
Dormir poco, consumir alcohol con frecuencia o depender en exceso de la inteligencia artificial son prácticas instaladas en la vida moderna que, según especialistas consultados por EatingWell, pueden afectar la memoria y la salud cerebral más de lo que se advierte.
Tanto neurólogos como nutricionistas coinciden en que estos hábitos impactan de manera significativa y sostenida en la salud cerebral, pero también destacan que existen estrategias efectivas y probadas para prevenir el deterioro cognitivo y mantener la agudeza mental con el paso del tiempo.
El cerebro y la reserva cognitiva: por qué algunos hábitos impactan más de lo que parece
El Dr. Jon Artz, neurólogo certificado de Estados Unidos, explicó que, a partir de los 40 años, todas las personas comienzan a perder tejido cerebral. Sin embargo, la capacidad para enfrentar esos cambios depende de la llamada reserva cognitiva: es decir, la habilidad del cerebro para compensar el deterioro de las capacidades cognitivas conforme pasan los años.
En ese sentido, una reserva cognitiva robusta permite mantener el funcionamiento óptimo del cerebro, incluso frente a los desafíos propios de la edad.

Un análisis de la Harvard T.H. Chan School of Public Health advierte que las personas con estilos de vida saludables no solo conservan más funciones cognitivas al avanzar en edad, sino que incluso pueden retrasar el desarrollo de enfermedades como la demencia.
Entre sus hallazgos más recientes, se destaca la importancia de combinar descanso suficiente, actividad física regular, manejo del estrés y una dieta equilibrada para proteger la memoria y otras capacidades mentales.
Dormir poco, un riesgo silencioso para la memoria
El sueño insuficiente encabeza la lista de hábitos perjudiciales. Artz remarcó que la falta de descanso o la apnea no tratada pueden generar dificultades de concentración, fatiga e irritabilidad.
Además, el sueño profundo es esencial para consolidar recuerdos, por lo que su ausencia afecta tanto la memoria a corto como a largo plazo.

Por otro lado, el consumo regular de alcohol suma otro factor de riesgo. “No beneficia al cuerpo humano ni al cerebro”, advirtió Artz.
Inteligencia artificial y una alimentacón incorrecta
El uso frecuente de inteligencia artificial preocupa a los especialistas. La neuróloga certificada Dra. Kimberly Johnson Hatchett advirtió a Eatingwell que depender demasiado de estas herramientas podría limitar el uso de áreas cerebrales clave para la creatividad y el razonamiento deductivo. Aunque faltan conclusiones definitivas, recomendó limitar el uso de la IA para tareas básicas y así preservar las habilidades cognitivas complejas.
La alimentación es uno de los pilares para proteger la memoria. Moon señaló que los productos fritos y dulces procesados, típicos en muchas dietas, son fuentes de grasas saturadas, sodio y azúcares añadidos que afectan la comunicación neuronal.

Además, quienes padecen resistencia a la insulina o diabetes tipo 2 corren mayor riesgo de desarrollar demencia, tal como lo respalda una publicación de la Harvard T.H. Chan School of Public Health, que destaca la relación directa entre una mala salud metabólica y el deterioro cognitivo.
La experta recomendó sumar alimentos ricos en omega-3, proteínas magras, vegetales de hoja verde y productos fermentados, beneficiosos para el cerebro.
Ejercicio: cómo moverse aporta salud mental
El sedentarismo favorecido por la vida moderna tampoco ayuda a preservar la memoria. Artz sugirió incorporar ejercicio aeróbico a la rutina: hasta 300 minutos semanales pueden ofrecer mejoras notables en la función cerebral y la memoria.
Estudios publicados en la revista Neurology confirman que la actividad física regular ayuda a mantener el volumen cerebral y reduce el riesgo de deterioro cognitivo en adultos mayores.
El estrés crónico es otro gran enemigo. Moon explicó que la liberación constante de cortisol afecta regiones del cerebro vinculadas a la memoria. Por eso, propuso incorporar rutinas de relajación, como respiración consciente, paseos al aire libre o escribir un diario.

Expertos coinciden en que la mejor fórmula para una mente ágil incluye una alimentación equilibrada, ejercicio regular, descanso nocturno de calidad, manejo del estrés y mantener lazos sociales y actividades estimulantes.
Las decisiones que se toman a diario pueden marcar la diferencia en la salud cognitiva futura. Cambiar pequeños hábitos hoy, según los especialistas y la evidencia científica de instituciones como Harvard, es la mejor inversión para preservar la memoria y la calidad de vida a largo plazo.
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