
Humanos y animales comparten preferencias por ciertos sonidos, según confirmó un estudio internacional que respalda una antigua hipótesis de Charles Darwin.
El trabajo evidencia que distintas especies —incluidos los seres humanos— tienden a sentirse atraídas por señales acústicas similares, según informó el NY Post, a través de una publicación en la revista Science.
PUBLICIDAD
Científicos de diferentes países mostraron que el disfrute de ciertos sonidos, especialmente relacionados con el apareamiento y la comunicación de los animales, respalda la idea de Darwin de que existe una “predilección por lo bello” en la naturaleza.
El estudio sugiere que tanto personas como animales comparten mecanismos sensoriales innatos que fundamentan estas afinidades, según destacó el citado medio.

Cómo se realizó el estudio sobre preferencias sonoras
La investigación estuvo liderada por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI), en alianza con científicos de Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda. El equipo desarrolló una prueba interactiva en la que más de 4.000 voluntarios de distintas regiones del mundo escucharon pares de sonidos emitidos por animales de 16 especies.
PUBLICIDAD
Para cada par, se escogieron sonidos por los que previamente se había comprobado la preferencia de una especie animal específica. El diseño experimental permitió comparar de modo directo las elecciones sensoriales de humanos y animales sobre bases científicas sólidas. La metodología, reseñada por el medio citado, hizo uso de ciencia ciudadana mediante una experiencia lúdica digital.
El objetivo central era determinar si existe universalidad en la atracción por ciertas señales acústicas. Este método facilitó la recolección de datos a gran escala con alto control y rigor metodológico.

Resultados clave y coincidencias entre especies
Los análisis revelaron una coincidencia notable: humanos y animales tienden a preferir los mismos sonidos, resaltando los de frecuencia baja y aquellos con adornos acústicos como “trinos”, “chasquidos” y “golpeteos”.
PUBLICIDAD
Además, cuando una especie mostraba predilección clara por un sonido, los voluntarios humanos solían elegir la misma opción. Los participantes identificaban rápidamente los sonidos considerados agradables, lo que evidencia una sensibilidad compartida entre especies frente a determinados estímulos sonoros.
La tendencia a ciertas elecciones también ha sido confirmada por investigaciones previas en psicología ambiental. Un estudio realizado en España con más de 270 personas evidenció que los sonidos naturales, como el canto de pájaros o el murmullo de un arroyo, fueron percibidos como los más agradables y asociados a sensaciones de bienestar y calma.

Por el contrario, los sonidos tecnológicos y las señales de alerta, como sirenas o martillos neumáticos, recibieron valoraciones mucho menores y se vincularon a sentimientos de molestia y estrés.
PUBLICIDAD
Estos resultados sugieren que la valoración positiva de algunos estímulos acústicos responde no solo a mecanismos biológicos, sino también a la experiencia individual y al significado atribuido a cada sonido, según detalló el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de España en un análisis sobre preferencias sonoras humanas.
Según explicó el equipo al NY Post, este patrón respalda la hipótesis de que muchas señales auditivas han evolucionado para resultar atractivas más allá de las fronteras de la especie.
Lo que demuestra el hallazgo sobre la teoría de Darwin

Los resultados apoyan la idea de que la atracción hacia estímulos sensoriales agradables está anclada en la evolución de los sistemas perceptivos compartidos entre diferentes formas de vida. El doctor Logan James, autor principal del estudio, señaló su interés por comprender el origen y la persistencia de estas preferencias en muchas especies.
PUBLICIDAD
El doctor Samuel Mehr, responsable sénior del proyecto en la Universidad de Yale, subrayó que este tipo de experimentos demuestra el potencial de la ciencia ciudadana para investigar grandes patrones evolutivos entre especies.

Por su parte, el doctor Michael Ryan, coautor y profesor de la Universidad de Texas en Austin, puntualizó que los resultados dan sustento científico a la intuición darwiniana de una predilección universal por la belleza en las señales sensoriales.
El trabajo evidencia que humanos y otros animales comparten afinidades profundas en su reacción hacia determinadas señales acústicas. Esto indica que hay un origen biológico compartido y da nueva importancia a la idea de Darwin sobre que la experiencia sensorial es común en los animales.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Qué comer después de los 60 para sostener músculos y energía
Proteínas distribuidas, frutas, legumbres y agua frecuente conforman una base nutricional asociada al mantenimiento de la fuerza física en la vejez

Julie Andrews revela el hábito que ayuda a mantener el cerebro activo a los 91 años
La protagonista de “La novicia rebelde” combina escritura, lectura y aprendizaje continuo, actividades vinculadas en estudios con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia

Por qué algunas zonas de la espalda son más vulnerables al desgaste, según un estudio
Científicos europeos analizaron cómo los discos de la columna distribuyen las cargas diarias y detectaron áreas con mayor exposición al deterioro asociado al paso del tiempo

Fuerza no es lo mismo que potencia: el factor vinculado con una mejor movilidad después de los 60 años
Investigaciones en adultos mayores sugieren que subir cargas con rapidez y descenderlas de manera controlada favorece la autonomía en actividades cotidianas y puede complementar las rutinas de equilibrio

El hábito de todos los días que podría influir en la salud cognitiva
Los resultados abren nuevas preguntas sobre el papel del ritmo circadiano, el descanso, la actividad física y el contacto social en la prevención del deterioro mental


