Alejandra Lázzaro era la candidata con más mérito para ocupar la vacante en la Cámara Nacional Electoral y de haber sido designada, se hubiera convertido en la primera mujer en la historia en el cargo.
Alejandra Lázzaro era la candidata con más mérito para ocupar la vacante en la Cámara Nacional Electoral y de haber sido designada, se hubiera convertido en la primera mujer en la historia en el cargo.

Ocho horas duró el examen. Y a ella, que se pasó la vida rindiendo, igual le agarró miedo. Es que en todos lados Alejandra Lázzaro es reconocida como la que sabe de derecho electoral: “Mirá si me va mal y después dicen que soy una chanta”, le dijo a la amiga que la acompañó. En esas ocho horas paró de escribir sólo para ir al baño y para tomar un café. Y cuando fue el momento de entregar, sintió algo bastante parecido a la felicidad: sabía que le había ido bien.

Con su amiga salieron a caminar para despejarse y también para festejar: estaba contenta con ella misma. Estaba también camino a transformarse en la candidata con más méritos para ocupar la vacante en el tribunal de la Cámara Nacional Electoral, en donde se desempeñó durante más de tres décadas en distintos puestos, desde que entró como una administrativa tozuda que discutía con pasión cada caso.

De haber sido designada, se hubiera convertido en la primera mujer en ocupar ese cargo en la historia argentina. Pero la política, el machismo, o las dos cosas, metieron la cola y el Poder Ejecutivo envió al Senado el pliego del peronista Daniel Bejas, que había quedado segundo en orden de mérito, detrás de Lázzaro.

De perfil bajo, la jueza no usa Twitter pero sí recibe por Whatsapp las capturas que le mandan con los miles de mensajes que la convirtieron en tendencia luego de que la oposición denunciara “discriminación de género”, un tema en el que también trabaja desde hace décadas, cuando se sumó al equipo de investigación de la socióloga Nélida Archenti. Aunque de cómo se posterga a las mujeres en la Justicia, se dio cuenta con el tiempo y con la práctica: “Le daban cada vez más funciones, no cargos. Mientras trabajás para un hombre está todo bárbaro, los problemas empiezan si pretendés un cargo para vos”, describe alguien que la conoce muy bien.

Nadie tiene idea de con quiénes están casados ni qué cantidad de hijos tienen los otros candidatos y es bastante obvio por qué: los otros candidatos son varones

Algunas casualidades son odiosas: Lázzaro, hoy Doctora en Derecho por la Universidad de Buenos Aires y docente en la UBA y en la Universidad de Luján, fue alumna de Derecho Penal de Alberto Fernández y dicen sus allegados que lo recuerda como a un muy buen profesor. También que confiaba en que su gobierno tendría un compromiso real con el género.

La jueza, que nunca militó en ningún partido político. “Pensaba que ahora el tema del género era una política de Estado, pero está recibiendo todos los días mails de otras mujeres juezas que concursan para cargos superiores para los que se terminan eligiendo varones: eso es político”, dicen las mismas fuentes.

Hace dos semanas, Lázzaro participó de un panel sobre igualdad en la Justicia en una charla de mujeres constitucionales de la Facultad de Derecho, donde habló específicamente sobre la situación de las mujeres en el fuero electoral. “Es clarito –dijo– hay 56% de mujeres en la base, 12% de juezas y 0% en la Cámara: de tres miembros, todos son hombres, nunca hubo una mujer”.

Lázzaro sufre en carne propia aquello de que el machismo en la política es transversal. Esta no es la primera vez que le pasa: durante el gobierno anterior también quisieron mandar el pliego de un varón y las redes estallaron con miles de mujeres que le manifestaron su apoyo. En ese momento, sintió que se terminaba un sueño. Esta vez está más fuerte, pero también está cansada de las operaciones, de ver a su familia expuesta, de tener que darle explicaciones a su hijo, Mariano, de 14 años. “Quisieron mostrar como que venía de la política, parecía que había llegado ahí siendo una estúpida. Parecía que la había puesto el marido, cuando ella fue a dar un examen. Nadie tiene idea de con quiénes están casados ni qué cantidad de hijos tienen los otros candidatos y es bastante obvio por qué: los otros candidatos son varones”, dicen en su entorno.

Los que mejor la conocen dicen que pasó por todos los estados: bronca, tristeza, decepción. También que la conmueve mucho el apoyo de tantas mujeres y colegas, además del de la familia que tan orgullosa está de haber formado junto a su marido, Alejandro Gómez.

Lázzaro enviudó muy joven de su primer matrimonio con un abogado del que también se habló por estos días (“como si hubiera hecho la carrera por ella, desde el más allá”). Por entonces, su vida se vino abajo: “Fue un cáncer con metástasis. Ella sabía cuánto le quedaba porque él le dijo que si llegaba a querer saberlo, prefería que fuera ella quien se lo dijera y no un médico. Fue todo muy triste”.

Con Gómez volvió a encontrar la felicidad. Tienen a Mariano, les costó mucho ser padres: “Si el mérito es el esfuerzo, la historia de Alejandra representa eso en todos los aspectos de la vida –dice alguien de su círculo más íntimo–. Ella cree en esos valores y son los que le transmite a su hijo. Ella estudió y trabajó, no vino de una familia de abogados metidos en la Justicia. Todo le costó y siempre ingenuamente creyó que daría sus frutos”. Por ejemplo, era muy tímida y superó la timidez dando clases, exponiéndose. Enseñar siempre le gustó: en Luján, de donde es oriunda, cuentan que cuando iba al colegio les daba clases de inglés a los compañeros de su hermano. Desde chica era la justiciera, “siempre estaba pensando en el grupo cómo iba a hacer para defender alguna causa”.

Le da pena por el lugar que se pierde para las mujeres. Porque parte de su sueño era poder incorporar perspectiva de género y avanzar.

Lázzaro es una defensora de la Ley de Cupos. “A la desigualdad hay que igualarla”, ha repetido más de una vez. “Necesitamos mujeres aunque sea para dar visibilidad”. Está convencida de que las mujeres somos autoexigentes: hay algo en común que es que nos damos con un caño.

Todo esto que pasó con su pliego la frustra, dice un allegado que también revela que Lázzaro no piensa hacer nada en este momento para pelear por el lugar que le correspondía por mérito. “Siente que es un ámbito en el que no quiere ni debe meterse. Es un tema político. Sólo le da pena por el lugar que se pierde para las mujeres. Porque parte de su sueño era poder incorporar perspectiva de género y avanzar”.

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