
Entre el 40% y el 50% de los chicos están regularmente expuestos a humo de tabaco, principalmente de padres fumadores y/u otros miembros del hogar. El humo ambiental del tabaco (de segunda mano) que convierte a quienes no fuman en fumadores pasivos es un enemigo por muchos conocido, al igual que los daños que ocasiona en la salud, pero muy pocos saben que también existe el humo que no se ve, el llamado de tercera mano. Se trata de la mezcla invisible de gases y partículas que –una vez apagado el cigarrillo– permanecen adheridas al pelo y la ropa de los fumadores, y quedan pegados a los muebles y a las alfombras o tapizados, en los electrodomésticos, en los juguetes, etc. Estos materiales absorben las toxinas que se encuentran en el humo del tabaco y que se liberan gradualmente nuevamente.
Los niños son los más perjudicados al estar en contacto con objetos que suelen poner en su boca y con superficies contaminadas cuando gatean o juegan en el piso.
Las sustancias tóxicas incluyen metales pesados, toxinas e incluso materiales radioactivos que pueden permanecer hasta dos semanas después de que se ha ventilado la habitación donde se estuvo fumando.

Si los niños están expuestos al humo y/o partículas del cigarrillo, después de un cuadro viral (por ejemplo, la bronquiolitis) es muy probable que sigan sibilando, lo mismo ocurre con la gravedad en los cuadros de asma. Cada año, se evidencia un incremento aproximado del 5% en la cantidad de niños con asma y/o sibilancias y cuando se indaga, la mayoría de esos chicos conviven con uno o ambos padres fumadores.
Las principales consecuencias que el humo de tabaco ya sea de segunda o tercera mano- puede ocasionar en los niños son: la caída de la función pulmonar, sibilancias, tos crónica, más episodios de asma, bronquitis, infecciones severas, neumonía y otitis. También aumenta el riesgo de padecer el síndrome de muerte súbita del lactante, que es la principal causa de muerte en el primer año de vida, y que está de por sí aumentado en el caso de que la madre fume durante el embarazo.
A su vez, muchos niños que fueron expuestos al humo de segunda o tercera mano, durante la adolescencia podrían tener menor función pulmonar y se considera que la exposición al humo de segunda mano también podría relacionarse con la alteración en el comportamiento.
Fumadores desde el vientre materno

Los hijos de las mujeres que fuman durante el embarazo tienen cuatro veces más riesgo de padecer muerte súbita, y en el caso de aquellas que son fumadoras pasivas, el riesgo de muerte súbita del bebé aumenta al doble.
Es difícil que las madres adolescentes que crecen en un contexto vulnerable se concienticen sobre los riesgos de fumar estando embarazadas. Además, faltan más campañas y publicidad de concientización sobre las consecuencias del tabaco.
Durante el embarazo, el tabaquismo pasivo puede ocasionar mayor riesgo de muerte fetal, bajo peso al nacer, anomalías congénitas y desarrollo de sibilancias y/o asma.
El monóxido de carbono, la nicotina y otras sustancias tóxicas (mercurio, cadmio o plomo, entre otros) pasan al feto a través de la placenta, reducen la llegada de oxígeno, aceleran su ritmo cardíaco y alteran el crecimiento y el desarrollo normal de algunos órganos como los pulmones. También disminuyen la circulación de sangre por la placenta, recibiendo el feto menos nutrientes, alterando así el desarrollo cognitivo e inmunológico y aumentando la predisposición a enfermar.
Según un artículo de la revista European Respiratory Journal, con cada exposición al humo del tabaco, aumentan las probabilidades de problemas respiratorios en el recién nacido.
Así, cuando la progenitora es fumadora pasiva, el riesgo de sibilancias incrementa en un 11%. Si al nacer, el niño continúa sometido al humo del cigarrillo, el porcentaje asciende al 29%. En el caso de que la madre hubiera sido fumadora activa, el riesgo asciende a un 74%.
Es fundamental que los adultos conozcan el daño que pueden producir en los niños al fumar, ya no importa si es dentro o fuera de la casa, porque sabemos que las partículas dañinas para la salud quedan impregnadas, no sólo en el fumador, sino también en la casa en distintas superficies. Los padres deben ver al tabaquismo como un problema para sí mismos, y concientizarse del daño que se les generan a sus hijos.
Por: Natalia Escobar, médica pediatra de Swiss Medical Center (MN 148.242)
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