
En el espacio, los giros y vueltas suelen marcar el destino de los cuerpos celestes. Un pequeño cometa, invisible a simple vista y de apenas un kilómetro de diámetro, logró lo que ningún otro había mostrado ante los ojos de la ciencia: cambiar completamente el sentido de su rotación.
Esa hazaña, detectada por el Telescopio Espacial Hubble de la NASA, reveló que hasta los objetos más modestos del sistema solar pueden desafiar las expectativas y ofrecer respuestas sobre el origen y evolución de los mundos que giran en torno al Sol.
Astrónomos de la NASA y el Space Telescope Science Institute (STScI) observaron un fenómeno nunca antes registrado. El cometa 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák, conocido como 41P, redujo progresivamente su velocidad de rotación hasta casi detenerse y luego comenzó a girar en dirección contraria.
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Según informó la propia NASA, este hallazgo representa “la primera vez que los investigadores han observado evidencia de un cometa revirtiendo su giro”.
41P, un visitante periódico de la zona interna del sistema solar, no cuenta con la notoriedad de los cometas que suelen deslumbrar en el cielo nocturno. Su órbita lo lleva a acercarse al Sol cada 5,4 años, tras haber sido probablemente expulsado del Cinturón de Kuiper y redirigido por la gravedad de Júpiter.
Durante su paso de 2017, los datos obtenidos por el Observatorio Neil Gehrels Swift revelaron un cambio abrupto. El cometa giraba tres veces más lento en mayo que dos meses antes, cuando había sido observado por el Discovery Channel Telescope en Arizona.
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Los chorros de gas y su efecto de “propulsor” natural
El nuevo análisis, publicado en la revista The Astronomical Journal y difundido por la NASA y el STScI, mostró que, para diciembre de 2017, las imágenes del Hubble detectaron un aumento de la velocidad de rotación de 41P, con un ciclo de apenas 14 horas, frente a las 46-60 horas registradas por Swift meses antes.
La explicación más sencilla, según los investigadores, es que “el cometa continuó desacelerando hasta casi detenerse y luego fue forzado a girar en sentido casi opuesto por los chorros de gas expulsados de su superficie”.
“Los chorros de gas que emergen como pequeños propulsores pueden cambiar dramáticamente la forma en que un cometa, especialmente uno pequeño, rota”, afirmó David Jewitt, científico de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), citado por la NASA. El núcleo de 41P, que mide cerca de 1 kilómetro, resulta especialmente vulnerable a estos torques naturales.
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Cuando el cometa se aproxima al Sol, el calor provoca que los hielos de su superficie pasen directamente de sólido a gas, liberando material al espacio a través de chorros desiguales. “Si esos chorros están distribuidos de manera desigual, pueden ralentizar o incluso revertir la rotación”, explicó Jewitt.
El científico comparó el proceso con un carrusel: “Es como empujar un tiovivo. Si está girando en una dirección y empujas en contra, puedes frenarlo y hasta hacerlo girar hacia el otro lado”.
Un cometa con evolución acelerada y destino incierto
La investigación reveló que la actividad general del cometa ha disminuido de forma marcada a lo largo de los años. Durante su perihelio en 2001, 41P mostró una actividad inusualmente intensa para su tamaño. En 2017, su producción de gas había descendido cerca de diez veces, de acuerdo con los datos analizados por la NASA. Esta reducción sugiere que el cometa está experimentando una evolución superficial rápida, posiblemente porque los materiales volátiles cercanos a la superficie se agotan o quedan cubiertos por una capa de polvo aislante.
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La mayoría de los cambios estructurales en los cometas ocurren durante siglos o milenios, pero en el caso de 41P, las variaciones en su rotación y actividad se han registrado en apenas unas décadas.

Según la NASA, “el modelado basado en los torques medidos y las tasas de pérdida de masa sugiere que los cambios rotacionales continuos podrían llevar a una inestabilidad estructural”. Si el giro se acelera demasiado, la fuerza centrífuga puede superar la gravedad y resistencia del núcleo, provocando la fragmentación o incluso la desintegración total del cometa.
“Espero que este núcleo se autodestruya muy pronto”, advirtió Jewitt, quien lideró el estudio. Aun así, los astrónomos estiman que 41P ha ocupado su órbita actual durante unos 1.500 años.
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Ciencia abierta y hallazgos en archivos espaciales
El descubrimiento fue posible gracias al acceso abierto a los archivos del Hubble, que lleva más de 35 años recolectando datos de distintas misiones astronómicas. Jewitt encontró las imágenes y mediciones de 41P revisando el archivo Mikulski para Telescopios Espaciales, donde permanecían sin analizar.
Para la NASA, este caso destaca el valor de mantener los datos científicos accesibles, ya que “las observaciones de años o incluso décadas atrás pueden ser revisitadas para responder nuevas preguntas”.
El Telescopio Espacial Hubble, una colaboración entre la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), continúa aportando descubrimientos fundamentales sobre el universo, demostrando que la exploración espacial sigue deparando sorpresas incluso en los rincones menos esperados del sistema solar.
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