
Sin dudas hay un clima de negocios enrarecido por la guerra comercial que desató Donald Trump el primer día hábil de este mes de marzo, agravado por las idas y vueltas del republicano, que otorgó un nuevo periodo de gracia a mexicanos y canadienses hasta el próximo 2 de abril. Incertidumbre pura, sobre todo porque con el tercer país castigado por la Casa Blanca, China, por ahora no hay diálogo y corren las tarifas de represalia lanzadas por Beijing contra materias primas de origen estadounidense, especialmente la soja.
La prueba de la desorientación del mercado llegó incluso a Wall Street, que inició la semana con bajas resonantes para sus principales índices; los inversores no saben a qué carta quedarse y hablan de una política errática y confusa por parte del presidente de Estados Unidos.
El mercado granario vive un pequeño impasse, aunque no todos lo disfrutan. A ciencia cierta son los cereales producidos en el país de las barras y las estrellas los que por ahora van surfeando la ola, porque su relación con China como comprador es virtualmente inexistente. La soja vive otra historia, con malos datos de embarques semanales y exportaciones que seguramente se complicarán aún más en el corto plazo.

El último acto de esta historia lo generó ayer el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), con su informe mensual de oferta y demanda correspondientes a marzo. Nadie esperaba nada de él, pero la ausencia de novedades alcistas dejó una vez más al descubierto la impronta bajista que le imprime a la realidad granaría la política de la Casa Blanca.
Algunas cosas han mejorado, pero no alcanzan para torcer el rumbo, como el derrumbe del superdólar de los días previos a la elección presidencial, impulsado entonces por la casi segura victoria de Trump. Sigue perdiendo terreno frente a una canasta de monedas, lo cual siempre es positivo para los precios de los commodities agrícolas.
Es difícil hallar una razón para pensar que las cotizaciones de la soja en Chicago puedan encontrar a corto plazo un escenario más amigable que el actual, con Estados Unidos distanciado de una China que ya no es locomotora pero mantiene el liderazgo entre los importadores de la oleaginosa, y con un aluvión de soja brasileña llegando al mercado. Además, el mundo asiste a un record de producción para la oleaginosa, con stocks finales igualmente muy altos.
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