
Acostarse más temprano podría favorecer la práctica de actividad física diaria, según un estudio liderado por la Universidad de Monash.
La investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences, analizó datos de 20.000 personas durante un año completo y concluyó que quienes adelantan su hora de dormir, sin reducir el tiempo total de sueño, tienden a realizar más actividad física moderada o vigorosa al día siguiente.
Participantes, dispositivos y metodología
El estudio principal, dirigido por Josh Leota y Elise Facer-Childs de Monash University, incluyó a 19.963 adultos que usaron un dispositivo biométrico validado en la muñeca desde el 1 de septiembre de 2021 hasta el 31 de agosto de 2022.
De acuerdo con los expertos, el seguimiento generó cerca de seis millones de registros nocturnos, lo que permitió obtener métricas objetivas tanto de sueño como de actividad física.

Los investigadores analizaron la relación entre la duración y el horario del sueño con la cantidad de actividad física realizada al día siguiente. Utilizaron modelos estadísticos avanzados que ajustaron los resultados por edad, sexo, índice de masa corporal, tipo de día (laborable o fin de semana), efectos estacionales y retroalimentación biométrica.
Además, se consideraron tanto los hábitos promedio de cada participante como las variaciones nocturnas individuales, lo que permitió evaluar la influencia de cambios puntuales en la rutina de sueño sobre la actividad física posterior.
Un segundo estudio de validación, realizado con 5.898 participantes del All of Us Research Program en Estados Unidos, utilizó datos de dispositivos para replicar el análisis. Según Monash University, este estudio adicional generó más de 635.000 registros persona-noche y confirmó la consistencia de los resultados en diversas poblaciones.
La relación entre la hora de acostarse y actividad física

Los datos recopilados revelaron una asociación entre acostarse más temprano y un mayor nivel de actividad física al día siguiente.
En promedio, quienes se dormían alrededor de las 21:00 realizaban aproximadamente 30 minutos más de ejercicio moderado a vigoroso al día, en comparación con quienes lo hacían a la 1:00.
Incluso al comparar a quienes dormían a las 21:00 con aquellos que lo hacían a las 23:00, la hora promedio de acostarse en la muestra, los primeros acumulaban casi 15 minutos adicionales de actividad física diaria.
También se evaluó el impacto de las variaciones nocturnas en el horario de sueño. Los resultados indicaron que acostarse antes de lo habitual, manteniendo la duración típica del sueño, se asociaba con los niveles más altos de ejercicio al día siguiente.

En cambio, dormir menos de lo habitual o retrasar la hora de acostarse estaba vinculado a una menor cantidad de actividad física.
Los especialistas precisaron que esta asociación se mantuvo tras ajustar por variables demográficas y de estilo de vida, lo que refuerza la relevancia del horario de inicio del sueño como un factor independiente para promover un estilo de vida activo.
“Las rutinas habituales de 9 a 5 pueden chocar con las preferencias de sueño de los tipos vespertinos, lo que conduce a un ‘jetlag social’, peor calidad de sueño y mayor somnolencia diurna, factores que pueden reducir la motivación y la oportunidad para la actividad física al día siguiente”, señaló Leota.

Por su parte, Facer-Childs destacó la importancia de considerar la interacción entre sueño y actividad física en la vida cotidiana.
“El sueño y la actividad física son fundamentales para la salud, pero hasta ahora no comprendíamos completamente lo conectados que están en la vida diaria”, afirmó.
Añadió que los resultados muestran que si alguien puede dormirse antes de lo habitual y mantiene la misma duración de sueño, es más probable que aumente su actividad física al día siguiente.
Los trastornos del sueño y su impacto en la salud
El sueño y la actividad física son considerados pilares fundamentales de la salud. Sin embargo, los trastornos del sueño pueden alterar la calidad de vida, la seguridad y el bienestar general. Según información de Mayo Clinic, estos trastornos pueden causar somnolencia diurna excesiva, dificultades para conciliar o mantener el sueño, y alteraciones respiratorias o motoras durante la noche.

Estas condiciones no solo afectan actividades cotidianas como conducir o trabajar, sino que también aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, diabetes y trastornos de salud mental. Mayo Clinic advirtió que la somnolencia diurna puede reducir la concentración y la atención, incrementando el riesgo de errores y accidentes.
Entre los factores de riesgo se encuentran la edad, predisposición genética, enfermedades crónicas, problemas de salud mental, alteraciones en los horarios y el consumo de ciertos medicamentos o sustancias. El tratamiento adecuado puede mejorar la calidad del sueño y, en consecuencia, el bienestar general.
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