
Identificar las señales tempranas de un infarto puede salvar la vida. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “se estima que 19,8 millones de personas murieron por enfermedades cardiovasculares en 2022, lo que representa aproximadamente el 32% de todas las muertes mundiales. De estas muertes, el 85% se debieron a infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares”.
Muchas personas desconocen los síntomas de alerta y cómo distinguirlos de otras afecciones comunes, lo que puede derivar en una demora en la búsqueda de atención médica. Reconocer las señales y permite actuar de inmediato para recibir el tratamiento óptimo, con mejores posibilidades de supervivencia y de recuperación.
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Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Corazón, una fecha dedicada a sensibilizar sobre la importancia de detectar a tiempo los problemas cardíacos.
Cuáles son los síntomas de alerta de un infarto
El infarto de miocardio, conocido como ataque cardíaco, ocurre cuando el flujo sanguíneo hacia el músculo del corazón disminuye de manera abrupta o se interrumpe. Esta condición obedece, en la mayoría de los casos, a la acumulación de placas de grasa y colesterol (conocidas como ateroesclerosis) en las arterias coronarias, según detallan desde Mayo Clinic.
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Las placas pueden romperse, y cuando esto ocurre, se forma un coágulo que puede obstruir el flujo de sangre hacia el corazón, lo que puede provocar la muerte del tejido cardíaco afectado. Uno de los principales desafío es la variedad de síntomas inespecíficos que pueden ser confundidos por indicios de otras afecciones.
Los especialistas coinciden en que el dolor o presión en el pecho representa la alerta más frecuente: puede sentirse como una banda apretada, presión fuerte, indigestión intensa o algo pesado sobre el tórax, según Medline Plus, el sitio de la Biblioteca Nacional de Medicina de EEUU.
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La molestia puede irradiar a los brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula, los hombros o la parte superior del abdomen.
Otros síntomas incluyen sudor frío, falta de aire, náuseas, mareos, fatiga y, en algunos casos, desmayos o palpitaciones. Desde los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) señalan: “El dolor se localiza en el centro o el costado izquierdo del pecho y suele durar más de unos minutos, aunque puede desaparecer y reaparecer”.
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Los signos no siempre se presentan de forma intensa o conjunta, y parte de los episodios resultan “silenciosos”, sobre todo en personas mayores, mujeres o pacientes con diabetes, quienes pueden solo experimentar cansancio, debilidad o dificultad respiratoria.

La distinción respecto a otras afecciones como la acidez estomacal, la ansiedad o las enfermedades pulmonares radica en la persistencia y la intensidad del dolor torácico, además de la aparición de varios síntomas simultáneos. Según Mayo Clinic, “algunos ataques cardíacos se producen de repente, pero muchas personas tienen signos y síntomas de advertencia horas, días o semanas antes”.
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Además agregan que el dolor de infarto no suele ceder con el descanso, mientras que las molestias de origen digestivo tienden a aliviarse en reposo o tras ingerir antiácidos.
¿Qué hacer ante una sospecha de infarto?
Frente a la sospecha de un ataque cardíaco, la recomendación es solicitar atención médica de inmediato a través de los servicios de emergencia. No se debe intentar llegar al hospital por cuenta propia si existe la posibilidad de esperar una ambulancia, ya que el riesgo de muerte súbita (detenimiento abrupto del corazón sin señales previas) es más alto en las primeras horas del evento, según enfatizan desde Medline Plus.
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Ante un infarto, los servicios de emergencias ejecutan estudios específicos para confirmar el diagnóstico, como el electrocardiograma (ECG), análisis de sangre que revelan daño tisular y, en algunos casos, angiografía coronaria, resonancia magnética cardíaca o ecocardiografía.

Los tratamientos incluyen la administración de fármacos anticoagulantes, trombolíticos, y procedimientos invasivos como la angioplastia, que destapa arterias obstruidas, o la colocación de un stent para mantener el flujo. En ocasiones se realiza cirugía de bypass coronario.
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Posteriormente, la recuperación puede complementarse con programas de rehabilitación cardíaca, acompañados de ajustes en la medicación y el seguimiento de recomendaciones respecto a la actividad física, el control de otros factores de riesgo y una dieta saludable para el corazón. El CDC remarca que la adherencia a estos cuidados reduce la probabilidad de recaídas y mejora la calidad de vida.
Los expertos insisten en adoptar medidas preventivas, como dejar el consumo de tabaco, mantener una alimentación equilibrada, asistir a controles médicos y aprender técnicas de reanimación cardiopulmonar, para actuar ante cualquier emergencia.
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Factores de riesgo y prevención
Los factores de riesgo para el ataque cardíaco incluyen la edad avanzada, antecedentes familiares de enfermedad cardiaca, tabaquismo, hipertensión arterial, colesterol y triglicéridos elevados, diabetes, obesidad, sedentarismo, estrés prolongado, dieta alta en grasas saturadas, consumo de drogas ilícitas y algunas afecciones del embarazo como la preeclampsia, según lo indican desde Mayo Clinic.

La prevención combina el control de las afecciones médicas que elevan el riesgo cardiovascular, la consulta regular con profesionales, el uso correcto de medicamentos y la incorporación de hábitos saludables.
El pronóstico tras un infarto depende de la rapidez en la atención y de la magnitud del daño al músculo cardíaco.
Si el corazón ya no puede bombear sangre eficazmente, se presenta insuficiencia cardíaca y aumenta el riesgo de arritmias y nuevas complicaciones. No obstante, la mayoría de quienes sobreviven a un ataque cardíaco retorna de manera progresiva a sus actividades habituales tras completar el periodo de recuperación.
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