
A medida que se avanza en edad, la salud es un ítem a tener en cuenta al viajar, incluso si vamos en un tour o crucero con todo incluido.
Conviene consultar al médico habitual o al farmacéutico que también puede aconsejarnos acerca de cuáles son los imprescindibles, qué medicamentos conviene llevar de modo preventivo. En la medida de lo posible, consultar como mínimo un mes antes, no a último momento.
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También hay que averiguar sobre las vacunas, de acuerdo al destino, y en este caso con mayor anticipación aun.
Desde ya que no es lo mismo ir por unos días a un all inclusive que un viaje más movido o a destinos que por geografía o clima son más desafiantes y pueden acarrear más imprevistos.
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Lo primero es asegurarse de tener provisión suficiente de los medicamentos recetados que se toman regularmente, si es el caso. Calcular el tiempo que estaremos afuera y algún eventual retraso en la vuelta, y pedir la renovación de la prescripción a los médicos correspondientes de ser necesario.

No olvidar el carnet de vacunación, si lo tenemos y si es requerido en el destino. Asegurarse de estar al día con las vacunas contra enfermedades más frecuentes, como hepatitis, tétanos, gripe. Otras, como la fiebre amarilla o el paludismo, dependerán del lugar al que se viaja. En estos casos, calcular bien los tiempos porque algunas vacunas requeiren más de una dosis o tienen una ventana de tiempo antes de resultar eficaces.
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Entre los remedios preventivos a llevar están los analgésicos, los antidiarreicos, los protectores hepáticos y los digestivos (de venta libre, en su mayoría) —recordemos que los cambios de alimentación pueden ser complicados—, los que alivian el mal de altura y los mareos (según destino). No hay que hacerse el valiente y decir “yo no me mareo”, porque puede que uno se marease de joven, pero con el tiempo, el organismo cambia.
Si vamos a un sitio veraniego y soleado, es indispensable el protector anti rayos UV, los anteojos idem, sombrero, repelente de insectos, calmante para picazones, etcétera.
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Apósitos o curitas no pueden faltar. Y luego se debe pensar en otros elementos de primeros auxilios en función del sitio al que se viaja.

“Esto es caso por caso, dice Karine Valiquette, farmacéutica consultada por Le Bel Age—. Está la teoría y la realidad. Mi rol es escuchar, y luego aconsejar sobre los productos mejor adaptados a cada persona, a su estado de salud y al tipo de viaje previsto”.
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Conviene revisar lo que tenemos en casa y la validez de cada producto, antes de ir a la farmacia.
Luego lo que llevemos también depende del tiempo que dure el viaje y del espacio que tengamos en el equipaje. Si viajamos solo con bolso de cabina, no podemos llevar toda la farmacia y conviene además fraccionar los productos y llevar la cantidad que calculamos que vamos a usar.
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Si el destino es endémico, una precaución extra puede ser una receta para antibióticos, siempre que el médico nos explique bien en qué casos usarlos.
En algunos tratamientos, como el de los diabéticos insulino dependientes, el decalaje horario puede complicar las cosas, por lo que hay que consultar al médico sobre cómo actuar. Para otros medicamentos, los horarios no son tan importantes; el doctor o el farmacéutico podrán aclarar esto respecto de cada producto.
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Hay que informarse bien antes del viaje sobre otras condiciones en el destino, como la potabilidad del agua, por ejemplo, para estar precavidos.
Si el viaje incluye caminatas, además del calzado cómodo que no debe ser a estrenar, no dudar en llevar un bastón. Los de trekking, por ejemplo. Hay modelos plegables y muy livianos. Son la mejor prevención anticaídas.
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Finalmente, si se hará un viaje internacional, se puede pedir asistencia (averiguar requisitos). Es un viaje de ida, nunca mejor dicho. Se evitan las largas esperas y las caminatas interminables en algunos aeropuertos. Y se llega fresco a destino.
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