo, alzhéimer y otros tipos de demencias”, sostuvo la catedrática Mònica Bulló.
Por qué los carbohidratos importan tanto
Según los investigadores, los carbohidratos son el componente más abundante de la dieta en la mayoría de los países y representan aproximadamente el 55% de la energía total diaria que consumen los adultos. Su impacto en la salud va mucho más allá del aporte energético: influye en el metabolismo de la glucosa y la producción de insulina, dos factores que intervienen en el desarrollo de enfermedades metabólicas y neurodegenerativas.
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“No solo la cantidad, sino también la calidad de los hidratos de carbono ingeridos, influyen de forma significativa en la salud metabólica y en el riesgo de enfermedades relacionadas, como el alzhéimer”, señala el equipo de la URV en el artículo científico original publicado por el International Journal of Epidemiology.

Alimentos con efecto protector: frutas, legumbres y cereales integrales
El estudio subraya que no todos los carbohidratos son iguales. Priorizar alimentos frescos y poco procesados, como las frutas enteras, las legumbres y los cereales integrales, favorece la estabilidad de la glucosa en sangre y, según los resultados obtenidos, podría proteger la salud cerebral a largo plazo.
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Por el contrario, las dietas centradas en productos de alto índice glucémico —como el pan blanco, los dulces o los alimentos ultraprocesados— favorecen las fluctuaciones bruscas de azúcar en sangre, un fenómeno que los científicos vinculan directamente con un mayor riesgo de demencia.
Aunque la edad sigue siendo el principal factor de riesgo de los trastornos cognitivos, los expertos coinciden en que la alimentación ocupa un lugar central en las estrategias preventivas. “Estos resultados ponen el foco en la importancia de tener en cuenta tanto la cantidad como la calidad de los hidratos de carbono como estrategia de prevención y manejo de las demencias”, concluye la URV en su reporte.
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