La Región Núcleo consolida un cambio productivo que parecía difícil de imaginar una década atrás. Después de años en los que la soja dominó ampliamente la rotación agrícola, las gramíneas recuperan protagonismo y vuelven a equilibrar los esquemas de producción. El proceso no solo representa un avance desde el punto de vista de la sustentabilidad, sino que además comienza a traducirse en mejores perspectivas para la propia oleaginosa, gracias a los beneficios agronómicos que aportan cultivos como el maíz y el trigo, algo que la agronomía básica sabe desde siempre, pero que por motivos económicos se aplicaba muy poco en las últimas décadas en la agricultura extensiva argentina.
Así lo destaca el último Informe Semanal para la Región Núcleo de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que señala que por segundo año consecutivo la relación entre soja y gramíneas se mantiene prácticamente en paridad. Mientras hace apenas 10 años se sembraban 4 ha de soja por cada una de trigo y maíz, actualmente esa relación cayó a 1,07 ha y para la campaña 2026/27 se proyecta en 1,14, reflejando un profundo cambio en la estrategia productiva de los agricultores.
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El informe resume esa conclusión con una afirmación que sintetiza el nuevo enfoque productivo: “una soja de alta producción necesita un antecesor de maíz”. El aporte de residuos, la mejora en la estructura del suelo, una mayor infiltración del agua y un ambiente más favorable para el desarrollo radicular permiten que la oleaginosa exprese mejor su potencial de rendimiento. La recuperación de las gramíneas, lejos de desplazar a la soja, termina fortaleciéndola.
En paralelo, las encuestas realizadas por la red GEA muestran que el maíz vuelve a afirmarse de cara a la campaña 2026/27. La reciente baja del precio de la urea, que actualmente se ubica entre 550 y 600 USD/t, junto con las expectativas de un año influenciado por el fenómeno de El Niño y la intención de realizar planteos tempranos de alta tecnología, sostienen la posibilidad de repetir una superficie similar a la del ciclo anterior, e incluso incrementarla en algunas zonas.
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El relevamiento también muestra algunos ajustes dentro del esquema agrícola. Mientras la soja de primera podría aumentar alrededor de un 10% y el maíz mantener una superficie estable o levemente superior según la zona, el trigo registraría una reducción cercana al 12% respecto de la campaña pasada. Sin embargo, la menor área triguera no modifica la tendencia de fondo: las gramíneas continúan ocupando un lugar mucho más importante que el que tenían una década atrás, consolidando esquemas de rotación más equilibrados.

¿El fin de la sojización?
Los especialistas consultados por la BCR también advierten que todavía existen desafíos por resolver. Entre ellos sobresalen los problemas de compactación de los suelos, especialmente en campos arrendados. Desde General Pinto, en el NO de Buenos Aires, señalaron que esa limitante puede representar pérdidas importantes de rendimiento en soja, ya que restringe el crecimiento de las raíces y reduce la capacidad del cultivo para aprovechar el agua almacenada en profundidad. El fortalecimiento de las rotaciones aparece también como una herramienta para revertir gradualmente esa situación.
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Con este escenario, la Región Núcleo parece dejar atrás definitivamente el modelo basado en el predominio absoluto de la soja para avanzar hacia un sistema más diversificado. La recuperación de las gramíneas no solo mejora la sustentabilidad de los planteos agrícolas, sino que confirma una conclusión que gana consenso entre los especialistas: producir más soja ya no depende únicamente de sembrar más soja, sino de construir rotaciones que potencien el rendimiento de todos los cultivos del sistema.
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