
Las quejas psicosomáticas en salud mental infanto-juvenil se refieren a síntomas físicos que tienen una base psicológica o emocional subyacente. Estos síntomas pueden variar desde dolores de cabeza y de estómago hasta problemas de sueño, fatiga crónica y otros malestares físicos que no tienen una causa médica evidente.
La somatización es un mecanismo psíquico defensivo de supervivencia ante la angustia producida por un conflicto emocional y tiene como resultado el traspaso del afecto de lo psíquico a lo somático, el cuerpo. El síntoma posee una función defensiva: es como una barrera que impide que la angustia se haga presente, y así intenta negar el verdadero conflicto, pero no lo logra.
Los trastornos psicosomáticos son una de las formas clínicas de expresión más comunes de los padecimientos mentales en la infancia y la adolescencia. Se presentan, la mayoría de las veces, en la atención primaria, visita al pediatra o a la guardia médica. Cuando no se halla causa del malestar en el soma (N. del R: cuerpo) es derivado al área de la salud mental.
En los niños y adolescentes, las quejas psicosomáticas pueden ser una forma de expresar angustias emocionales que son difíciles de comunicar verbalmente. Los problemas emocionales, como el estrés, la ansiedad, la depresión o el conflicto familiar, pueden manifestarse a través de síntomas físicos. La mayoría de las veces, los niños y adolescentes no son conscientes de la conexión entre sus emociones y sus síntomas físicos.
Las quejas somáticas más frecuentes en la infancia y adolescencia son: cefaleas, cansancio o fatiga, dolores musculares, náuseas, dolores abdominales y articulares.

La mayoría de las veces las familias y el paciente suelen centrarse en un único síntoma, pero al realizar la historia clínica suelen apreciarse otras quejas funcionales, de manera que entre el 12-15% de los niños y niñas que presentan un síntoma somático refieren, al menos, cuatro quejas somáticas. La asociación de síntomas somáticos más frecuentes es cefalea y dolor abdominal.
La manifestación de los trastornos psicosomáticos varía según la edad.
- En niños pequeños el malestar se exterioriza mediante dos de las funciones básicas: alimentación y sueño. Por ello, en esta etapa de la vida, entre los 0 y 12 meses de edad, los síntomas más frecuentes están en relación con la alimentación (cólicos, regurgitaciones, vómitos, anorexia) y el sueño (insomnio, despertares nocturnos). También la aparición de dermatitis atópica, es frecuente en esta etapa.
- Durante la etapa escolar, los rasgos temperamentales, la influencia del medio familiar y la presión en la escuela hacen que las manifestaciones afecten a diversos órganos, apareciendo síntomas digestivos (enuresis, encopresis, estreñimiento); cuadros dolorosos (dolor abdominal, articular, etc.); respiratorios (asma) y síntomas neurológicos (cefaleas, mareos, desvanecimientos, alteración de la marcha, ataques).
- En la adolescencia, la sintomatología es, en general, más polimorfa, es decir los síntomas son variados y están asociados con la alimentación (anorexia y bulimia, abdominalgias, etc.); neurovegetativos (taquicardia, sudoración, palidez, sensación de ahogo, fatiga); neurológicos (migrañas, mareos, desvanecimientos, pseudocrisis epilépticas); trastornos del sueño (insomnio), problemas dermatológicos (tricotilomanía, alopecia, acné, prurito, psoriasis, dermatitis) y alteraciones endocrinas (retraso del crecimiento, diabetes, etc.).

Señales de alerta
Los factores que se deben tener en cuenta ante las quejas para sospechar su posible origen psicosomático son los siguientes:
- Dificultad para la expresión del lenguaje o alexitimia: la alexitimia propia de estas edades, por inmadurez cognitiva y limitación del vocabulario, conlleva a una dificultad en la vía de descarga de las tensiones internas y favorece que la comunicación del malestar emocional sea a través de síntomas físicos.
- Características temperamentales del niño: suelen ser niños perfeccionistas, responsables, que buscan ser buenos en todo, tímidos, ansiosos, con dependencia excesiva de la figura de apego, con tendencia al aislamiento o sentimiento de inferioridad.
- La ansiedad de separación: es un factor altamente relacionado con la patología psicosomática; muchos niños presentan dolor, vómitos, etc. en determinados procesos de separación del cuidador principal (ir al colegio o a dormir) por miedo a que, durante esta separación, pueda ocurrirle algo a sus progenitores.

- Los problemas vinculares: también pueden ocasionar quejas psicosomáticas. Desde la inadecuación de los aportes afectivos y/o elevada exigencia sobre el niño, hasta familias con dificultad en la resolución de conflictos que sobredimensionan los problemas de sus hijos con rasgos de teatralidad y exageración, y en ocasiones con tendencia a negar los problemas. También las historias de secretos de familia o factores de estrés familiar pueden incidir en la aparición de problemas psicosomáticos.
Un tema menos estudiado pero que produce manifestaciones de esta índole y se puede observar en la clínica psicoanalítica es la vertiente transgeneracional, específicamente lo que llamamos trauma transgeneracional. En los pacientes que han crecido con padres que han vivido situaciones traumáticas, se puede detectar la confluencia de elementos comunes como identificaciones específicas de la patología parental que hacen síntoma. Estos síntomas hablan de un saber no sabido por la conciencia pero que pugna por revelarse en este caso a través del cuerpo.
Sigmund Freud en “La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna”, (1908) reflexiona sobre la influencia de la moral sobre la génesis y desarrollo de las neurosis. Allí esboza la noción acerca de la transmisión hereditaria y subraya el fenómeno de la repetición de prototipos de relación de objeto, identificaciones y escenas fantasmáticas de una generación a otra, transmitiendo así padecimientos entre padres e hijos.
Otras veces los acontecimientos vitales estresantes como situaciones de pérdida o duelo de un ser querido, nacimiento de un hermano, separación de los padres, fracasos escolares, cambio de colegio o mudanzas, frustración amorosa o amistosa, situaciones de acoso o violencia escolar o situaciones de maltrato o abusos, entre otras muchas, pueden suponer el origen y/o el mantenimiento de un inicio de episodios de psicosomatizaciones.

Es de vital importancia escuchar y comprender las comunicaciones no verbales de los niños y las niñas, incluyendo los síntomas somáticos.
Un bebé, un niño, una niña o un adolescente que se queja de diversos dolores (una vez se haya descartado un origen orgánico) que pueden afectar la misma zona o ser nómades, es decir un día le duele la cabeza y otra día la panza, está intentando contar algo a través de su cuerpo. El cuerpo habla y nunca miente.
Muchas veces los síntomas físicos son manifestaciones de conflictos emocionales y es crucial explorar el significado simbólico detrás de estos síntomas. La somatización es una forma en que los niños y adultos se defienden de la angustia y el dolor y expresan problemas emocionales no resueltos. Escuchar y comprender estos síntomas somáticos podría revelar conflictos internos y facilitar el proceso de comprensión y recuperación emocional.
Un enfoque interdisciplinario que involucra a médicos, psicólogos y otros profesionales de la salud mental es la clave para entender y tratar estas quejas de manera efectiva.
* Sonia Almada: es Lic. en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Magíster Internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño, violencia de género e intrafamiliar (UNESCO). Se especializó en infancias y juventudes en Latinoamérica (CLACSO). Fundó en 2003 la asociación civil Aralma que impulsa acciones para la erradicación de todo tipo de violencias hacia infancias y juventudes y familias. Es autora de tres libros: La niña deshilachada, Me gusta como soy y La niña del campanario.
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