Julio Bárbaro: “El peronismo no existe, es un recuerdo que da votos”

El histórico dirigente del peronismo participó en una entrevista por streaming en el marco del ciclo “Experiencia Leamos” en la que habló de su nuevo libro: “Cambio de frente”, contenido exclusivo de Leamos y BajaLibros

Julio Bárbaro (foto: Santiago Saferstein)
Julio Bárbaro (foto: Santiago Saferstein)

Histórico dirigente del peronismo, Julio Bárbaro acaba de publicar Cambio de frente, un ensayo sobre la situación política que es, a la vez, una suerte de autobiografía. “Cuando decidí votar a Macri siendo peronista”, escribe casi al comienzo y da con el tono preciso que permite analizar la compleja realidad de los últimos años el país.

Bárbaro (Buenos Aires, 1942) es un elemento activo de la historia nacional. Fue diputado entre 1973 y 1976, Secretario de Cultura de la Nación durante la presidencia de Carlos Menem e interventor del Comité Federal de Radiodifusión con el gobierno de Néstor Kirchner. Incómodo al punto de haber roto filas varias veces con su propio partido, se define como “un enamorado de la política a quien le tocó vivir desde el heroísmo excesivo hasta el pragmatismo más cruel”.

Cambio de frente es un ensayo descarnado que pone el dedo en varias llagas. Recuerda cómo llegaron al poder Carlos Menem y Néstor Kirchner. Analiza la derrota de Mauricio Macri e indaga en el futuro de Alberto Fernández. El libro es contenido exclusivo de la plataforma Leamos y BajaLibros.

Julio Bárbaro participó ayer de una entrevista por streaming realizada en el marco de la Experiencia Leamos, en donde diferentes personalidades —músicos, escritores, intelectuales, políticos, artistas— analizan el presente y acompañan a la comunidad de lectores en tiempos de aislamiento. Todos los encuentros son exclusivos para los suscriptores de la plataforma.

"Cambio de frente. A dónde va el peronismo", de Julio Bárbaro (Ed. IndieLibros)
"Cambio de frente. A dónde va el peronismo", de Julio Bárbaro (Ed. IndieLibros)

La charla se realizó por streaming y convocó a una gran cantidad de espectadores. Aquí algunos pasajes:

En Cambio de frente, usted se muestra como un peronista díscolo que mira la historia desde el pragmatismo, lo que le permitió votar a Macri y ahora renegar de ese voto.

—Tengo 78 años. Cuando visité Madrid y Roma eran ciudades más pobres que Buenos Aires. Yo no vi a un caído en la calle hasta que a los 25, 26 años viajé a Nueva York. Pienso que ya no existen los partidos en la Argentina. El peronismo no existe, tampoco el radicalismo ni el liberalismo. Soy peronista, pero el peronismo no me contiene porque, en rigor, el poder en Argentina está basado en usufructuar el Estado pero no en ayudar a la sociedad. En 1973 había un 5% de pobreza; en el 83, cuando fui diputado de nuevo, votamos 800.000 cajas PAN pensando que era algo momentáneo, coyuntural. Hoy tenemos un 50% de pobreza. Eso es culpa de la dictadura, del radicalismo, del peronismo, de Macri: es culpa de todos. Hoy no hay partidos, hay ideas. Y las ideas no tienen propietarios.

Eduardo Jozami decía que tanto el peronismo como el radicalismo eran partidos “toma todo”: en el peronismo hay un ala de la izquierda y otra de la derecha, conviven Menem y Cristina Kirchner, los montoneros y los neoliberales. ¿Cómo se conforma la identidad del peronismo cuando es una fuerza tan distinta hacia su interior?

—Lo quiero mucho a Eduardo. Fuimos docentes cuando teníamos 25 años; vos no habías nacido. El movimiento peronista que tenía izquierda, centro y derecha fue una etapa del debate, de la conciencia nacional. La vuelta de Perón termina con esa etapa. En 1973 yo asumo como diputado y se da el fin del movimiento y nacen los partidos como estructuras ideológicas. El peronismo no puede contener a todos. Tiene un principio básico, que tendrían que tener todos los partidos, que es la defensa de lo nacional. Hasta el 75, digamos, derecha, izquierda, radicales, peronistas, todos defendíamos lo nacional. La dictadura con Martínez de Hoz regala un pedazo del país, y Menem, con Dromi y Cavallo, regalan otra. Ningún país regala algo de su propiedad. Ninguno. Ninguno destruyó el ferrocarril. Acá no estamos en el tema del movimiento: acá hay patria y antipatria.

Con respecto a eso, hay una frase que, si no recuerdo mal es de Elisa Carrió, y dice que los políticos se suben al caballo por la izquierda pero bajan por la derecha. ¿Por qué se da eso?

—La Argentina no tiene políticos de raza. En Uruguay, Pepe Mujica subió por la izquierda y vivió en la izquierda, y Sanguinetti subió en la derecha y vivió en la derecha. En Chile, la izquierda es izquierda y la derecha es derecha. La Argentina no tiene políticos de vuelo. La Argentina no tiene políticos de vuelo. Desde el 75, la pobreza no para de crecer. Es lo único que crece. Es el único país del mundo donde, en lugar de incorporar gente, se la expulsa.

Néstor Kirchner en la asunción presidencial de 2003 (NA)
Néstor Kirchner en la asunción presidencial de 2003 (NA)

Iván Petrella hizo un análisis en el que decía que, si entre 1986 y 2016, la Argentina hubiera crecido al ritmo de Chile, hoy tendríamos el PBI de Finlandia y, si hubiera crecido al ritmo de Uruguay, hoy tendríamos el PBI de España. ¿La gran deuda de la democracia es la economía?

—Iván Petrella, como todo ellos, no da un dato, que es la distribución. Chile crecía, pero la miseria también. Estados Unidos es rico, pero cuántos millones de pobres tiene. En el modelo europeo Italia, España, Francia contienen a la totalidad de sus habitantes. En el modelo estadounidense los grandes ricos deslumbran al mundo y los caídos están en la peor miseria. Nosotros, hasta el golpe del 76, fuimos Europa. Lo fuimos con Frondizi, con Perón, con Illia, con Yrigoyen. La Argentina fabricaba aviones, trenes, tractores, coches: yo fui taxista en un Di Tella. Todo eso fue destruido por una manga de imbéciles que dicen ser economistas y son vendepatrias. Cuando Estados Unidos vio que el balance con los chinos no funcionaba lo cortó. No se inventó el liberalismo sin patria. El dinero no hace a las naciones. Las hacen las dirigencias políticas; esas que acá no tenemos.

Usted fue funcionario de Menem. ¿En qué momento se desilusionó?

—Fui secretario de Cultura; no duré dos años. Yo fui parte del acuerdo entre Menem y Bunge y Born, que fue muy criticado por la izquierda estúpida que nunca entendió nada. Yo creo que no hay país si no hay una tropa de industriales que defienda la patria. Una vez le pregunté a Cavallo si hay algún país en el que, habiendo vendido todo, sus habitantes vivan dignamente. No es lo mismo que la empresa sea nacional o extranjera. ¡Nosotros pagamos royalties por el dulce de leche! Somos un país estupidizado y la concentración económica es nefasta. Con cada farmacia del señor Mario Quintana de Farmacity se avanza sobre una clase media que se degrada a clase baja. Si todas las farmacias son del mismo hombre, si todos los kioscos, si todos los bares son de una cadena se destruye una familia y una identidad. Este país deja que el pez grande se coma al chico y eso está más allá del peronismo, del radicalismo, del liberalismo. Eso es imbecilidad.

En el libro también explica que se desencantó de Macri y una de las causas fue la corrupción. Habitualmente ese es un señalamiento que se le hace el kirchnerismo; en cambio usted lo destaca en el macrismo.

—Estamos los que conocemos el paño y los que lo ven de afuera. Yo fui amigo de Menem; lo vi destruir el país y me fui. Fui muy amigo de Néstor y de Cristina, cenaron en mi casa, estuve los cuatro años de Néstor. Néstor tuvo una gran cosa que fue la renegociación de la deuda, fue brillante. Y una muy grave, que fue la privatización de YPF. Cristina se dedicó a incentivar el conflicto, la contradicción. A Macri, con quien también fui amigo, le dije claramente que no generara deuda. Y lo único que hizo fue incrementarla en un 40%. Ese robo es más grande que el de los cuadernos, porque el de los cuadernos es un bochorno, pero el de la deuda es nefasta. La Argentina se empobreció un poco con los Kirchner y mucho con Macri.

El presidente Alberto Fernández (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)
El presidente Alberto Fernández (EFE/ Juan Ignacio Roncoroni/Archivo)

¿Alberto Fernández es “la gran esperanza blanca”?

—Alberto fue mi amigo, le hice el prólogo a su primer libro, fuimos muy cercanos. En su discurso ofreció una Argentina abierta que hoy se debilita por la agresividad del kirchnerismo, que le viene poniendo límites al intento de hacer algo más amplio, más democrático.

¿La cuarentena es una oportunidad para Fernández?

—La cuarentena fue la oportunidad que le permitía convertirse en un estadista. Tiene la virtud de juntarse con Rodríguez Larreta y Kicillof. Pero lentamente, el ala dura del kirchnerismo le va achicando el espacio político. Cuando empieza a enfrentar la pandemia, logra un 80% de apoyo. Y cuando quiere liberar a los presos políticos, un 80% de rechazo. Los argentinos están más allá de los partidos políticos. Son libres, eligen libremente.

¿La concertación es posible en la Argentina?

—Suelo decir somos Borges y Discépolo. Son dos elementos vigentes en la identidad cultural. El peronismo es una etapa de los argentinos; la anterior fue el yrigoyenismo. Son las formas de un pueblo, que es una mezcla de razas que se van consolidando. La síntesis no es el amontonamiento sino la capacidad de pensar un país con todos. Durán Barba convenció a Macri que el negocio era la confrontación. Hoy dice que es el pueblo el que pide el enfrentamiento y yo digo que quien conduce tiene que buscar un rumbo superador, no hacer lo que dicen las encuestas. La posibilidad de la síntesis exige un grupo capaz de gestarla y gente que tenga voluntad de trascender en la historia y no de enriquecerse. Hay que salir de la confrontación. En política se tiene que actuar como adversarios, jamás como enemigos.

El ex presidente Mauricio Macri y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Horacio Rodríguez Larreta
El ex presidente Mauricio Macri y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Horacio Rodríguez Larreta

¿La cuarentena modifica en algo la interna del peronismo?

—El peronismo no existe, es un recuerdo que da votos. El único partido más o menos organizado es el antiperonista. Es organizado. Lo tiene a Fernández Díaz, a Leuco, a Majul.

¿Es un partido de los medios?

—También es de los medios. Yo he cenado con Majul y Leuco, no son mis enemigos. Fernández Díaz está desmadrado, convirtió su odio en el centro de su vida. Miro los artículos y digo: “No puede ser”.

Lo interrumpí cuando estaba hablando de la interna del peronismo.

—El poder es un lugar donde se sufre menos la dificultad. En el gobierno, la cuarentena va a hacer menos mella que en la oposición. Rodríguez Larreta tiene el conflicto de que Macri desapareció y el PRO no hizo pie en ninguna provincia, sólo en Capital. Por lo cual, el radicalismo, que es una fuerza más vital y organizada, no va a permitir que Rodríguez Larreta se convierta en candidato. Yo digo, para ser malo, que Rodríguez Larreta fue un buen segundo de Macri y ahora es un buen segundo de Alberto. Nació para segundo.

María Eugenia Vidal tenía claramente aspiraciones presidenciales. ¿Tiene futuro?

—Una vez le dije a Scioli una frase que también le dije a Vidal: “Nadie llegó al poder de rodillas”. Si Scioli fue tan de punto que no podía ganar porque no era él, María Eugenia tenía todo en sus manos si se sublevaba contra Macri. Pero lo siguió hasta en la derrota. Era un buen cuadro político. Se equivocó en no sublevarse. Ningún político llega lejos si en algún momento de su historia no se enfrenta. Para ser maduro uno tiene que dejar de ser hijo.

En Cambio de frente habla de los errores que comete la clase política. ¿Cuál es su mea culpa?

—No haber ayudado a construir un grupo con la virtud de la ética y la pasión por la Nación. En la Argentina, los políticos se enriquecen con la política y, cuando pasa eso, los sueldos se empobrecen. La autocrítica que me hago es no haber entendido que la decadencia era muy profunda. Hasta la llegada de Alfonsín, el pensamiento tenía vigencia. Después, si uno no tiene un mango, una empresa, un laboratorio atrás, nadie lo escucha.

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