
Un simple giro de hombros puede desencadenar un cambio inmediato en el organismo: una rápida caída de la presión arterial acompañada por una sensación de relajación corporal ampliamente reconocida tras estirar la parte superior de la espalda.
Esta reacción, documentada por investigadores de la Universidad de Minnesota y difundida por The Washington Post, apuntó a que la sensación de alivio posterior a este gesto cotidiano tiene una base fisiológica específica, más allá de la percepción subjetiva.
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El estudio, publicado en la revista Physiological Reports, analizó a 24 adultos jóvenes que asistieron al Centro Médico de la Universidad de Minnesota por episodios de mareo o desmayo no relacionados con el estiramiento.
Durante la prueba, los participantes, con los brazos apoyados en las piernas, elevaron los hombros hacia las orejas, se inclinaron levemente hacia atrás y flexionaron la parte superior de la espalda durante 10 a 15 segundos, siempre respirando con normalidad.
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Jorge L. Reyes, cardiólogo en formación y autor principal del estudio, informó en The Washington Post que este movimiento generó una “caída bastante marcada” en la presión arterial de los participantes.
De acuerdo con David Benditt, profesor de medicina cardiovascular y coautor, a diferencia de otras situaciones donde la presión arterial desciende y el corazón acelera para compensar, aquí la frecuencia cardíaca se mantuvo prácticamente estable. Este fenómeno sugiere la presencia de un reflejo controlado por el sistema nervioso parasimpático.
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Sistema nervioso parasimpático y la relajación
La hipótesis de los especialistas sostiene que el estiramiento de los músculos de la espalda superior activa un reflejo a través del sistema nervioso parasimpático, responsable de las respuestas de relajación en el cuerpo.
“Parece que la respuesta en la presión arterial y la frecuencia cardíaca puede explicar esa sensación placentera”, declaró Reyes. Mientras que Benditt destacó que, si bien el estudio es pequeño y la interpretación aún es preliminar, los resultados abren caminos para investigar los reflejos espinales y su relación con el bienestar.
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El equipo detectó reacciones similares en casi 150 casos analizados, salvo en personas con enfermedades neurológicas graves como el Parkinson. La mayoría experimentó una leve disminución de la presión arterial, pero algunos casos aislados mostraron reacciones tan intensas que provocaron desmayos.

Implicaciones para quienes padecen hipertensión
El descubrimiento ha interesado a expertos como Michael Joyner, anestesiólogo y fisiólogo de la Mayo Clinic, quien destacó en The Washington Post el potencial de este reflejo para inspirar nuevos enfoques en el control de la presión arterial. Con respecto a esto, afirmó: “Los resultados en estos pacientes pueden ofrecer pistas sobre maniobras capaces de ayudar a personas con hipertensión leve a reducir un poco su presión”.
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Stephen Juraschek, profesor asociado en la Harvard Medical School y especialista en hipertensión, resaltó que resulta significativo cómo un gesto tan simple influye en la presión arterial, aunque advirtió sobre la participación de otros mecanismos fisiológicos. La contracción y relajación de los músculos también modifica el reparto de la sangre en el cuerpo.
Ambos especialistas coincidieron en que actividades como la meditación, los ejercicios de respiración y, posiblemente, los estiramientos de la espalda pueden contribuir a reducir la presión arterial de modo momentáneo, aunque no reemplazan los tratamientos convencionales.
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“No confiaría en exceso en la relajación”, advirtió Juraschek, subrayando que los medicamentos antihipertensivos probaron su eficacia en la reducción de riesgos cardiovasculares.

Desmayos y enfermedades neurológicas: riesgos y excepciones
Aunque la mayoría de las personas solo experimenta una leve caída de la presión arterial al girar los hombros, algunas presentan respuestas cardiovasculares tan abruptas que provocan mareos o incluso desmayos.
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Benditt contó el caso de una joven de 19 años que se desmayaba al estirar la espalda. Al principio se creyó que eran convulsiones, pero en realidad se trataba de una caída brusca de la presión arterial provocada por el movimiento.
En el seguimiento de más de 100 pacientes, el equipo identificó cerca de una decena de casos de desmayos relacionados con este reflejo, aunque la mayoría manifestó solo una caída moderada de la presión. Las personas con enfermedades neurológicas graves, como el Parkinson, no presentaron esta respuesta, lo que indica la importancia de la integridad del sistema nervioso.
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Investigación futura y perspectivas científicas
Pese a que los resultados resultan prometedores, los autores del estudio y los especialistas consultados por The Washington Post insistieron en que se requiere ampliar la investigación.
El análisis se centró en un grupo pequeño y específico —adultos jóvenes con antecedentes de mareo o desmayo—; será necesario replicar los hallazgos en poblaciones más amplias y comprender los mecanismos exactos de la caída de la presión arterial.

El grupo de la Universidad de Minnesota sigue investigando si la respuesta observada se debe a un reflejo espinal y de qué manera las señales nerviosas entre los músculos y el cerebro influyen en la regulación cardiovascular. Entender este fenómeno podría aportar nuevas herramientas para el manejo del estrés y la salud cardiaca.
Cada avance sobre estos reflejos suma una pieza más al complejo rompecabezas del funcionamiento corporal, demostrando que existe un vínculo directo entre gestos cotidianos, como un giro de hombros, y la regulación fisiológica del bienestar.
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