
Durante décadas, la peste porcina clásica fue una de las mayores amenazas para la ganadería. Altamente contagiosa y mortal, esta enfermedad viral devastó criaderos enteros.
Ahora, un grupo de científicos del Instituto Roslin de Edimburgo, en Gran Bretaña, desarrolló cerdos genéticamente resistentes al virus que causa la peste porcina clásica.
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Los investigadores del Instituto Roslin, reconocidos por haber clonado a la oveja Dolly en 1996, presentaron este hito. Su trabajo fue publicado en la revista Cell. En palabras del equipo, la investigación “destaca el creciente potencial de la edición genética en el ganado para mejorar la salud animal y apoyar la agricultura sostenible”.

El proceso fue preciso y controlado. Los especialistas identificaron un gen responsable de producir una proteína llamada DNAJC14, fundamental para que los pestivirus —la familia a la que pertenece el virus de la PPC— puedan reproducirse.
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Experimentos previos en cultivos celulares habían mostrado que una pequeña alteración en el código genético era suficiente para detener la replicación del virus.
A partir de esa pista, los científicos decidieron dar un paso más y aplicar el mismo cambio en embriones de cerdo. Los embriones modificados fueron implantados en madres sustitutas y, al alcanzar la edad adulta, los animales resultantes se enfrentaron al virus bajo condiciones controladas y seguras en las instalaciones de la Agencia de Sanidad Animal y Vegetal (APHA) del Reino Unido.
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El resultado fue sorprendente. Los cerdos genéticamente editados permanecieron completamente sanos, sin signos de infección ni efectos adversos sobre su salud o fertilidad. En cambio, los animales de control, que no fueron modificados, presentaron síntomas típicos de la peste porcina clásica: fiebre, lesiones en la piel, convulsiones y diarrea.
“La peste porcina clásica es una enfermedad devastadora para el ganado y los agricultores, como vimos con el brote en el Reino Unido hace 25 años. Esperamos que este avance pueda ayudar a reforzar la resiliencia del sector ganadero ante la enfermedad”, explicó Helen Crooke, subdirectora de virología de mamíferos en la APHA.
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Ciencia aplicada al futuro del agro

El descubrimiento del Instituto Roslin no se limita a un logro experimental. Representa un nuevo paradigma para la prevención de enfermedades en el ganado. Según los investigadores, la edición genética podría formar parte de una estrategia integral junto con vacunas y medidas de bioseguridad, reduciendo drásticamente el impacto de las epidemias que afectan a la producción animal en todo el mundo.
La peste porcina clásica fue erradicada del Reino Unido en 1966, pero desde entonces ocurrieron varios brotes y la enfermedad sigue siendo endémica en regiones de Asia, África, América Latina y Europa. En esos lugares, el control depende de campañas de vacunación costosas y de restricciones comerciales que afectan directamente a los productores. Se calcula que solo en el Reino Unido, los brotes históricos provocaron el sacrificio de unos 75.000 cerdos.
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La doctora Christine Tait-Burkard, líder del grupo de investigación en el Instituto Roslin, resumió el impacto del virus al señalar que “este virus tiene graves consecuencias para el bienestar y la productividad animal”. La nueva línea de cerdos resistentes, generada a partir de una edición precisa del gen DNAJC14, ofrece una protección completa sin alterar su desarrollo ni su comportamiento reproductivo.

El experimento también reveló un posible efecto multiplicador. El mismo gen que fue modificado en los cerdos participa en la replicación de pestivirus que afectan a otras especies de ganado, como el bovino y el ovino. Esto abre la posibilidad de aplicar la misma técnica a vacas y ovejas, lo que ampliaría el alcance de la protección y fortalecería la bioseguridad de la producción ganadera global.
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El doctor Simon Lillico, investigador del Instituto Roslin y uno de los autores principales del estudio, sostuvo que el avance implica una responsabilidad ética. “En mi opinión, existe un imperativo moral de que si podemos crear animales resistentes a las enfermedades, probablemente deberíamos hacerlo”, afirmó.
El científico destacó además que esta investigación “requiere la infraestructura para criar, monitorear y evaluar de forma segura al ganado modificado genéticamente”, algo posible gracias al Centro de Investigación e Imagenología de Grandes Animales del Instituto, en colaboración con la APHA.
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El trabajo recibió apoyo financiero del Consejo de Investigación en Biotecnología y Ciencias Biológicas del Reino Unido y de la Universidad de Edimburgo, lo que permitió desarrollar la tecnología con altos estándares de seguridad y trazabilidad genética.
Más allá del impacto inmediato sobre la peste porcina clásica, la investigación sugiere un cambio de paradigma en la manera de enfrentar enfermedades zoonóticas y endémicas. La posibilidad de introducir cambios genéticos que bloqueen la entrada o la replicación de virus en animales de granja podría disminuir la necesidad de antibióticos y vacunas repetitivas, reduciendo los costos y el estrés de los sistemas productivos.
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En un contexto global de mayor demanda de proteína animal y presión sobre los ecosistemas, los investigadores consideran que este tipo de herramientas puede contribuir a una agricultura más sostenible. “Décadas de investigación genómica han permitido identificar y editar con precisión los genes implicados en la resistencia a las enfermedades”, explicó la doctora Emily Clark, del Instituto Europeo de Bioinformática del EMBL.

“Investigaciones como esta contribuyen a la creación de animales más sanos, a la reducción de pérdidas para los ganaderos en zonas afectadas por la peste porcina y a un gran avance en el uso de la innovación basada en la genómica para aumentar la resiliencia de las poblaciones ganaderas ante las enfermedades”, agregó.
El trabajo también coincide con un momento en el que muchos países reconsideran sus políticas sobre la edición genética en la agricultura. En el Reino Unido, la reciente Ley de Crianza de Precisión abrió el camino para el desarrollo de cultivos y animales genéticamente modificados, mientras que Estados Unidos, Japón y Brasil ya aprobaron la edición genética de ganado con fines comerciales.
Uno de los antecedentes más cercanos fue el de la empresa Genus, con sede en Basingstoke, que desarrolló cerdos resistentes a un virus responsable del síndrome reproductivo y respiratorio porcino. Estos animales ya recibieron autorización para su venta en Estados Unidos y se espera que lleguen al mercado en 2026.

El nuevo logro del Instituto Roslin se inscribe en esta misma línea, pero con un objetivo más ambicioso: impedir la infección desde la raíz. A diferencia de una vacuna, que entrena el sistema inmunológico para reaccionar ante el virus, la edición genética elimina directamente el mecanismo que el virus utiliza para multiplicarse dentro del organismo. En otras palabras, el patógeno no puede completar su ciclo vital y la enfermedad nunca se desarrolla.
Esa diferencia técnica implica una ventaja significativa. Los cerdos resistentes no solo permanecen sanos, sino que también son incapaces de transmitir el virus a otros animales, lo que convierte al avance en una herramienta potencialmente revolucionaria para la sanidad animal.
Aun así, los científicos reconocen que todavía quedan pasos por delante antes de ver estos animales en granjas comerciales. Será necesario realizar evaluaciones regulatorias, éticas y de impacto ambiental antes de autorizar su producción a gran escala. No obstante, los resultados actuales permiten imaginar un futuro en el que los brotes epidémicos en el ganado puedan controlarse de manera más eficaz, sin depender exclusivamente de vacunas o sacrificios masivos.

El doctor Lillico subrayó la importancia de combinar ciencia y responsabilidad social. “Si bien investigaciones previas habían identificado el papel de esta proteína en cultivos celulares, traducirla a animales vivos es un paso fundamental. Nuestro trabajo demuestra que la edición genética puede utilizarse de forma segura y ética para proteger a los animales y garantizar la seguridad alimentaria”, señaló.
En un mundo donde la demanda de alimentos continúa en aumento y las enfermedades animales pueden alterar cadenas de suministro enteras, la innovación del Instituto Roslin marca un punto de inflexión.
Los cerdos inmunes a la peste porcina clásica no solo representan un avance biotecnológico, sino también una muestra de cómo la ciencia puede responder a los desafíos globales con precisión, empatía y visión de futuro.
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