
En la Argentina, se consume más del doble de la sal recomendada, lo que implica una seria amenaza para la salud de toda la población, y en especial de los niños.
Si bien el sodio es necesario para la salud, la mayoría de los niños comen más de lo que es seguro y recomendado. Se estima que el consumo de sal diario en la Argentina oscila entre 9,8 y 12,7 gramos por persona, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que no supere los 5 gramos (2 g/día de sodio). En tanto que para los niños, la entidad sanitaria internacional aconseja reducir su consumo para que sea proporcional a las necesidades energéticas.
Por su parte, las recomendaciones de la Asociación Norteamericana del Corazón varían de un máximo de 1.500 mg a 2.300 mg/día de sodio para los niños, dependiendo de la edad. Los chicos norteamericanos comen más de 3,300 mg por día, casi el doble de lo recomendado.
"Una dieta con alto contenido de sodio pueden provocar presión arterial más elevada en niños y adolescentes, que puede llevar a la hipertensión en la edad adulta. Además, la asociación entre la ingesta de sodio y el riesgo de hipertensión parece ser más fuerte entre los niños que tienen sobrepeso u obesidad", señaló la médica cardióloga Fiorella Tartaglione (MN 144.259), para quien "en este mismo grupo se observa que el sodio que consumen está relacionado con alimentos que presentan un riesgo adicional de obesidad, como las bebidas azucaradas. De hecho, algunos estudios sugieren que la ingesta elevada de sal en sí misma está asociada con la obesidad".

Según la miembro de la Fundación Cardiológica Argentina (FCA), "es importante tener en cuenta que más del 70% de la ingesta de sodio proviene de alimentos procesados y ultraprocesados como panificados (pan, galletitas dulces y saladas, medialunas, facturas, tortas, budines y pizza), embutidos, enlatados, congelados, quesos, caldos, sopas y envasados en general".
Las principales consecuencias de este factor de riesgo, agregó la especialista, "son las enfermedades cardiovasculares, el accidente cerebrovascular (ACV) y la cardiopatía coronaria en los adultos".
¿Puede educarse el paladar de los niños? "Si los hábitos saludables involucran a toda la familia, serán incorporados más fácilmente por los más pequeños. Del mismo modo, es conveniente evitar los alimentos ricos en sodio en la dieta de bebés y niños con el objetivo de que el paladar aprenda a disfrutar los sabores naturales", aconsejó Tartaglione.
Para ella, "es posible que los niños no prefieran tanta sal si reciben alimentos con menos sodio desde una edad temprana. Las consecuencias de la hipertensión son graves, por eso nuestra mejor inversión es educar en salud a las nuevas generaciones desde el momento que nacen".
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