
El trastorno por consumo de alcohol provoca graves impactos sociales relacionados tanto con la salud en la vida de la persona que bebe en exceso como de quienes lo rodean. Los pacientes con trastorno por consumo de alcohol (AUD, por sus siglas en inglés) tienen un mayor riesgo de diversos trastornos que afectan al hígado, el sistema cardiovascular, el intestino, el páncreas, el sistema inmunitario, el cerebro y el sistema musculoesquelético.
En un estudio reciente publicado en JAMA Network Open investigadores de la Universidad de Medicina de Cleveland en Ohio, Estados Unidos, exploraron la asociación entre las infecciones por SARS-CoV-2 y los nuevos diagnósticos de trastorno por consumo de alcohol (AUD), considerando los dos años transcurridos desde el inicio de la pandemia por COVID-19
Incluyendo factores como la atención médica, la pérdida de productividad, los costos relacionados con el sistema de justicia penal y los accidentes, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos estimaron que el costo anual de los trastornos por consumo de alcohol era cercano a 249 mil millones de dólares en 2019, y los estudios han informado un aumento en el riesgo de AUD después de un diagnóstico de COVID-19.
Si bien la pandemia continúa con la aparición de nuevas variantes aunque con tasas de gravedad y mortalidad reducidas, el cambio en el riesgo de nuevos diagnósticos de AUD después de las infecciones por SARS-CoV-2 sigue sin estar claro.

En el presente estudio, los investigadores realizaron un análisis de cohorte retrospectivo de los registros de salud electrónicos no identificados de personas mayores de 12 años obtenidos de la Red TriNetX, que contiene datos de más de 60 millones de pacientes que abarcan 34 organizaciones de salud.
La investigación incluyó a 2.821.182 pacientes divididos en la cohorte de COVID-19 (con 1.201.082 de pacientes diagnosticados con COVID-19) y otra que reunió a las personas que experimentaron otras infecciones respiratorias (ORI, por sus siglas en inglés) con 1.620.100 pacientes diagnosticados con otras infecciones respiratorias pero sin antecedentes de COVID-19.
Para proporcionar cohortes de tamaño suficiente para el análisis, tanto los pacientes con COVID-19 como con otras infecciones respiratorias se dividieron según el tiempo de infección inicial en ocho cohortes individuales, y el período entre enero de 2020 y enero de 2022 se dividió en bloques de tiempo de tres meses.
Los dos grupos se emparejaron en características demográficas, trastornos por uso de sustancias o antecedentes de uso de sustancias en la familia, factores de riesgo graves de COVID-19, trastornos de salud mental, estado de vacunación contra COVID-19, estado socioeconómico e historial de hospitalización. Los datos de etnia autoinformados también se usaron en la coincidencia de puntaje de propensión, ya que son factores que influyen en la gravedad de COVID-19 y también en la prevalencia de los trastornos por consumo de alcohol.

Los resultados sugirieron un aumento significativo en el riesgo de nuevos diagnósticos de trastornos por consumo de alcohol en los tres meses posteriores a un diagnóstico de COVID-19, pero el riesgo disminuyó a niveles no significativos en los siguientes tres meses. Durante dos semanas a tres meses después del diagnóstico de COVID-19, hubo un aumento significativo en el cociente de riesgos instantáneos (2,53) para un nuevo diagnóstico de AUD entre la cohorte de COVID-19 en comparación con la cohorte de ORI.
Los autores sugirieron que el aumento variable en el riesgo de un diagnóstico de trastornos por consumo de alcohol después de la infección por SARS-CoV-2 podría deberse a una combinación de factores biológicos y sociales, incluido el contexto social de la pandemia, como ansiedad, miedo, aislamiento social, estrés y otros factores contextuales, así como la gravedad cambiante de COVID-19 y los tratamientos disponibles a lo largo del tiempo.

La relajación de las restricciones sobre viajes e interacciones sociales, la disponibilidad de bienes, la reapertura de escuelas y oficinas y la recuperación económica gradual podrían ser factores que contribuyan a disminuir el riesgo de diagnóstico de trastorno por consumo de alcohol.
”En general, los hallazgos indicaron que, si bien el aumento del riesgo de diagnóstico de trastorno por consumo de alcohol en los tres meses posteriores a una infección por SARS-CoV-2 sugiere una asociación entre estos trastornos y COVID-19, los índices de riesgo no significativos en los bloques de tiempo intermedios implican que el nuevo diagnósticos de trastornos por consumo de alcohol pueden estar más asociados con el miedo, el estrés y la ansiedad experimentados debido a los cambios drásticos en las circunstancias durante la pandemia”, explicó Veronica R. Olaker, especialista del Centro de Inteligencia Artificial en el Descubrimiento de Fármacos de la Universidad de Cleveland y una de las autoras del documento.
Los especialistas aconsejaron atención a los médicos de primera instancia para considerar estas cifras y brindar acompañamiento a sus pacientes.
También formaron parte de la investigación Ellen K. Kendall, Christina X. Wang, Theodore V. Parran, Pauline Terebuh, David C. Kaelber, Rong Xu1 y Pamela B. Davis.
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