
En la vida diaria moderna, es común que las personas se enfrenten a un estado de preocupación o tensión mental, generado por una situación difícil, que en el peor de los casos se extiende en el tiempo. Esta situación, que muchos ya han naturalizado, no es otro que el estrés.
Lo cierto es que todas las personas tenemos un cierto grado de estrés, ya que se trata de la respuesta fisiológica, conductual y psicológica que se utiliza para afrontar y adaptarse a las diversas demandas del día a día y es una respuesta natural a las amenazas y a otros estímulos, según detalla la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero el modo que reaccionamos a este estado de alerta afecta a nuestro bienestar.
Para desactivar ese estado de alerta existen muchos recursos, entre ellos la actividad física, que despierta cada vez más interés entre los científicos por sus múltiples beneficios antiestrés
En ese sentido, un nuevo estudio, dirigido por investigadores del Hospital General de Massachusetts, perteneciente a la Universidad de Harvard y publicado en el Journal of the American College of Cardiology, advirtió “la actividad física reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV), en mayor medida, entre los individuos con depresión”, debido a reducciones en las señales cerebrales relacionadas con el estrés.

La endocrinóloga Laura Maffei (MN 62441), en una nota reciente a Infobae, explicó cómo funciona el estrés: “Responde a los denominados estresores, condiciones ambientales generadoras de estrés y cuya manera de afrontarlos forma parte de la cotidianidad. Se trata de cualquier objeto, suceso o situación del pasado, presente o futuro que genera diferentes reacciones en nosotros y permite que tengamos diversas formas de enfrentarnos a los nuevos escenarios”.
En palabras de la experta, existen dos tipos de estresores: “Por un lado, los absolutos, que suponen una amenaza para la vida o un riesgo mortal. Son situaciones donde no hay tiempo para la evaluación ni la racionalización. Por otro lado, los estresores relativos, aquellos que nos afectan en la vida cotidiana, pero no ponen en riesgo nuestra supervivencia”.
¿Qué sucede cuando las hormonas del estrés permanecen elevadas de manera constante? De acuerdo a la además directora de Maffei Centro Médico, explicó: “Cuando esto ocurre el sistema de regulación de estrés se perturba y se suscita una producción inadecuada de cortisol y adrenalina (las hormonas del estrés) provocando desde alteraciones emocionales como cansancio, depresión, ansiedad, falta de motivación hasta alteraciones físicas como diabetes, aumento de peso, infartos, accidentes cerebrovasculares, dermatitis, enfermedades autoinmunes o malignas, susceptibilidad a las infecciones, entre otras”.
Cómo se hizo el estudio

Para evaluar los mecanismos subyacentes a los beneficios psicológicos y cardiovasculares de la actividad física, Ahmed Tawakol, investigador y cardiólogo del Centro de Investigación de Imágenes Cardiovasculares del Hospital General de Massachusetts, dependiente de Harvard, y sus colegas analizaron los registros médicos y otra información de 50.359 participantes del Mass General Brigham Biobanco, los cuales completaron una encuesta de actividad física.
Un subconjunto de 774 participantes también se sometió a pruebas de imágenes cerebrales y mediciones de la actividad cerebral relacionada con el estrés. Durante un promedio de seguimiento de 10 años, el 12,9 por ciento de los participantes desarrolló enfermedad cardiovascular. Los participantes que cumplieron con las recomendaciones de actividad física tuvieron un riesgo 23 por ciento menor de desarrollar enfermedad cardiovascular en comparación con aquellos que no lo hicieron.
Los individuos con niveles más altos de actividad física también tendían a tener una menor actividad cerebral relacionada con el estrés. En particular, las reducciones en la actividad cerebral asociada al estrés fueron impulsadas por mejoras en la función de la corteza prefrontal, una parte del cerebro involucrada en la función ejecutiva (es decir, la toma de decisiones, el control de los impulsos) y que se sabe que restringe los centros de estrés del cerebro. Los análisis tuvieron en cuenta otras variables del estilo de vida y factores de riesgo de enfermedad coronaria.
Sus efectos antidepresivos

Como extensión de este hallazgo, los investigadores encontraron en una cohorte de 50.359 participantes que el beneficio cardiovascular del ejercicio fue sustancialmente mayor entre los participantes que se esperaría que tuvieran una mayor actividad cerebral relacionada con el estrés, como aquellos con depresión preexistente.
“La actividad física fue aproximadamente dos veces más efectiva para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular entre las personas con depresión. Los efectos sobre la actividad del cerebro relacionada con el estrés pueden explicar esta novedosa observación”, afirmó Tawakol, autor principal del estudio.
Recientemente, una revisión publicada en el British Journal of Sports Medicine concluyó que el ejercicio debería ser el tratamiento principal para la depresión y otras afecciones de salud mental comunes. El documento estuvo a cargo de un equipo de investigadores de la Universidad de Australia del Sur (UniSA).
“Se necesitan estudios prospectivos para identificar mediadores potenciales y demostrar la causalidad. Mientras tanto, los médicos podrían transmitir a los pacientes que la actividad física puede tener efectos cerebrales importantes, lo que puede impartir mayores beneficios cardiovasculares entre las personas con síndromes relacionados con el estrés, como la depresión”, expresó Tawakol.
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