
El impacto de la genética en nuestra esperanza de vida es un tema complejo y de gran interés para la comunidad científica. Recientes investigaciones revelan que, a pesar de nuestra predisposición genética, adoptar un estilo de vida saludable puede mejorar significativamente nuestra longevidad. Incluso se puede compensar más del 60% del impacto genético. Este hallazgo enfatiza la importancia de las elecciones cotidianas en nuestra salud y bienestar.
Un estudio de la Universidad de Edimburgo publicado en la revista BMJ Evidence-Based Medicine concluye que los factores como el tabaquismo, el consumo de alcohol, la dieta y la actividad física juegan un papel crucial en nuestra longevidad.
Los investigadores analizaron más de 350.000 personas, que tenían sus datos en el Biobanco del Reino Unido. El seguimiento a las personas se hizo durante un promedio de casi 13 años, tiempo durante el que ocurrieron 24.239 muertes.

En el estudio encontraron que aquellos con mayor riesgo genético de una vida más corta tenían un 21% más de riesgo de muerte prematura. Sin embargo, aquellos que adoptaron estilos de vida saludables, independientemente de su riesgo genético, mostraron una reducción significativa en el riesgo de muerte prematura.
El estudio demuestra que es posible agregar hasta cinco años a nuestra vida mediante la adopción de hábitos saludables. Los investigadores señalan que el riesgo genético de una vida corta o una muerte prematura puede compensarse en aproximadamente un 62% con un estilo de vida favorable.
“La adherencia a un estilo de vida saludable podría atenuar sustancialmente la reducción de la esperanza de vida de las personas con susceptibilidad genética a una esperanza de vida más corta”, afirmaron los investigadores.

Entre los factores que contribuyen a un estilo de vida saludable se incluyen no fumar, realizar actividad física regular, mantener una duración adecuada del sueño y seguir una dieta saludable. Estos elementos forman la combinación óptima para prolongar la vida humana, según el estudio.
El análisis observacional destaca que, independientemente de los riesgos genéticos, todos tienen un 78% más de probabilidades de morir prematuramente si llevan un estilo de vida poco saludable. Además, aquellos que combinan un riesgo genético de vida corta con hábitos poco saludables tienen el doble de probabilidades de morir prematuramente en comparación con aquellos sin riesgo genético y con estilos de vida saludables.
Estos hallazgos resaltan la capacidad de control que se puede tener sobre nuestra salud y longevidad, más allá de las cuestiones genéticas que no se pueden controlar. Adoptar un estilo de vida saludable puede ser desafiante, pero existen recursos como aplicaciones, grupos de apoyo y dietas reconocidas como la mediterránea, que pueden facilitar este proceso.

La investigación sugiere que al comprometerse con hábitos saludables, no solo se puede mejorar la calidad de vida, sino también aumentar nuestra esperanza de vida, a pesar de nuestra genética. Algo con lo que el ser humano ha lidiado toda su vida.
La conclusión de la investigación fue: “Los factores genéticos y de estilo de vida se asociaron de forma independiente con la esperanza de vida. La adherencia a estilos de vida saludables podría atenuar en gran medida el riesgo genético de una vida más corta o de una muerte prematura. La combinación óptima de estilos de vida saludables podría aportar mejores beneficios para una vida más larga, independientemente de los antecedentes genéticos”.
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