
La degradación progresiva de los suelos agrícolas comienza a reflejarse con mayor intensidad en cultivos como la soja y el girasol, históricamente considerados menos dependientes de la fertilización que los cereales, aseguró Mirian Barraco, investigadora del INTA General Villegas.
La especialista presentó, durante su exposición en el Simposio Regional de Fertilidad, realizado en Santa Rosa, La Pampa, los resultados de trabajos realizados en el noroeste y oeste bonaerense, regiones caracterizadas por ambientes restrictivos, bajos niveles de materia orgánica y predominio de suelos arenosos. Allí, explicó, las respuestas a nutrientes como fósforo, azufre y boro comenzaron a hacerse cada vez más visibles en ambos cultivos.
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“Éstos eran cultivos que tradicionalmente no recibían mucho aporte de fertilización porque habitualmente se sembraran en suelos bien provistos de fósforo, que es un nutriente esencial, pero eso comenzó a cambiar y hoy se está pudiendo ver”, explicó Barraco a Chacra TV.

La investigadora remarcó además que soja y girasol poseen requerimientos nutricionales particulares debido a su elevada demanda de fósforo y azufre, nutrientes estrechamente ligados a la calidad del grano y del aceite. En soja, destacó especialmente el rol de la fijación biológica de nitrógeno, que cubre cerca del 50% de las necesidades del cultivo, aunque alertó que los problemas de acidificación y la falta de calcio “se reflejan en una menor nodulación”.
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En ese sentido, subrayó la importancia de la inoculación como herramienta clave dentro del manejo agronómico. “Aporta entre 200 y 300 kilos y no puede ser sustituida con fertilizantes”, afirmó. También advirtió sobre el deterioro de los niveles de fósforo disponible en los suelos y precisó que “50% de los lotes de nuestra región deberían recibir fertilización fosfatada”.
Sin embargo, Barraco aclaró que tanto la soja como el girasol son sensibles a altas dosis de fertilizantes aplicadas directamente en la línea de siembra, ya que pueden generar problemas de fitotoxicidad. Por ello, insistió en la necesidad de pensar el fósforo como parte de una estrategia de reposición sostenida. “Tiene que tener un plan de reposición sostenido en el tiempo”, explicó.
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Desafío: maximizar rindes y reconstruir la salud del suelo

Respecto del azufre, la especialista señaló que la pérdida de materia orgánica y los años de agricultura continua están potenciando las respuestas del cultivo a este nutriente. “Más años de agricultura y lotes pobres en materia orgánica muestran mayor respuesta al azufre”, indicó.
En girasol, la investigadora mostró respuestas positivas a fósforo, nitrógeno, azufre y boro, aunque recomendó cautela en el manejo nitrogenado. “Debe ser cuidadoso: si aplico altas dosis puedo tener caída del contenido de aceite”, explicó. Por eso sugirió estrategias “moderadas” con aplicaciones en estadios V4 o V6 y destacó que “el azufre le da un escalón de rendimiento”.
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Finalmente, Barraco enfatizó que las rotaciones y los cultivos de cobertura serán fundamentales para recuperar fertilidad y sostener la productividad de sistemas agrícolas cada vez más exigidos. Según planteó, el desafío ya no pasa únicamente por maximizar rindes, sino por reconstruir la salud de los suelos para garantizar la sustentabilidad futura de la producción.
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